“El cuento del Tío”

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La madrugada del miércoles 29 de marzo se anticipaba como un día más de jornada laboral en la tradicional pizzería. Para sorpresa de sus trabajadores, algunos candados habían sido cambiados y de la noche a la mañana se encontraron “solos”, sin trabajo y mucho menos explicaciones. “No vamos a bajar los brazos hasta que nos paguen lo que nos corresponde” sentencian los laburantes de Mi Tío. 

Desde su fundación este emprendimiento gastronómico fue más bien artesanal antes que pensado con lógicas de mercados dominantes. Pasaron casi 40 años de la inauguración de “Mi Tío” y su fisonomía apenas cambió. Sin un diseño de imbricación en el mundo de las “Redes Sociales”, u otras estrategias comerciales contemporáneas se fueron quedando en el tiempo, siendo su mayor capital la relación clientelar con los vecinos, quienes propalaron con el “Boca a Boca” las bondades de la mejor fugazzeta rellena de la ciudad.

Héctor Villarroel (87) y María Marta Romero (65), socios más visibles del comercio son personas mayores quienes desde hace años venían con la idea del fin de ciclo. El clima laboral fue desmejorando en los últimos tiempos, y por supuesto el desgano se fue trasladando al comercio en general. Si algo distingue a “Mi Tío” es su inserción en el barrio que a pesar de estar ubicado en pleno sector comercial relacionado con el turismo, logró mantener un porcentaje altísimo de vecinos de San Telmo como principal clientela. Pero de a poco se fueron alejando y sobre todo los días de semana las mesas despobladas comenzaban a ser más la regla que la excepción.

La recesión económica de los últimos tiempos (aumento de las tarifas de servicios públicos) probablemente colaboró con la decisión del cierre. Pero sin dudas existen maneras y maneras de resolver temas tan sensibles como pueden ser que ocho familias queden a la intemperie. Según los trabajadores de “Mi Tío” nunca recibieron un telegrama de despido. No solo eso, también afirman que fueron víctimas de varias mañas patronales como no pagar en tiempo los aumentos remunerativos que corresponden, omitir aguinaldos, abonar el salario en tres cuotas y adeudar aportes a la Obra Social y a las Cajas Jubilatorias. La respuesta que les ofrecía la dueña -que en esta última etapa solo se acercaba en el primer turno laboral- fue que “más adelante se les iba a pagar lo que les correspondía, que tuvieran paciencia y apoyaran al negocio” 

Pero la cosa no daba para más. Ahora, la pregunta “del millón”: ¿Porqué no consensuar con los laburantes del local, para dejarles el comercio en cuestión? En principio sería acordar la resignación de cobrar dinero por el “Fondo de comercio” y consensuar pagos en cuotas por la indemnización de los empleados.

Lamentablemente este medio no pudo comunicarse con ninguno de los propietarios para conocer su versión de los hechos. Un ex trabajador nos comentó que en su opinión no es solo mala fe, sino más bien desidia y “mal asesoramiento”. Para los trabajadores hay un poco de todo, pero transmiten un tufillo de manejo “caprichoso” de la cuestión por parte de los patrones abándonicos.

Los trabajadores de “Mi Tío” recibieron la adhesión del Diputado Nacional, Mariano Recalde (FPV)

Lo cierto es que los empleados de la histórica pizzería de San Telmo reabrieron el local con dirección postal en EEUU 389 (Esquina Defensa) y con el asesoramiento legal del Sindicato de Pasteleros, vecinos y clientes se constituirán muy pronto en una “Cooperativa de trabajo”, figura jurídica que mejor se acomoda para resolver este tipo de conflictos. Serán parte de la misma las ocho familias afectadas. Están avanzadas las conversaciones con el propietario del local y con un poco de viento a favor cuando logren la inscripción como Cooperativa podrán normalizar la actividad y “Mi Tío” podrá recuperar su esplendor.

Al cierre de esta edición, los propietarios (por lo menos en los papeles) faltaron a dos mediaciones en el Ministerio de Trabajo en donde se podría avanzar o negociar el pago indemnizatorio. Mientras ponen un ojo a la estrategia legal, consumen casi todo su tiempo en remontar la actividad. Decidieron turnarse para pernoctar en el local, siendo la primera jornada la más dura, el primer colchón fue un conjunto de sillas bien arrimadas.

La entrevista para esta nota fue un tanto desprolija. Desde la novedad del posible cierre, casi que como queja, decenas de habitués y viejos clientes volvieron a degustar entre otros productos una buena “Fainá”. Cuando la comida se hace con amor y compromiso, sabe mejor dicen los que expertos. Para comprobarlo habrá que darse una vuelta de 7 de la mañana a 2 de la madrugada en la esquina EEUU y Defensa.-


El Museo de la Ciudad por medio del presente diploma reconoce a la Pizzería “Mí Tío” (Defensa 900) como “Testimonio vivo de la memoria ciudadana” por su presencia en la esquina de las calles Estados Unidos y Defensa desde hace 35 años y por mantener su mobiliario y decoración típicos de una época” 9 de Noviembre de 2006 (Museo de la Ciudad – Ministerio de Cultura)

Foto Facebook: De Mi Tio No Nos Vamos

 

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