Hotel Residencial Zavalía

Compartir!

Familias residentes del «hotel» de la Avenida Garay 474 ofrecen un plato de comida a los inquilinos que, por el aislamiento obligatorio, no pueden generar siquiera el sustento alimenticio diario.

La mayoría de los habitantes son beneficiarios de algún plan social, que a veces cubre el abono de “la habitación”, o directamente integran el programa porteño “Atención a Familias sin Techo”, que prevé subsidios habitacionales.

Vecinos comerciantes del barrio acercan donaciones al Zavalía

Pero la mayoría de los inquilinos se arreglan con empleos precarios (en negro): limpieza de casas de familia, “cuentapropismo”, changas de albañilería, pintura, y algunos se ganan el mango cartoneando. A casi dos meses de la instalación de la cuarentena, muchos habitantes del Zavalía comenzaron a pasar hambre. Sí, es preferible escribirlo así, sin mayores recursos literarios. Hambre.

De a poco se fueron acercando a los dispositivos solidarios que funcionan en el barrio, donde se puede retirar una ración diaria de comida por lo general al mediodía. Pero con el paso de las semanas esta ayuda también resultó insuficiente.

Los padres retiran el material educativo (fotocopias) de las diferentes instituciones educativas y Cristian Dorado (28) un estudiante avanzado en el profesorado de nivel primario les dicta clases de apoyo escolar. El edificio no cuenta con acceso a internet y solo unos pocos pueden bancar un abono de telefonía que le permita acceder a los contenidos de las clases virtuales de la educación pública. Pero este joven salteño pudo organizarse y con la ayuda de otros vecinos además del contenido educativo, garantizan una merienda para los chicos, que al cierre de esta edición están armando un taller de teatro. Si todo sale bien, en las próximas semanas el “Hotel Residencia Zavalía” estrenará una versión de “Cenicienta”.

Históricamente la relación con el vecindario no es la mejor. Muchos inquilinos están de paso y no se sienten parte del barrio. En decenas de oportunidades el Zavalía fue señalado por varios vecinos como “un sitio donde se alojan delincuentes que en la zona”. La comisaría 14 C se encuentra a menos de 100 metros del Zavalía, y deben intervenir cotidianamente por denuncias de los vecinos pero también de los propios habitantes del hotel, muchas veces por casos de «violencia doméstica». Como suele suceder, una minoría circunstancial, y sin dudas intensa, hace que se estigmatice a todos los «pasajeros del hotel». No hay tiempo para ahondar en estos detalles menores, porque debemos dejar lugar a la urgencia que significa decenas de pibes que no tienen en estos tiempos de pandemia, siquiera un plato de comida caliente en la mesa.

En la cocina principal del edificio, gentilmente cedida por el administrador del hotel, comenzaron a cocinar comidas (tres ollas) para todo aquel habitante del Zavalía que lo necesite. Empezaron dos veces por semana pero al cierre de esta edición esta iniciativa ya garantiza el plato de comida los martes, jueves, sábados y domingo.

Liliana Acosta (41) y su compañero Carlos Ríos (51) llegaron a la conclusión que algo había que hacer, y juntos a otros habitantes del Zavalía, organizaron una merienda para la población infantil que habita en el inquilinato. La pareja reside allí hace 11 años, y a diferencia del promedio de los inquilinos, ya se consideran parte del barrio. Esto último no es un dato menor, la permanencia en San Telmo les permitió interrelacionarse con vecinos, comerciantes y diferentes organizaciones políticas y sociales que comenzaron a acercar algunas donaciones de alimentos no perecederos, frutas y verduras y hasta productos de limpieza. Se destaca la colaboración de la UTT (Unión de Trabajadores de la Tierra), la Empresa social “Hecho en Buenos Aires” y “Lazos Solidarios”, vecinos y comerciantes de la zona que brindan viandas de comida a personas en situación de calle.

En Julio de 2015 desconocidos violentaron ingresos de los clubes Giuffra, San Telmo y Parque Telmo. La indumentaria y material deportivo fue a parar a una de las habitaciones del hotel. Estos últimos meses inquilinos del Zavalía retiran raciones de comida en el predio de Cochabamba 311, otros se dan una vuelta por la Olla Popular que organizan socios del CAST en Brasil al 400 y hasta recibieron donaciones de alimentos no perecederos por parte del Club Deportivo Giuffra.

Por personas como Liliana, Carlos y Cristian y tantos otros quienes colaboran en estas actividades solidarias, es que en el Zavalía se respiran aires de mejora y crecimiento. Como dicen los centennials: #esporacá

En 1910 comenzó la construcción del edificio de la Avenida Caseros 410 destinado para vivienda de los directivos británicos de «Ferrocarril del Sud». La empresa operaba el tren que partía desde Plaza Constitución (hoy Ferrocarril Roca). El sitio fue bautizado por “Edificio de los ingleses” por la nacionalidad de la mayoría de sus ocupantes, quienes solían frecuentar la pulpería “La Cosechera”, más conocida por su actual denominación: «Bar Británico». Parece ser que los empleados de esta compañía ferroviaria fueron ocupando varios inmuebles de la zona y confluyeron, años más tarde, con una inmigración de veteranos ingleses de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), quienes se alojaron en el edificio de la Avenida Juan de Garay 474. Ya no quedan ni vestigios de estas épocas. Con el correr de los años el inmueble se fue poblando de lugareños, hasta confirmar la categoría de “hotel”. El entrecomillado no es casual, para semejante denominación el edificio debería contar con instalaciones que garanticen provisión de agua potable, disposición de residuos sólidos, accesibilidad, salidas de emergencia, provisión de matafuegos, cumplimentar todo lo relacionado con normativas de higiene y una importante cantidad de etcéteras. No tiene sentido ser muy puntillosos con los requerimientos que exige la ley para la actividad hotelera porque, en el caso del Zavalía, probablemente no se cumpla ninguna.

Compartir!

Comentarios

Comentarios