Historias Rusas (1)

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En Argentina reside la mayor comunidad rusa de América Latina que se estima en 350 mil inmigrantes si contamos a sus descendientes. Arribaron a estos lares en momentos muy distintos y por diferentes motivos, que van desde la búsqueda de mejores oportunidades económicas hasta persecuciones políticas y religiosas. Nos detendremos en esta primera entrada en la labor extra religiosa de la mítica Iglesia Católica Apostólica Ortodoxa Rusa, emplazada sobre la avenida Brasil 315, frente al Parque Lezama. El conflicto de la casona de la Calle Carlos Calvo al 500.


El Monseñor Constantino Izrastzoff, representante de la Iglesia Ortodoxa Rusa fue enviado en 1891 por el Zar Alejandro III y en ese sentido “agregado” a la legación Imperial Rusa. Tres de los cuatro hijos de Izrastzoff se afincaron en estas tierras, y entre las diferentes actividades que desarrollaron se destaca la compra y venta de propiedades que con el paso del tiempo se confirmó en una importante compañía inmobiliaria con varios locales entre ellos se destaca el que está ubicado en la calle Quintana 529, en el vecino barrio de Recoleta.

Hasta 1917 apenas un solo Ministro de Rusia y un solo Secretario estaban acreditados ante el gobierno de cinco repúblicas sudamericanas y solían afincarse en Río de Janeiro. Por ello el titular de la Iglesia Ortodoxa Rusa solía representar al Imperio Ruso a modo de Cónsul Honorario, miembro del Cuerpo Diplomático Extranjero y oficialmente reconocido por el Gobierno Argentino. La casa religiosa frente al parque Lezama era considerada una especie de Embajada, y hasta aquí se arrimaban los recién llegados en búsqueda de asesoramiento y de ser necesaria, ayuda.

Pero como analizaremos en próximas entradas de esta serie de notas, muchas de estas historias sucedieron con el trasfondo de la constitución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) que irrumpe en el escenario geopolítico entre 1922 y 1991. Como era de prever la “Revolución Rusa” tuvo consecuencias en nuestro país, entre ellas el “limbo” jurídico, legal y político que se produjo en momentos que nuestro país desconoció la autoridad de los “soviéticos” manteniendo afinidad con los funcionarios (en este caso religiosos) de la monarquía depuesta y con sus líderes perseguidos, presos o muertos. Así estaban las cosas.

Durante la segunda guerra mundial (1939/45) se produjo la 4º ola de inmigrantes “rusos” en Argentina. Siempre es oportuno recordar que se consideraban como tales a todas aquellas personas que nacieron en algunos de los países de la ex Unión Soviética ya a que estos lares arribaron con pasaporte de la URSS. En estos tumultuosos años arribó Valentín Iwaszewicz, oriundo de la provincia de Pinsk (Bielorrusia), llegó a nuestro país junto a sus padres quienes apostaron a estas tierras al mismo tiempo que le escapaban a los conflictos bélicos europeos como la invasión alemana a Polonia en septiembre de 1939. En este último país convivían rusos, ucranianos, pero también bielorrusos. La necesidad de «proteger» a estas poblaciones fue utilizada como pretexto para fundamentar la invasión de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) a la zona oriental de Polonia a fines de la década del 30´. Años de guerra y hambruna y exilio. En búsqueda de un sitio donde quedarse y trabajo apenas llegaron a la Argentina, los Iwaszewicz se acercaron la «Catedral Santísima Trinidad» para asistir a los oficios religiosos del templo de calle Brasil 315. Constituyéndose una larga amistad entre ambas familias que perdura en la actualidad.

En los años 60 el Patriarcado en Moscú (controlado por los soviéticos) intentó apropiarse de las propiedades de la Iglesia Ortodoxa Rusa en Argentina cuando sucedió el fallecimiento del Protopresbítero Constantino Izrastzoff en 1953. El Padre Valentín quedó a cargo de la iglesia y aún sin tener experiencia en materia judicial se puso la causa al hombro para evitar el desguace. Entre otras se salvaron de la confiscación las locaciones de la calle Carlos Calvo 546/548/550. Se trata de una serie de departamentos dispuestos a lo largo con 17 metros de frente y 45 metros de fondo. Estos lotes fueron comprados y edificados en 1911 con la ayuda de un beneficioso préstamo de Nicolás Mihanovich. Apellido muy conocido por los porteños ya que este exitoso y millonario empresario naviero de origen Dálmata (en esos tiempos Yugoslavia), ofreció desde 1887 el primer servicio que unía regularmente la capital argentina con los pueblos uruguayos de Carmelo y Colonia Sacramento. Llegó a poseer una flota compuesta por 324 unidades, de las cuales 45 eran vapores de pasajeros, 27 de carga, 70 remolcadores, 142 lanchas, 31 chatas, 7 pontones y dos grúas flotantes. Mihanovich se convirtió en una especie de filántropo y solía participar y financiar todo tipo de actividades sociales, formando parte del directorio del ex Padelai y por ello no sorprende la ayuda y colaboración a la iglesia ortodoxa a pesar que provenía de familias mitad católicas, mitad ortodoxas.

