EL DETERIORO DE SAN TELMO

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A pesar del impulso recibido por su cercanía con los mega emprendimiento urbanístico en Puerto Madero y el boom turístico y comercial de los años post crisis 2001-2002, el barrio más pequeño de la Ciudad enfrenta problemas que no dependen de la voluntad de sus vecinos, por lo menos en forma directa.

Pareciera que las normas que garantizan la preservación del Casco Histórico son letra muerta a la hora de realizar construcciones, de las permitidas y de las otras. La torre gigante de Garay y Chacabuco es el ejemplo del primer caso.

La desarticulación del cuerpo de inspectores de obra, a poco de asumir Macri, es la causa del segundo. A esto se suma el bacheo “indiscriminado” a las apuradas, con asfalto en calles empedradas, aún cuando hace tres años el propio Gobierno de la Ciudad se había comprometido a preservar el característico adoquinado de las calles, luego de querer convertir a Defensa en una peatonal asfaltada. Otra muestra de la pérdida de las características barriales son la proliferación de boutiques, restaurantes exóticos y el reciente proyecto privado “Feria del Sur”, que pretende ubicar comercios de alta gama en el bajo autopista, entre Bolívar y Paseo Colón, arrasando para ello, con un Polideportivo escolar.

Otra falencia es el estado de las veredas. La administración del PRO se quedó a medio camino, en la tarea de reparar y renovar las baldosas. Rompieron veredas sanas para cambiar baldosones, y dejaron cuadras y cuadras rotas sin arreglar. Al respecto, las quejas de los vecinos también hacen centro en las decisiones inconsultas y desatinadas, un reclamo que debieran satisfacer los comuneros, quienes ya llevan más de tres meses de haber asumido sus funciones y ni siquiera el ejecutivo porteño les garantizó un espacio físico para trabajar.

Finalmente, un problema que aqueja a gran parte de Buenos Aires: la basura que desborda los contenedores móviles, muchas veces desparramada por calles y veredas, luego del paso de los recicladores informales de residuos. Una manera eufemística de llamar a la gente que se dedica a seleccionar y recolectar basura, porque no consigue un trabajo mejor.

El gobierno de la Ciudad no le encuentra la vuelta al problema, el gobierno de la ciudad no genera la condiciones para que haya trabajo genuino, la basura se acumula, y las únicas contentas son las ratas.

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