18/07/2024

Dilemas de un padre

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Desde Jardín hasta la Universidad me formé en la Educación Pública. Tengo una deuda con éste, mi país, por los más gratos recuerdos en sus aulas.

 

Cuando mi hijo mayor comenzó la Primaria, me comprometí con su educación y con la comunidad, a través de la Asociación Cooperadora. Hoy represento a los padres de las escuelas públicas del Distrito Escolar 4º.

 

¿Por qué, alguien como yo, con esta experiencia de vida, debe dudar a la hora de elegir secundario para sus hijos?

 

¿Por qué cada vez más chicos, que terminan la Primaria en escuelas estatales, asisten a colegios secundarios privados? (1)

 

¿Por qué quienes declaman su compromiso por la Educación Pública, poco hacen para fortalecer el eslabón más flojo del proceso educativo, que es la enseñanza media?

Particularmente mi elección estuvo signada -a pesar de mi historia, mis valores y mis convicciones- por otros factores.

 

Privilegié un ámbito de contención, con pocos alumnos. Valoré la continuidad de clases, sin pérdida de días por tomas del colegio o paros gremiales. Tuve en cuenta el sentido de pertenencia, que lamentablemente se perdió en muchos establecimientos secundarios, y no solo por parte de los chicos.

 

¿Qué compromiso y grado de pertenencia puede tener un profesor con un colegio, si reparte sus horas entre distintas escuelas, viajando a las corridas entre una y otra?

 

¿Qué estabilidad en la conducción se puede lograr cuando lo que prima es el Estatuto Docente, que prioriza la carrera del educador sobre el interés del educando? ¿Qué impronta puede dejar la gestión de un rector interino, a la espera de un concurso docente que lo titularice en otro colegio, o del titular que aspira a Supervisor?

 

No podemos volver al modelo de la escuela sarmientina. Los tiempos cambian, el mundo se transformó, la sociedad es distinta, hay otro modelo de familia y los estudiantes tienen nuevas habilidades, herramientas e inquietudes.

 

Lo que debiera permanecer, ser perenne, es la igualdad de oportunidades a través de una escuela inclusiva, de excelencia, contenedora, formadora, participativa. Recuperar esos valores en la escuela secundaria hará que nuestros hijos se encuentren en sus aulas con sus pares, todos provenientes de diferentes hogares pero compartiendo la adolescencia y las horas de estudio.

 

(1) En 2003, el 53,55% de la matrícula asistía a la escuela media pública, en 2009 bajó al 50%

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