Historias Rusas (2)

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Argentina reside la mayor comunidad rusa de América Latina que se estima en 350 mil inmigrantes si contamos a sus descendientes. Arribaron a estos lares en momentos muy distintos y por diferentes motivos, que van desde la búsqueda de mejores oportunidades económicas hasta persecuciones políticas y religiosas. En esta segunda entrada te contamos el insólito rol diplomático de la Iglesia Católica Apostólica Ortodoxa Rusa en nuestro país.

Rusia, a comienzos del siglo XX se ahogaba en una profunda crisis social y política. La guerra ruso-japonesa de 1905 y finalmente la desastrosa participación en la Primera Guerra Mundial le significaron terribles hambrunas a la población. El desabastecimiento provocó indignación contra la familia imperial, conjugándose un cóctel explosivo difícil de controlar. La Revolución de Febrero de 1917 puso fin al régimen monárquico del Zar Nicolás II y conformó un gobierno provisional.

El 15 de agosto de 1917 en el “Concilio Local”, se restituyó el título de Patriarca en la Iglesia Ortodoxa Rusa derogado en 1721 por el emperador Pedro el Grande; y se designó a Vasili Belavin como el Patriarca de Moscú y toda Rusia. Eran intentos de implementar pequeñas reformas para una futura elección del próximo gobierno. Pero no alcanzaron. Vladimir Lenin, líder de los Bolcheviques, sector más radicalizado del Partido Obrero Socialdemocrata de Rusia lideró la denominada “Revolución de Octubre”. En otras palabras, un golpe de Estado al gobierno provisional. Belavin, fue perseguido y finalmente arrestado el 5 de mayo de 1922. Preso en el Monasterio Donskói (Moscú) fue liberado en junio de 1923 después de enviar una nota a la Corte Suprema de Justicia de la República Socialista Federativa Soviética de Rusia, en la que él «se arrepintió de sus acciones contra el régimen estatal», escribiendo que «desde ahora no soy un enemigo del poder soviético». Así estaban las cosas en el continente.

Esta revolución produjo una emigración “política” masiva sobre todo de los ahora antiguos defensores de la monarquía zarista: generales, coroneles, pajes de “Su Majestad Imperial”, oficiales de la flota imperial rusa pero también líderes religiosos eligieron nuestro país y en muchos casos para guarnecerse y se afincaron en barriadas del sur de la Ciudad de Buenos Aires.

En Argentina no funcionaba en esos tiempos consulado u otra oficina con peso institucional de Rusia. Monseñor Constantino Izrastzoff, representante de la Iglesia Ortodoxa Rusa fue enviado en 1891 por el Zar Alejandro III y como “agregado” a la legación Imperial Rusa. Como veremos más adelante le tocó la difícil tarea de albergar, ubicar y proteger a cientos de refugiados. Lo cierto es que esta “Legación Diplomática Imperial” para la Argentina, jamás poseyó propiedad alguna en el país, y en casi todos los casos sus Ministros y Cónsules decidieron residir en Río de Janeiro. Algunos funcionarios llegaron a hospedarse en hoteles de esta Capital, como el ¨Grand Hotel¨ o alquilaban viviendas por cortos plazos. Esto hizo que inmediatamente después de la revolución, la Iglesia Ortodoxa Rusa en la Argentina se haga cargo de conseguir hospedaje y sustento a estos diplomáticos desamparados y ocasionalmente pasaron por la casona de Carlos Calvo 546/548/550 (ver https://acortar.link/n4FYd )

Eugenio Stein, quien venía desempeñándose como encargado de Negocios interino del zar Nicolás II en Argentina fue exonerado cuando desde el nuevo gobierno de Lenin se informó el 26 de noviembre de 1917 que había sido echado “por haberse negado a trabajar bajo las órdenes del gobierno soviético”. Pero el diplomático ruso siguió en funciones por muchos años más, ya que el gobierno radical encabezado por Hipólito Yrigoyen no reconoció formalmente a los revolucionarios que formarían la Unión Soviética. Stein fue presentado en Buenos Aires por el ministro de Relaciones Exteriores argentino Estanislao Zeballos como el verdadero delegado de Rusia en la Argentina. En julio de 1918 se puso fin al imperio zarista con el asesinato de Nicolás II y su familia y luego de una cruenta guerra civil, el 30 de diciembre de 1922 se constituyó la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Pero en la Argentina seguía asumiendo Stein la potestad de Rusia. Salvando las distancias un caso similar al del dirigente Venezolano Juan Guaidó, que llegó a ser reconocido como presidente encargado de ese país y reconocido en ese rol hasta por 54 países, pero sus embajadores no recibían o reciben remuneración alguna de ningún gobierno. Tras la asunción de Marcelo Torcuato de Alvear en 1922, por nota al canciller Ángel Gallardo, la República Socialista Federativa de Rusia solicitó una vez más al gobierno que impidiera que Stein ejerciera funciones en nombre de Rusia. “El gobierno soviético no ha nombrado a nadie como su representante en Argentina –se lee en la misiva enviada desde Moscú el 3 de abril de 1923– y declara que no asume responsabilidad respecto de las acciones de los funcionarios de los gobiernos rusos derrocados”.

