TOLERANCIA CERO

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Somos hijos de nuestro tiempo. Es difícil salirse del clima en que vivimos. Somos producto de nuestra contemporaneidad. En algún sentido, no tenemos absoluta responsabilidad de nuestras opiniones y acciones, porque están enmarcadas en las tendencias y tensiones que cruzan la sociedad.

 

En aquel amanecer democrático, luego de la noche más negra que haya sufrido nuestro país, eran mal vistas las posiciones extremas, sectarias, hegemónicas, autoritarias, descalificadoras del resto. Por eso, cuando en algún momento se expresaron fueron ignoradas, dejadas de lado, que es lo peor que le puede pasar a una corriente de pensamiento: negarle entidad por omisión.

 

Se sabe: errar es humano. Los romanos lo advirtieron tempranamente, dejando a los dioses la potestad de ser infalibles porque, al fin y al cabo, los dioses son la idealización de los hombres.

 

De modo que debiéramos ser indulgentes con los exabruptos actuales de algunos. Pero con lo que no podemos ser indulgentes es con el clima de crispación, de enfrentamientos, de blancos y negros sin matices, de verdades inapelables, de miradas únicas sobre la realidad y sobre nuestro propio pasado.

 

Desde lo más profundo de mi ser, deseo que estemos viviendo los estertores de la intolerancia. Situación insostenible en un país que se dice democrático, si no fuera porque ésta es una de las tantas contradicciones de las sociedades occidentales.

 

Se me hace que antes de fin de año, los argentinos daremos una clara señal y abandonaremos estos tiempos de tolerancia cero.

 

* Redacción Alerta Militante

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