24/05/2024

LA CASA DE BELGRANO

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Manuel Belgrano nació el 3 de junio de 1770 y falleció el 20 del mismo mes pero en 1820. Ambos acontecimientos sucedieron en una casona ubicada en la actual Av. Belgrano 430 con salida posterior por la calle Venezuela 445.El inmueble sufrió una serie de demoliciones parciales y transitó un período de abandono hasta su destrucción definitiva. En 1939 se inauguró el actual edificio “Calmer”, construido por el arquitecto Leopoldo Schuarz, bajo los principios del racionalismo. Por Gabriel Santagata

En el año 1750, Doménico Francesco María Gaetano Belgrano y Peri con apenas 19 años, desembarcó del vapor “Poloni” en el Río de la Plata. Oriundo de Oneglia (situada a 120 kilómetros de Génova), pertenecía a una «famiglia mercante», con un desarrollo extendido por Europa y América. Su padre lo envió a Cádiz para que se desarrollase en forma independiente, y allí se naturalizó español, y castellanizó su nombre y apellido.

Domingo Belgrano y Pérez contaba con la autorización del Rey de España para oficiar como “contador de la administración de la Aduana, recogedor y síndico procurador general”. Para esta actividad sus tutores le gestionaron una “carta de naturaleza”, algo así como un permiso que solía abonarse a la corona por una suma relativamente importante. La apuesta salió bien y el padre del creador de nuestra bandera, con mucho esfuerzo y en relativamente pocos años logró un buen pasar económico en la “aldea”. De hecho, los Belgrano llegaron a ser considerados como una de las familias más ricas, por lo menos en esta última etapa virreinal.

Domingo Belgrano exportaba cueros, tejidos y lana, en un amplio circuito comercial que integraba diferentes ciudades del Alto Perú, Chile, Brasil y en Europa además de Cádiz, sus transacciones llegaban a Inglaterra. Belgrano padre participó también del tráfico de esclavos africanos.

Domingo, de 26 años, se casó en 1757 con Doña María Josefa González Caseros (15 años), nacida en Buenos Aires pero de familia procedente de Santiago del Estero, y descendiente del conquistador, explorador y colonizador español Domingo Martínez de Irala. El matrimonio adquirió una amplia propiedad ubicada en la calle Santo Domingo (Hoy Av. Belgrano 430) en la cual nacieron sus 16 hijos. Entre ellos Manuel Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano, quien llegó a este mundo el 3 de junio de 1770. A escasa distancia de la casa se encontraba el Convento de “Santo Domingo, Basílica de Nuestra Señora del Rosario”, (actuales Belgrano y Defensa) donde su hermano mayor, Domingo Belgrano sería prior, o sea representante del abad en el dicha institución religiosa.

La propiedad tenía una salida posterior en la calle Rosario, hoy Venezuela 445,actual sede de la Asociación de Empleados de la Administración Nacional de Ayuda Mutua y Previsión (AEANA), y en ese lugar puede observarse también una placa en la que se lee “Solar Paterno donde nació y vivió el General Manuel Belgrano. 1770-1820 AEANA”. Se trataba de una casa importante para su época que ocupaba un cuarto de manzana y contenía tenía tres patios. En el principal funcionaba un “Aljibe”, recurso considerado como bien de lujo para la época. El mismo fue recuperado y se exhibe en el patio del Cabildo. Los fondos donde cultivaban castaños con su quinta, albergaba el área de servicio, donde “residían sus esclavos”, más atrás la huerta y la caballeriza.

El padre de Belgrano debía caminar con dirección a la calle Balcarce apenas poco más de 100 metros para dirigirse a su trabajo ya que en 1778 ingresó en la Administración de la Aduana como vista (auditor) y contador. 

Por aquellos años el joven Manuel estudiaba “Leyes” en Salamanca, y todo era futuro y prosperidad cuando sucedió un escándalo: Don Domingo fue involucrado como cómplice, en la malversación de caudales públicos cometida por Ximénez de Mesa, el administrador de la Aduana. El entonces Virrey Loreto le exigió una rendición de cuentas por la «quiebra de los caudales a su cargo por haberlos invertido en negociaciones que habían sido desgraciadas». El funcionario terminó preso y con sus bienes embargados. En la volteada también cayó su amigo Domingo Belgrano, que oficiaba de auditor y parece que no vio ninguna de las tropelías administrativas, tales como el derivar ingresos aduaneros para negocios personales relacionados con la industria naviera, “fábricas de salazón de carnes y envíos de mercaderías y productos a Lima, La Habana, Cádiz y más allá”.

