AY, PATRIA MIA

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Alfredo CaserosAlfonsín apareció como el buen macho dominante, moderado y lejano del peronismo quilombero que terminó de asustar con la quema del cajón, que enarbolaba constantemente una combatividad pero no explicaba cabalmente hacia dónde, tapando la pelea constante de poder que solo Perón pudo detener (otro gran padre, otro gran presidente, indiscutible)

El dolor más grande de nuestro país, la alegría de la gente ante la caída de Isabel, que hoy todos niegan, la amenaza constante de las patotas, en fin, el negramente mágico mecanismo de muerte, que nos convirtió, y el pueblo atrás. "Ar-gen-ti-na, Ar-gen-ti-na", y los vítores a Galtieri, y el saludo a lo Pocho en la Rosada, y toda esa mezcolanza, como comida de perro de taller, que dejó 30.000 personas muertas, y que por su ausencia faltan.

Alfonsín aparecía como una especie de padre bueno, moderado simpático, de bigotes, sin ideas de revancha, un buen abogado de Chascomús, un tipo al que uno le gustaría abrazar.

Entre otras cosas; Alfonsín debió ser moderado, tuvo las presiones de ser el primer gobierno, en un país empobrecido por sus muertos, por el miedo al que estábamos acostumbrados, por la impunidad de los militares, que provenía directamente de la necesidad "de apagar la barbarie".

Cuando asumió Alfonsín, recuerdo haber sentido por primera vez la sensación de esperanza. La gente empezaba a militar en los partidos políticos y empezaba a creer que lo que había pasado no se repetiría.

¿Dónde estará Aldo Rico hoy, levantando insurrectos con maniobras vomitivas? ¿Qué habrá sido de Seineldín, y todos los militares mete-miedo que ofrecía aquella semana santa de mierda?

¿Que fue del ataque de la Tablada y todas aquellas porquerías que tuvo que lidiar este buen hombre?
Tengo un agradecimiento infinito al último presidente que tenía la altura, la pompa, el rango y la moral para hacerlo.

Me duele muchisimo en el alma la foto de la presidenta agarrándole la cara como si fuera un viejo acabado. Me gustaría que supieras, si no lo conociste, seas peronista o no, que en el está el último gran radical, realmente un gran hombre, un excelente político, un momentánea padre de los argentinos que estábamos rotos y vejados.

Hacerle un monumento en vida tampoco me gusta.

Te pido que busques en Internet el discurso que Balbín pronunció el día que había muerto Perón, al lado de una Isabelita que no aflojaba la barricada. Balbín, de línea Nacional, el mas radical de los radicales, decía: "Este viejo adversario, despide un amigo (…) frente a los grandes muertos". Escuchalo y se te van a poner los pelos de punta, porque existían fuerzas políticas antagónicas en este país, y aunque tal vez bastardeada existía la ética política. Acá tenés algo:

¿Quién tendrá la altura para despedir a un gran presidente como Alfonsín, si el referente radical que tuvimos últimamente era un gagá balbucéante que llegó al gobierno por la deserción de Chacho Alvarez?

Sea cual fuera tu extracción, querido subtenauta, en ese hombre tenés al último gran político romántico que tuvo la Argentina. Así que, señora Presidenta, con todo respeto, no me lo toquetee tan fácilmente, porque de esa manera y con esa simple acción, desmerece todo el homenaje que le hace a un buen guerrero ético que dio todo.

Un abrazón de Casero.

* Publicado en vespertino "La Razón" Sección The casero experimendo

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