#50M: una excusa para actuar

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¿Encontrarse hoy con un centenar de personas reunidas con el objetivo de hacer un ejercicio conjunto de prospectiva sobre la Argentina es una situación quimerina? Categóricamente, no. En estos días de “inmediatez temporal”, del “continuo presente”, de “discursos diarios perturbados y perturbadores” tuve la fortuna de participar de un evento con las características descriptas en la incógnita. El miércoles 11 de julio, en un céntrico lugar de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Facultad de Ciencias Económicas de la UBA) se presentó en sociedad #50M


¿Qué es #50M?
Es la “excusa”, un “pretexto”, para que un grupo de pensadores, intelectuales, militantes, activistas y ciudadanos encuentre un espacio para desarrollar el compromiso que los une: pensar el futuro de nuestra sociedad, creando y actuando desde el presente con el objetivo puesto en avanzar hoy, respuestas a los seguros y cautivantes desafíos de esa Argentina de los 50 millones.

Y no queda mucho tiempo: según los especialistas en el 2025 estaremos cerca de ese horizonte demográfico…

En su primer encuentro, conjuntamente con el Instituto Abierto para el Desarrollo y Estudios de Políticas Públicas (IADEPP) y la organización TECHO – Argentina (Un Techo Para mi País), se presentó el Informe habitacional 2011 sobre villas y asentamientos, una investigación realizada durante el 2011, por esta última organización, en 30 partidos del conurbano.

Los resultados presentados brindan una interesante y valiosa información sobre las condiciones de exclusión social que en materia de vivienda, hábitat y medio ambiente afectan a aquellos espacios urbanos del Gran Buenos Aires definidos como “villas miserias” o “asentamientos”.

El informe muestra que aproximadamente unos de 2,5 millones de personas viven en condiciones de mayúscula precariedad en las 864 villas y asentamientos. Tal como plantea Agustín Salvia (investigador del CONICET y del Observatorio de la Deuda Social Argentina – UCA) el primer reconocimiento que debe hacerse a esta investigación es el de “aportar información sistemática capaz de evaluar la compleja marginalidad que atraviesa al conurbano bonaerense, así como también servir al diseño de políticas orientadas a la planificación de su desarrollo, particularmente en un escenario sorprendente: la casi inexistente información pública que existe sobre ubicación, extensión, composición, características y otros aspectos institucionales de la organización social de estos espacios urbanos”. Parece que en Argentina no sólo nos quedamos sin “termómetro” para medir índices económicos…

Y como creo que no es casual cualquier punto de arranque es una muy auspiciosa señal que uno de los primeros temas de agenda sea la distribución social de los bienes urbanos, en este caso suelo y vivienda. Algo que parecería bastante alejado de mis “obsesiones” cotidianas. Durante la reunión surgió en mí varias  posibles conexiones con el ámbito de lo que comúnmente denominaríamos “lo estrictamente educativo”, más allá de la lógica infraestructura social que deben poseer esas barriadas (escuelas, por ejemplo). Una de estas “conexiones” ya se había iniciado días atrás cuando tuve la oportunidad de participar de un encuentro con docentes de educación primaria en el que se planteó la necesidad de volver a “poner en valor” la “tarea extraclase” como una actividad complementaria pero a la vez muy relevante en la cotidianeidad de los que aprenden. Algo que ha perdido peso en nuestras escuelas.

La histórica pregunta de mamá al llegar a casa: “¿tenés tarea para el hogar?”. Algunos han visto en la jornada completa o extendida el certificado de defunción de estas prácticas. Raro porque la extensión de estos servicios en nuestro país, aunque importante en algunas regiones, en general no ha sido tan significativa en los últimos 30 años en el país como para adjudicarle el abandono de esa tradición escolar… Por eso, no creo que deba descartarse tener una política al respecto.

Hoy hay tecnología disponible para hacer que los chicos refuercen lo aprendido en la escuela, por ejemplo, con actividades estandarizadas a través de guías de trabajo en diferentes soportes, papel o digital, incentivando y aprovechando, en este último caso, el uso de las netbooks de los planes “1 a 1” del Ministerio de Educación de la Nación y las diversas jurisdicciones provinciales y municipales. Pensado centralizadamente desde el Estado Nacional como parte de una política pública que garantice producción y distribución de esos materiales podrían utilizarse como base los NAP (Núcleos de Aprendizajes Prioritarios) para nivelar contenidos entre las distintas regiones del país.

Entonces, “de acuerdo” con las actividades extraclase pero, ¿Dónde hacen la tarea extraclase los pibes que habitan los lugares descriptos por el informe de TECHO? Parece banal, pero según datos del informe 2011 del Observatorio de la Deuda Social Argentina – UCA, el 22% de los hogares residentes en villas y asentamientos precarios en los conurbanos de las grandes ciudades de nuestro país viven en condiciones de hacinamiento o lo que es lo mismo: viviendas donde 3 o más personas comparten un mismo espacio vital (habitación) y no tienen garantizado el desarrollo de la intimidad y de una vida saludable. Peor aún: cuando realizamos el corte por edad y estrato social nos encontramos que el 32,3% de los pibes de 0 a 17 años del cuarto inferior del estrato social más bajo vive en esas condiciones…

Diversos papers demuestran la íntima relación entre hacinamiento y bajo rendimiento escolar. Y no son producto de estudios recientes: tienen más de dos décadas de publicados y han sido acompañados una y otra vez por trabajos de campo de muchos investigadores como es el caso de Lidia Jiménez en su “Diagnóstico de la situación habitacional 1991”, un trabajo utilizado como base del Curso de postgrado “Hábitat y vivienda” de la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño de la Universidad Nacional de Mar del Plata durante 1994 o este paper de Gladys Jadue, destacada académica de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Austral de Chile y que toma como base para pensar desde lo educativo los aportes realizados por Jiménez: “El hacinamiento, peculiaridad de los hogares pobres, produce tensiones intrafamiliares, y afecta la concentración, la capacidad de retención y la discriminación entre estímulos auditivos y visuales, habilidades necesarias para el éxito en la escuela. El ruido ambiental que predomina en los hogares pobres y que está mutuamente relacionado con el hacinamiento, coarta el desarrollo del hábito de sentarse, fijar la atención, mirar figuras, escuchar una historia o un cuento, ejercitar el “por qué”, lo que tiene como consecuencia una habilidad discriminativa perceptual deficiente, lenguaje poco desarrollado, conocimientos e imaginación débiles y la atención fluctuante y poco sostenida”.

No hay mucho más para decir, entonces, en este sentido. Para algunos expertos en educación, una cuestión de espacio físico y algo más…

Por eso me parece muy bueno que #50M haya empezado por aquí, en el convencimiento de que mientras se construyen políticas públicas que resuelven el problema del suelo y la vivienda digna también estamos aportando al mejoramiento de la educación en nuestra sociedad… “Todo tiene que ver con todo” diría mi abuela…

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