DE AQUÍ A LA ETERNIDAD

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Habría elegido que Pepe Biondi siguiese con nosotros. También el negro Fontanarrosa, Cortázar, los Beatles y una lista más larga que mi propia memoria.

Decidiría que el Boca de Palermo y Riquelme juegue hasta el infinito. Y que Diego no degenerara en el Maradona de hoy.

Hubiese querido vivir hasta el fin de los tiempos la primavera democrática del ochenta.

Si por mí fuera, nunca moriría el Perón del abrazo con Balbín, el de la frase “Esto lo arreglamos entre todos, o no lo arregla nadie”.

Pero lo mío es una fantasía, un sueño; un sueño que trastocaría el orden universal. Sería como detener el tiempo.

En cambio, quienes gobiernan quieren perpetuarse en el poder, para conservar lo que ya tienen e incluso acumular más. Esa pretensión es real, palpable, visible.

Y elucubran planes para conseguirlo, sin importar los medios utilizados ni las consecuencias.

No advierten que el poder orada, desfigura, corrompe y mata. Ellos se la creen, mientras los gusanos de la ambición los corroe.

Pobres…

Ricardo Fuentes

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