MUCHAS PREGUNTAS Y UNAS POCAS CERTEZAS

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BushDesde principios de 2007 hay fuertes señales que muchos difundieron pero muy pocos atendieron, comenzando por las autoridades monetarias y los grandes fondos de inversión. La bonanza especulativa siguió navegando, y ahora, con tanta agua que pasó debajo del puente, se viene una sequía descomunal. Para colmo, en el lecho del río quedan muchas preguntas sin responder.

¿Y si dejan que el “mercado” actúe solo, si lo dejan “fluir”?

¿Que las fuerzas económicas tomen su curso, esperando que los desvíos se corrijan, para que a la larga se recupere la confianza?

Esa debiera ser la prédica económica liberal, ¿no? La que daría Adam Smith, algo así como el padre del liberalismo, quién en 1776 publicara su obra cumbre La riqueza de las naciones.

Pero claro, dirán muchos, esta es una situación excepcional, hay una crisis inédita, que afecta a todos. Lástima que las crisis, las de los países subdesarrollados, las de las regiones “emergentes”, y las de las grandes potencias también, las pagan quienes menos tienen, paradójicamente.

Ya lo sabemos por estas latitudes. En situaciones de crisis, los organismos financieros internacionales presionan por la aplicación de recetas recesivas. Ajuste es una palabra que suena a amargo en muchos países. ¿Por qué será que el FMI no obliga a los Estados Unidos a tomar de esta medicina, sino que ampara el desesperado plan de salvataje de la administración Bush?

Creo que Smith no se horrorizaría por la intervención del Estado norteamericano en el berenjenal económico-financiero, pero sí volvería a su tumba al ver que sus máximas autoridades destinan cientos de miles de millones de dólares para mantener a flote el sistema financiero, y salvarles las papas no solo a los inversores sino a los banqueros, a los grandes gerentes y a su elite burocrático bancaria. Para este multifacético escocés – que fuera economista, filósofo y astrónomo- una cosa eran los inversores, los accionistas, y otra los gerentes. Las empresas debían protegerse de las malas decisiones de su cuerpo gerencial.

Análogamente, los platos rotos de la fiesta deben pagarla los Bancos, dicen muchos demócratas en los Estados Unidos, y no la totalidad de los contribuyentes (que de todos modos trasladarán al resto del mundo).

Bolsa de ComercioOtro economista, en este caso inglés y del siglo pasado, John Keynes, decía que cuando una persona le debía mil libras esterlinas a un Banco y no le podía pagar estaba en problemas, pero que si debía un millón y no podía pagar, el que estaba en problemas era el Banco. Hoy hay millones que están en esta última posición y por eso el sistema está en problemas pero, en tanto, además del salvataje a las entidades financieras, pretenden indemnizar a los que instrumentaron todo esto junto con todos los teóricos “neoliberales”.

¿Es justa esa decisión? Solo pensemos a quiénes representan –verdaderamente- los dirigentes políticos que toman esa tipo de medidas. Del mismo modo, ¿quiénes son los que califican la credibilidad financiera de las naciones? ¿Por qué no se habla del riesgo país del principal país del mundo? ¿Por qué será que solo sube el índice –como calificación negativa- de aquellas naciones que buscan letra en textos distintos al del libreto económico impuesto?

Muchas preguntas, muchos cientos de miles de millones en juego, muchos cientos de millones de personas que, sin comer ni beber de la fiesta, la pagarán de todos modos, hipotecando su presente y el futuro de sus descendientes, como otras veces.

*Contador Público. (Fac. de Ciencias Económicas –UBA)

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