Complicidad o mala gestión en el mejor de los casos, le significó a Domingo lo que hoy podríamos denominar “arresto domiciliario”; o sea estricta prohibición de entrada de personas ajenas a su casa. Todos sus bienes fueron embargados, y parte de ellos terminarían rematados. Comienza un largo período de desavenencias para la familia Belgrano que exigió extremar los cuidados en los gastos para poder sostener la casa y a sus ocupantes que estaba integrada en aquellos tiempos por “treinta y siete personas”, cifra que incluía a los esclavos y sirvientes libres, además de sus hijos solteros y a su nieto Julián. No pasaron hambre ya que mientras duró el juicio (unos tres años), ingresó algún dinero de “terceras personas” a cargo de negocios de Domingo. La pérdida de “crédito social” sin embargo fue dura pero como veremos nunca irreversible. Manuel, en España, se encargó de innumerables actuaciones administrativas que colaboraron en la estrategia de defensa legal de su padre. Su madre María Josefa tuvo un rol activo en la defensa del honor de su familia siendo importante en la recuperación de algunos de los bienes que se salvaron de la confiscación y remate.

Con el reemplazo del Virrey Loreto, portador de una enemistad manifiesta con la familia, la situación para los Belgrano González comenzó a hacerse menos angustiosa. El Virrey Nicolás Arredondo liberó una parte de los bienes en concepto de alimentos y poco después, levantó el estricto arresto domiciliario impuesto a don Domingo. Para entonces el «Consejo de Indias» dictaminó que «de las diligencias practicadas» con respecto a Domingo Belgrano, «solo aparece probado esencialmente la amistad íntima» con Ximénez de Mesa, y que el Virrey Loreto «se manejó con excesiva fogosidad en esta causa dando por delitos efectivos los que son puros recelos». Finalmente el 23 de marzo de 1793, la autoridad virreinal publicó la sentencia absolutoria, restituyéndole «plena libertad de sus derechos y goce pacífico de sus bienes». Poco tiempo después Don Domingo Belgrano Peri fallece (24 de septiembre de 1795), legando una inmensa fortuna, que su mujer María Josefa González Casero administrará junto a sus hijos mayores hasta su muerte, que sucedió el 1º de agosto de 1799.

Manuel regresó de España con su diploma de abogado, país que creó el Consulado de Buenos Aires en 1794, y en breve honró a Belgrano como su secretario. Pero nuestro prócer, siempre fue un personaje inquieto, por momentos bohemio y ajeno a requerimientos de vida fastuosa. Uno de los pocos de su familia que no se dedicó intensamente al mundo de los negocios. Pero eso no significa que falleció en la extrema pobreza. Cuando regresó enfermo desde Tucumán en 1820, se alojó en la casona familiar de la calle Santo Domingo y en ese sitio hasta el final no tuvo privación alguna. Aquí fue cobijado por su familia y entre los más dedicados a la atención del hermano enfermo descollaron Juana, junto a sus hermanos Joaquín, Domingo, Gregorio y Carlos. En términos personales su patrimonio era exiguo pero tenía respaldo de sobra por la herencia del petit imperio creado por su padre. Es cierto que reclamó al gobierno en sus últimos meses de vida, la liquidación de los sueldos adeudados, pero eso no quiere decir que no tenía para comer.

La familia también era propietaria de una quinta en la actual zona de Vicente López y tenía tierras en Caseros. En la ciudad disponían de casas y terrenos como la que se encontraba frente a la iglesia de San Francisco, sobre la actual calle Alsina. Otra, en la calle del Santo Cristo -hoy 25 de Mayo-, muy próxima a la Alameda.

Su muerte tuvo lugar el 20 de junio de 1820, y probablemente fue producto de tres enfermedades: en tiempo de soltería y juventud mientras cursaba Leyes en España contrajo sífilis, enfermedad que lo tuvo a maltraer toda su vida. También lo aquejaba una intensa cirrosis y cáncer hepático. Hacía ya días que el enfermo había entrado en un estado casi de coma sin intervalos de lucidez. El hecho de su deceso pasó casi inadvertido para la sociedad porteña, pero eso no necesariamente significa abandono u olvido, sino que esa semana la metrópolis se hallaba en una crisis política que incluyó el desfile de tres gobernadores. El Director Rondeau se enfrentó en la cañada de Cepeda con las tropas del litoral en febrero de 1820: su derrota fue definitiva. Asume Sarratea, firmó el 23 de febrero de 1820 con los jefes triunfantes, López y Ramírez, el tratado del Pilar, en el que se admitía la necesidad de organizar un nuevo gobierno central. Y en breve se hace cargo Martín Rodríguez consumándose un verdadero desarreglo institucional. Pero esa es otra historia. Además, Belgrano era un “político” retirado, o por lo menos sus ideas cercanas a la monarquía “temperada”, (así se denominaba entonces la monarquía parlamentaria), encabezada por un miembro de la «Casa de los Incas», tal cual lo propuso el día 6 de julio de 1816 ante el Congreso de Tucumán, estaban en desuso y por ello se convirtió en un personaje mucho menos público.

Siempre es bueno recordar que vivió endeudado porque rechazaba premios y renunciaba a sueldos. Pero tenía donde “caer muerto”. La imponente casona de Montserrat, el amor de sus hermanas/os y el respaldo económico familiar no deben considerarse un dato menor.

