85° aniversario del derrocamiento del presidente constitucional Hipólito Yrigoyen

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Yrigoyen, nacido el 12 de julio de 1852, fue presidente de la Nación de 1916 a 1922 y había asumido por segunda vez el gobierno con una mayoría abrumadora: obtuvo el doble de votos que sus adversarios.

Luego de la presidencia de Marcelo de Alvear, el anciano caudillo radical llegaba convencido que debía dar forma definitiva a la Reparación Nacional que se había insinuado de 1916 a 1922. Pero desde el día siguiente al inicio de su segundo mandato comenzó a tejerse una sorda conspiración que involucraba a los sectores del privilegio económico nacional e internacional, la prensa y sectores militares más reaccionarios. 

La nota característica de la segunda presidencia yrigoyenista fue la lucha por la nacionalización del petróleo y la acción de YPF, bajo la dirección del general Enrique Mosconi. 

En agosto de 1929 YPF toma el mercado petrolero interno y define el precio de suministro en detrimento de las grandes compañías a la vez que celebra un contrato con la empresa Iuyamtorg Corp. dedicada a realizar el intercambio comercial entre la Unión Soviética y América del Sur. El contenido de dicho contrato consistía en que la Argentina comprara a la Iuyamtorg nafta y la empresa se comprometía a invertir lo percibido en productos argentinos derivados de la ganadería, la agricultura y la industria nacional, lo cual no produciría la fuga de oro del país. La nafta soviética vendría a suplantar la importada sin molestar la producción de YPF y además el Estado argentino se reservaba la facultad de reducir la cantidad de nafta a importar si la producción de YPF aumentase y hasta la opción de rescindir el contrato si así le conviniera. Las ventajas eran más que evidentes, el contrato con Iuyamtorg significaría un desalojo total de las compañías extranjeras, principalmente la norteamericana Standard Oil.

Pero para evitar el avance y penetración de la Standard Oil, se necesitaba la ley de nacionalización del petróleo, y de esta manera se aseguraba el país la propiedad de su riqueza, el monopolio de su explotación, transporte y comercialización.

La ley de nacionalización del petróleo -como otras iniciativas progresistas de Yrigoyen- había sido aprobada en Diputados pero sufrió la obstrucción de los conservadores en el Senado. Algún testigo calificado cuenta que allá por el año 1928, antes de las elecciones le preguntaron a don Hipólito porqué quería ser nuevamente presidente, a lo que éste habría respondido: “Vuelvo por mi ley de petróleo”.

Tamaña importancia le asignaba el viejo líder a la magnífica fuente de energía y riqueza que actualmente los argentinos dilapidamos en manos extranjeras sin control alguno.

La campaña de desestabilización y desprestigio de Yrigoyen y su administración hizo uso abusivo de la absoluta libertad de expresión y de prensa imperantes y adjudicó al presidente radical debilidad y falta de actividad. Sin embargo, en el bienio1928/1930 el Boletín Oficial acusa la producción de 2918 actos -Decretos-del Poder Ejecutivo y 8529 resoluciones ministeriales, sobre diversos temas de administración. 

domicilio YrigoyenBrasil 1039 (hoy Bdo Irigoyen) era el domicilio del líder radical. El sector fue demolido producto de las obras de las autopista. 

Los Decretos presidenciales se subdividen según el área de gobierno en: Interior 316; Relaciones Exteriores y Culto 28, Hacienda 504, Obras Públicas 380, Agricultura 80, Justicia e Instrucción Pública 882 Guerra 550 y Marina 176. Es difícil creer que un presidente que en dos años produce casi tres mil decretos se encuentre en un estado de letargo o alelamiento.

Entre las medidas de gobierno más importantes se destacan la creación de más de seiscientas escuelas, la ley de creación del Banco Agrario, la ley de arrendamientos agrícolas, el decreto del Ferrocarril a Huaytiquina, el nuevo impulso a la Reforma Universitaria, haber sentado las bases de la Marina Mercante nacional y la creación de los institutos de la nutrición, del petróleo y del cáncer. En el plano de las relaciones internacionales ejerció la defensa de nuestra dignidad nacional por el valor soberano que emana de la autodeterminación de los pueblos y fomentó la confraternidad americana y mundial. 
En septiembre de 1930 el producto bruto de nuestro país era el 50 por ciento del de toda América latina. El domingo 7 de setiembre debían realizarse elecciones en Mendoza y San Juan para normalizar las situación de ambas provincias que estaban bajo la intervención federal, de las cuales surgirían gobernadores radicales y cuatro senadores que colocarían a la UCR yrigoyenista a sólo 1 voto de obtener mayoría en la cámara alta. 

Pero un sonido metálico y siluetas marciales asomaron en Buenos Aires en la madrugada del sábado 6 de septiembre, sonido que puso fin a una época y cambió para siempre la historia argentina; para peor. Al atardecer de ese día, mientras en la Casa Rosada y los salones de los clubes selectos las minorías brindaban con champán, una turba exaltada asalto el domicilio de Hipolito Yrigoyen, un modesto departamento ubicado en los altos de Brasil 1039 en el barrio de Constitución, destruyendo todo lo que encontraron allí ante la pasividad policial que observaba la escena.

Algunas horas antes Yrigoyen, enfermo, partió en automóvil  hacia La Plata en compañía de su médico Osvaldo Meabe, su secretaria Isabel Menéndez y el canciller Horacio Oyhanarte. En pocas horas quedó detenido en una unidad militar, siendo trasladado luego a un buque de guerra y finalmente a la Isla Martin García, viviendo un calvario hasta su muerte el 3 de julio de 1933.

*Extracto del libro “UCR. Su historia, su doctrina, sus nombres” de Diego Barovero. (Abogado e historiador. Vicepresidente del Instituto Nacional Yrigoyeneano – Ley Nº 26.040).

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