Líderes religiosos perseguidos, presos y en muchas ocasiones fueron ejecutados por el régimen Soviético. En 1925 el máximo representante de los ortodoxos rusos, el Patriarca Vasili Belavin o “Dijón” como se lo conocía, fallece a la edad de 60 años. La vacancia de esta direccionalidad complicó aún más la organización institucional de la Iglesia Ortodoxa Rusa en Argentina. Sin ayuda financiera desde el continente y si bien con apoyo del gobierno argentino, no podían enfrentar el desafió de haberse convertido en una especie de embajada o mutual que ayudaba a los refugiados que escapaban de la persecución soviética. El 23 de septiembre de 1926 le concede personería jurídica a la Asociación Ortodoxa Rusa en la Argentina (Decreto 167).

La disolución de la URSS significó la independencia de las quince Repúblicas de la Unión Soviética y sucedió entre el 11 de marzo de 1990 y el 25 de diciembre de 1991. En muchos países se registraron casos de trabajadores de algunas de esas nacionalidades en gestación que quedaron sin destino en puertos extranjeros. Es el caso de doce marineros ucranianos embarcados con pasaportes soviéticos, y que la empresa pesquera que los contrató los dejó varados en la Argentina.
Deambularon como sobrevivientes de un naufragio, e invirtieron el poco dinero que tenían en alquilar habitaciones en un hotel del barrio de Constitución. Se alimentaban con la ayuda de la Cruz Roja, Cáritas y la inestimable colaboración de la Iglesia Ortodoxa Rusa que puso a disposición locaciones para ciudadano rusos en situación de calle. Algunos de ellos pasaron por la serie de casas emplazadas en la Calle Carlos Calvo 548/550. Pero la ayuda que no fue poca con el paso del tiempo podemos decir que no alcanzó y aquellos inmigrantes/exilados como los marineros más arriba mencionados, que no pudieron re inventarse vivieron todos estos años en la semi indigencia. En este sitio eran bien recibidos y asistidos los “paisanos” que quedaron en la calle en un país lejano y con una documentación sin validez. Unos pocos regresaron, alguno logró algún empleo estable y la mayoría se sumó a una larga lista de “rusos” que supervivieron décadas en la indigencia.

En el film “Volodia” (2012) de las realizadoras Silvana y Ana Maria Jarmoluk, se ilustra en un documental el padecer del mécanico y marinero ucraniano Vladimir Yuravel. El 16 de mayo de 1992, estemecánico y marinero de ultramar de origen ucraniano, envía desde Buenos Aires una carta a su familia en la que dice que han tenido desperfectos en el barco y que se han quedado sin medios para sobrevivir.
Foto: https://mundo.sputniknews.com/

En 1946 durante la 1º presidencia del Teniente General Juan Perón arribó a Buenos Aires una misión comercial soviética, encabezada por Konstantin Shevelev, quien proclamando la complementariedad argentino-soviética, negoció la firma de un tratado comercial y la compra de algunos productos como lana y lino. Posteriormente, el 6 de junio de 1946, dos días después de haber asumido la presidencia, el presidente Perón anunciaba el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre la Unión Soviética y la Argentina. El embajador soviético, Mikhail Sergeiev, llegó a Buenos Aires el 31 de agosto de 1946 y la embajada argentina en la URSS sería creada recién el 23 de octubre del mismo año. –

Foto principal: Inmigrantes rusos en el Hotel de Inmigrante ubicado en la actual Avenida Antártida Argentina 1355 (Archivo General de la Nación)

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