“Historias de conventillo”

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Sobre la Casa de Inquilinato de la calle Balcarce 1080, lo poco que se conoce es por narración oral de algunos vecinos. Prácticamente no hay imágenes o documentos que den cuenta de esta residencia donde convivieron una veintena de familias, con mayoría de inmigrantes italianos. El relato sobre las vivencias de algunos de sus habitantes nos sumerge a la cotidianidad de estos laburantes ruidosos que ayudaron a edificar los cimientos de nuestra Nación.

Un puñado de amigos juntaron unas pocas liras y se vinieron a “hacer la América” en la primera década del siglo pasado. Como otros aventureros arrancaron en el continente por Brasil, para luego continuar viaje en nuestro país. Uno de ellos, bastante picaflor, conoció a una mujer y decidió quedarse en el primer destino. En la madre patria había quedado la esposa, María Antonia y sus hijos. Años más tarde, Don Vicenzo Magaldi fue “rescatado” por su propio hijo que enterado de la situación y con apenas 20 años fue en búsqueda de su padre. Estamos hablando de Mansueto Magaldi, uno de los “tanos” que más tarde hicieron historia por las callecitas de San Telmo.

Padre e hijo se contactaron con los amigos del viaje inicial, quienes probablemente les consiguieron un lugar barato donde quedarse en alguna locación del barrio. Ni lerdos ni perezosos y con muchas ganas de progresar, aprendieron el oficio de “tachero”, actividad que les permitió ahorrar unos buenos pesos. Con esta denominación se hacía referencia a quienes soldaban casi siempre a domicilio y con estaño, todo tipo de artefactos de cocina y limpieza. Mansueto de 40 años conoce a la joven María Castelo de apenas 19 (Proveniente de “La Coruña”) y se van a vivir juntos en diferentes “piezas” del barrio hasta que llegaron por una “recomendación” a la casa de inquilinato de la calle Balcarce 1080. De esta manera allá por 1934, esta mujercita ahora de 24 años quedaría como encargada del inquilinato. De esta unión familiar con los años llegaron Tarquinia Magaldi (F) Irma Magaldi, Francisca “Panchi” Magaldi (F), Adriana y Elvira.

“Conventillo es el diminutivo de convento. Porque, así como los monjes habitan en celdas reducidas, en estas viviendas colectivas cada familia se agrupa en una pequeña pieza que da a un patio central”

Los Magaldi tenían el privilegio de ocupar dos piezas (una al frente por Balcarce), en una de ellas funcionaba el comedor y la habitación de la pareja, y en la otra llegaron a convivir las cinco hermanas. Mansueto consiguió trabajo primero como empleado en una carnicería en el Mercado de San Telmo y luego como encargado de su propio comercio que operaba en el Mercado Bullrich (Avenida Paseo Colón y México). El amigo arrancaba tempranito, todos los días a las 3:00 am para recibir las reses. Tenía por costumbre exigir que por lo menos dos de sus hijas los sábados a las 8:00 am pasen a buscar “carne”; con la particularidad que tenían que estar bien vestidas para que las vean todos los vecinos.   

Balcarce 1080, era una propiedad de Eduardo Donnarumma, también dueño de la fábrica de sombreros que funcionó junto a la Escuela Guillermo Rawson en Humberto 1º al 400. No se sabe con exactitud en que año comenzó a funcionar como casa de inquilinato, pero podemos inferir que fue uno de los primeros en el barrio. En sus orígenes fue poblado por inmigrantes casi siempre italianos que escapaban de miseria de la posguerra pero décadas más tarde confluyeron con migrantes del interior de nuestro país.

El conventillo estaba compuesto por unas 20 habitaciones que en realidad no estaban enumeradas. Tenías solo cuatro duchas, pero dos no funcionaban y todas se usaban con agua fría. El patio albergaba seis piletones para lavar ropa, cinco baños (excusados) y el frío se apaciguaba con calentadores a querosén. La luz se daba a las 18 hs o 19 hs según el mes. Había excepciones, si alguien tenía que planchar una camisa de urgencia, María levantaba una palanca por 15 minutos para que el vecino pueda salir de la ocasión. Las heladeras en los primeros tiempos no existían ya que su utilizaba un artefacto donde se depositaba hielo diariamente, que se compraba a Don Juan, “El Hielero”, que tenía su despacho al lado de la entrada del Mercado de San Telmo por la Calle Carlos Calvo. Con un pinche o gancho marcaba la barra y con un serrucho realizaba el corte que el vecino se llevaba a su casa envuelto en papel de diario. A veces las filas llegaban hasta Defensa y sí por alguna razón no llegaba la distribución para el local había que dirigirse a la calle Brasil a la altura de Ingeniero Huergo donde operaba el “Frigorífico Pampa”. No había instalación de gas (recién se instaló a mediados de lso años 50´) y por lo tanto se cocinaba y calentaba con carbón la comida y para ello se utilizaba “braseros” de época.

“Los conventillos nacieron entre fines del siglo XIX e inicios del XX, para albergar a la ola inmigratoria. En 1919 llegó a haber 2.470 con 148.393 habitantes”

Personajes y anécdotas inolvidables sucedieron en este “Yoti”, uno de los más conocidos del barrio. Dicen que entre los inquilinos descollaba en las festividades, Pedro Cornaglia (cuatro hijos) ya que andaba bien con el bandoneón. A fin de año los inquilinos solían cenar y festejar todos juntos, y para ello organizaban un banquete con “lechón y pollos” que se cocinaban a leña en la vecina panadería de Balcarce 1068. Los pibes Cornaglia les gustaba el Ajedrez y despuntaban el vicio en tableros que se disponían en la Plaza Dorrego.