Nicolás Mihanovich Foto Archivo General de la Nación

Este emprendimiento fue importantísimo para la manutención y crecimiento de las actividades desarrolladas por la Iglesia Ortodoxa Rusa. Con los alquileres de estas locaciones además de mantener el culto, al clero y sus familias, sirvió para asistir a cientos de refugiados que escaparon del régimen soviético. Como suele suceder en estas actividades se registraron decenas de incumplimientos de pagos por parte de locadores, con la consecuente judicialización de sus propietarios que se saldaban con desalojos. Pero el Decreto 1580/43, dictado el 29 de Junio de 1943 durante la gestión del Gobierno de Facto a cargo del General Pablo Ramírez, dispuso un congelamiento en el precio de los alquileres, promovió una rebaja en las cuotas mensuales, la prórroga de contratos y la paralización de juicios de desalojo. Años más tarde durante el primer gobierno del Teniente General, Juan Domingo Perón, se mantuvo el congelamiento de los precios de los alquileres y en 1948 se sancionó la Ley 13512 de Propiedad Horizontal que otorgó el beneficio a los inquilinos de tener prioridad para la adquisición de la propiedad que arrendaban. En estos años comenzaron los problemas para la administración de la Iglesia Ortodoxa Rusa, para con uno de sus bienes más preciados ya que no solo muchos moradores dejaron de abonar, sino que fueron de alguna manera quedándose definitivamente con las locaciones para pasarlas a hijos y familiares.

En Carlos calvo 546 funciona un emprendimiento de las Asambleas del Pueblo «destinado a la difusión del pensamiento socialista revolucionario y libertario». El local cuenta con una librería, videoteca y hasta una pequeña sala de conferencias.

Alejandro Iwaszewicz, hijo de Valentín quien falleció en abril de 2015, es el actual presbítero y titular de la Iglesia Ortodoxa Rusa en la Argentina. Intentó recuperar el control de uno de los departamentos el 8 de enero pasado pero sin éxito. Actualmente el edificio está habitado por algunos ciudadanos rusos (históricos y nuevas generaciones) algunas habitaciones serían alquiladas a residentes argentinos por familias quienes ocupan el sitio en algunos casos hace décadas y en uno de los locales del frente de la propiedad funciona desde 2003 la Biblioteca Rosa Luxemburgo que depende de la Asamblea de San Telmo (AST) Los asambleístas llegaron en esos tumultuosos años para asesorar a un anciano de origen ruso que asistía (y asiste) al comedor que esta organización coordina en la calle México y Chacabuco. Para el responsable de la AST, Rubén Saboulard la propiedad en cuestión estaría “floja de papeles” y por lo tanto aún no teniendo mala relación “personal” con Iwaszewicz se niega a pagar alquiler alguno. El 23 de septiembre de 1926 el gobierno argentino le concede personería jurídica a la Asociación Ortodoxa Rusa en la Argentina (Decreto 167) pero para el líder asambleario dicha asociación se extinguió en el tiempo y de allí emanarían los principales problemas para la recuperación del predio por parte de la Iglesia. Según Iwaszewicz los papeles están en la justicia, y depende del funcionario judicial que toma la causa en determinado momento; a veces accionan y otras duermen el expediente. Nunca es simpático firmar desalojos, mucho menos si además intervienen organizaciones y partidos de izquierda en el conflicto.

Esta imagen fue difundida por la Asamblea del Pueblo, con un durísimo comunicado que titularon»LA MAFIA RUSA DEL CURA ALEJANDRO DESALOJA A LOS POBRES»

Lo cierto es que luego de casi 20 años de litigio, los asesores legales del padre “Alex” consiguieron como mencionamos más arriba que la justicia autorice el desalojo de algunos de los ocupantes. En principio, los damnificados serían tres ancianos rusos semi analfabetos que residen desde hace décadas en la casona y según Saboulard habrían firmado por desconocimiento la conformidad del abandono de la residencia. De hecho el personal de la Comisaría 1E (Ingeniero Huergo 1512) que ingresó a la propiedad para cumplimentar el desalojo se encontró con tres almas en pena en una habitación a las que solo les sobraba pobreza. Autoridades judiciales, funcionarios de la Defensoría del Pueblo acordaron un impasse de por lo menos 48 hs para resolver la emergencia habitacional de estas personas ante el desalojo. Citaron al Padre Alex a una oficina judicial para continuar los trámites de la restitución del bien, pero se encontró con una sede judicial que estaría cerrada desde los comienzos de la pandemia. Desde entonces nada cambió. Consultado por este medio, Iwaszewicz sentenció: “nuestra mayor fortaleza para la recuperación de la casa es nuestra inconmensurable paciencia”.-

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