Antes de morir, Manuel Belgrano le solicitó a su hermana Juanita Belgrano de Chas que lo cuidó hasta su expiración, que buscara su reloj de oro de bolsillo –regalo del rey Jorge III de Inglaterra, que fue luego robado del Museo Histórico Nacional en 2007 (Parque Lezama) y se lo regaló a su médico de cabecera, como recuerdo por el acompañamiento y amistad que los unía. En ese momento dijo: “Esto es todo lo que tengo para dar a este hombre bueno y generoso”. Así, con estas palabras, el patriota se despidió de sus amigos Celedonio Balbín , y el doctor Joseph James Redhead, un británico (Escocés) que acompañó más de ocho años al creador de la Bandera hasta el último día de su vida, e incluso después, se encargó personalmente junto al Dr. Sullivan en realizar la autopsia, documento que la historia ha rescatado y que nos permite saber a ciencia cierta, la causa del deceso del patriota, como así también de las enfermedades que lo mortificaron. Para algunos historiadores esta anécdota prueba la extrema pobreza que debió soportar Manuel Belgrano en sus últimos días. Para otros en cambio, es la muestra del respeto y reconocimiento a una persona querida a quien le lega un objeto muy preciado por su dueño.

La Prensa 1º Enero de 1937, nota publicada un par de años antes de la demolición definitiva. Sin mencionar la las autoridades Nacionales y Municipales, el texto denota un tinte crítico por la falta de apego a la defensa del patrimonio histórico. Eran tiempos de la presidencia de los «antipersonalistas» con Roberto Ortiz en la primera magistratura, y Arturo Goyeneche en la intendencia. Durante la gestión de este último se realizaron las obras de ensanche de Diagonal Sur, Belgrano, Corrientes y 9 de julio.

La casa fue administrada luego del deceso de Manuel principalmente por dos de sus hermanos: El Sacerdote Domingo José Estanislao, y por Juana María Nepomucena Belgrano González viuda de Chas Pombo. Entre 1825 y por lo menos hasta promediando la siguiente década fue Joaquín Belgrano quien tomó la posta. Es en este período que se vende la parte de atrás de la casona y se compra una parcela contigua pero con salida por la calle Defensa 441, utilizada para el guardado de menesteres menores.

Los Belgrano fueron haciendo sus vidas en distintos sitios de la República y de a poco abandonaron esta vieja construcción. Aparece en escena Flora Ramos Belgrano, hija de Juana e Ignacio Villamil como la encargada de arrendar la casa y lo hizo pero probablemente a varios inquilinos a la vez. Si no llegó a conventillo, pegó en el palo. Lo cierto es que esta vieja casona sufrió demoliciones parciales tras los eventos de la fiebre amarilla, ya que parece fue señalada como un foco infeccioso y el protocolo de esos días incluía derrumbamiento de propiedades si era necesario. Ya desvencijada la propiedad continuó bajo la supervisión de apellidos que desde el luego no muy conocidos porque fueron perdiendo linaje con la familia Belgrano.

En 1909 sufre la demolición de una de las plantas altas, se presume que esta vez el motivó estaba relacionado con posibles derrumbes. En 1930 sufre una nueva envestida con el ensanche de la calle en la década de 1930. La propiedad fue vendida capitales privados que parece no sintieron la necesidad de resguardo de patrimonio histórico alguno. Por ley el 9 de junio de 1938 se declara el 20 de junio el «Día de la Bandera», pero la municipalidad porteña a cargo de Arturo Goyeneche no le pareció importante mantener algún señalamiento que permita al menos mantener la memoria histórica de semejante Prócer.

Finalmente se construye el “Edificio Calmer” en 1940 que perdura hasta nuestros días, bajo los principios del racionalismo.-

Fuentes:
Belgrano, el gran patriota argentino, de Daniel Balmaceda / Manuel Belgrano. Vida y pensamiento de un revolucionario. Por Felipe Pigna/ El enigma Belgrano, de Tulio Halperin Donghi.

Este artículo contó con la colaboración, edición y corrección de Luis Horacio Yanicelli: Miembro de del Instituto Nacional Belgraniano, Presidente Instituto Belgraniano de Tucumán. Autor de libros «Días de Novela», «El Ilustre Vecino», próximo a publicarse. Coautor en siete obras colectivas.
Agradecimiento especial a Rodolfo Barragán, Director del Hemeroteca José Hernández de la Legislatura p
orteña.

Fotos. Archivo General de la Nación / Télam

El ministro de Cultura, Tristán Bauer, conmemoró el jueves 4 de junio pasado el  250º aniversario del nacimiento de Manuel Belgrano con un acto en la puerta de la casa donde nació el prócer argentino. «Mucho me falta para ser un verdadero padre de la patria, me contentaría con ser un buen hijo de ella», dice la placa descubierta en la puerta del lugar donde nació el creador de la Bandera Nacional. Posteriormente se firmó un Acta Acuerdo entre el gobierno nacional y el porteño para la restauración y puesta en condiciones del Mausoleo que se encuentra en el Convento de Santo Domingo. Del acto participaron el Licenciado Manuel Belgrano (Pte Instituto Nacional Belgraniano) el ministro de Defensa, Agustín Rossi, el ministro de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, Enrique Avogadro, y el embajador italiano en la Argentina, Giuseppe Manzo.

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