Para que el lector pueda imaginar cómo se vivía en este sitio, podemos mencionar que en la otra habitación que daba a la calle Balcarce moraban Don Elías Espósito con sus cuatro hijos y José Cafiero, el cuñado que aportaba tres niños. En esta crónica se hace imposible detallar todos los habitantes, pero hagamos un esfuerzo: Amelia y Don José y sus cuatro hijos, uno de ellos trabaja como diariero, si no vendía todos los periódicos no era raro que su padre lo castigue, obligándolo a quedarse solo parado en el medio del patio por horas. La educación impartida por estos Tanos muchas veces rudimentarios y con poca instrucción no era nada fácil; pero sus hijos y nietos la valoran, respetan y recuerdan con cariño. Roberto Roldan laburaba como quinielero y le gustaban por demás las carreras de caballo, un “Burrero” de los de antes. Luis Izzo y Carmelina aportaban cuatro purretes, que seguramente habrán disfrutado de los “oleos” con motivos de paisajes Sorrentinos que realizaba Aquile Victorioso. También hizo historia en el conventillo Salomé Silva y sus hijas Cármen y Mónica activa militante de la Juventud Peronista (ver apartado) Ana o Naninna como se la conocía vivía sola y era una demandada “costurera” del barrio, Don Canosa con su esposa Celia tuvieron dos varones Roberto y Pedro; este último se casó con la hija del dueño de la “Carbonería” de Humberto 1º y Balcarce. El conventillo estaba repleto de personajes entrañables, pero también residían algunos considerados bastante “bravos” como los hermanos Chaine.  

La tanada solía reunirse para armar una Pomarola colectiva. En botellas de sidra se ponían los tomates peritas, pimientas, albahaca y se llenaban los recipientes de vidrio, para luego ser hervidos en una gran olla de zinc.

Mansueto fallece en 1967, años más tarde su mujer rehace su vida, pero siempre con la inestimable ayuda de Donnarumma. Luego de una vida de trabajo durísimo, logra comprar su propia casa en la calle Perú y México. Fue la última en irse del mítico Conventillo de Balcarce 1080. Ya no era negocio o por lo menos no para sus nuevos dueños (los hijos de Donnarumma) y de a poco se fueron vaciando las habitaciones y el patio regado de niños y niñas comenzó a espaciarse hasta que a fines del año 1978 cerró sus puertas definitivamente. Atrás quedó el bullicio de los niños y niñas de los juegos con agua del Carnaval y que para esa misma fecha se utilizaba una de las habitaciones para que se cambien las comparsas de Candomberos que luego desfilarían por las calles santelminas.

El predio estuvo muchos años cerrado y sin actividad hasta que fue comprado, reciclado y ocupado entre otras, por una familia con tradición política. Pero esa es otra historia.


A comienzos de 1871 las tropas argentinas que regresaron de la guerra del Paraguay trajeron la epidemia de fiebre amarilla. El foco infeccioso se concentró en el actual Casco Histórico de la ciudad donde se encontraban las residencias de las familias patricias que decidieron abandonar sus mansiones para trasladarse a Barrio Norte y Recoleta. Pero no regalaron estos palacetes sino que le encontraron un nuevo destino. Aprovechando el aluvión inmigratorio las casas fueron transformadas en verdaderos palomares, con habitaciones sin ventanas. Los conventillos, se convirtieron en un excelente negocio, ya que requería una baja inversión y existía una gran demanda, circunstancia que fue aprovechada por comerciantes, muchos de ellos extranjeros, que compraban, por poco dinero las casas abandonadas, o por sus antiguos propietarios, pertenecientes a familias de la élite porteña.


En Balcarce 1080 la Tanada no le dedicaba mucho tiempo a la política, pero si alguien preguntaba se autodefinían como “peronistas”, pero ni siquiera estaban empadronados. El 19 de junio de 1948, a través del Decreto N°20.564, nacía la Fundación de Ayuda Social María Eva Duarte de Perón, que pasó a la posteridad como Fundación Eva Perón. Dependiente del Ministerio de Trabajo y Previsión, el organismo se encargaba de distribuir libros, alimentos, ropa, máquinas de coser y juguetes a familias pertenecientes a los sectores de mayor vulnerabilidad social. Si bien duró hasta 1955, cuando Eduardo Lonardi y Pedro Eugenio Aramburu encabezaron el golpe de Estado, semanas después de la violenta “Revolución Argentina”, la familia Magaldi se animó y retiró una bicicleta prometida meses antes por Atilio Renzi, secretario privado de Perón. El obsequio fue producto de la casualidad, ya que Adriana Magaldi participó de una reunión de la UES (Unión de Estudiantes Secundarios) en la residencia presidencial de Olivos. Elvira nos transmite el relato de su hermana quien tenía entre sus anécdotas preferida, el recuerdo de Perón tomando un café en un vaso con el escudo argentino. El General le preguntó a Adriana si practicaba algún deporte en particular, y respondió que le gustaba el ciclismo. Ahí mismo redactó la carta con este y otro pedido adicional. El presidente guarda la nota en su bolsillo. Pero no todo fueron “alegrías”. Parece que había un reglamento no escrito, y el darle una carta delante del resto de sus compañeros/as le significó el retiro del “carnet” de la UES. Sin embargo a menos de una semana de este curiosa acontecimiento se acerca una persona hasta Balcarce 1080 con la esperada novedad: la familia tenía a sus disposición dos bicicletas y el 26 de junio de 1955 la pasaron a buscar por las oficinas de Austria y Aguero.  

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