¿GANAMOS O PERDIMOS?
La futbolización de la contienda y la distorsión ideológica.

Compartir!

Ganamos o Perdimos. La futbolización de la contienda y la distorsión ideológicaAllí, en un capítulo titulado “El usuario y la huelga”, corrobora cómo, a través de la cobertura de huelgas por parte de los medios periodísticos, se tomaba como punto de análisis la afección al “usuario” de las medidas de protesta y no la acumulación de datos históricos que sirven para comprender el por qué de la huelga. De esta manera, la distorsión ideológica efectuada por los medios transfiere la discusión desde las situaciones de injusticia que llevaron a la protesta hacia la responsabilidad de los que efectúan las medidas (obreros), provocando (o intentando provocar) el disgusto de los usuarios para / con los huelguistas.

Este sencillo mecanismo – basta echar ojo a cualquier matutino para darse cuenta de la intensa actualidad que posee – es una de las formas retóricas que los medios de comunicación utilizan para esquivar del centro de la mirada las causas y consecuencias de la situación conflictiva. Otro, como vimos en el conflicto con el campo, son las estereotipaciones. El poder de los calificativos hacia los sectores sociales en pugna  simplifica la realidad político-social-económica que se dirime y además puja por “futbolizar” la contienda generando detractores y opositores. Distintos modos de corporizarse tiene la ideología. Por supuesto todas a través de los significantes y los discursos. Pero el pasaje de la ideologización a la movilización que supone la aceptación (consciente o no) de esos discursos va formando a través de las capas de sentido distintas deformaciones que impiden llegar “de lleno” al núcleo duro de la cuestión.

La actualidad de Barthes

Como vimos con Barthes, una cosa es titular en un periódico “Reclamo docente por aumento de salario” y otra muy distinta “Miles de alumnos afectados por paro docente”. La lógica empresarial subyacente a cualquier emprendimiento periodístico que juega en el mercado se superpone a la ética de la profesión o la historización de los acontecimientos. Esto mismo sucedió con el “conflicto con el campo”, en donde con el correr de los días y los meses vieron más pantalla las referencias a la militancia social peronista o la cacerolera clase media que a las aplicaciones de las retenciones como herramienta necesaria de un Estado que tiene el derecho de garantizar el equilibrio en los mercados y la generación de beneficios sociales.

Sandra Russo en Página 12 fue la primera en decir que TN Noticias se dividió la pantalla titulando por un lado “el campo” y por otro “militantes K”, en clara alusión al clientelismo con que se supone que los manifestantes por el Gobierno vigilan la votación en Senado y el supuesto espontaneísmo del “campo”. Una vez terminada la discusión en el recinto de la Resolución 125 (negativa de Cobos mediante), la sociedad pide por la pacificación y el garantismo de la institucionalidad.

La ruptura que Barthes dice en “El usuario…” y la ruptura promovida por los medios en la actualidad provoca, por un lado, la participación de actores sociales espontáneos que “odian” a todo aquel que se manifieste y no forme parte del universo “nosotros” (que no carece de inestabilidad identitaria) y, por otro, la imposibilidad de pensar en conjunto de qué manera la desigual distribución de la renta afecta no sólo a unos, sino a muchos.

¿Y por debajo de la superficie?

En el medio, o por detrás, han quedado las discusiones específicas de qué sucede con la renta agropecuaria, cuál es la situación del pequeño y mediano productor, qué condiciones laborales poseen los más desfavorecidos en la escala social (como los chacareros o los jornaleros) y un largo etcétera que no parece encontrar asidero en las políticas cortoplacistas del actual gobierno. Mucho menos en la hipocresía encarnada en los sectores “del campo” que no admiten que el actual marco del Estado de Derecho que tanto critican es el que los amparó para las ganancias extraordinarias que obtuvieron en los últimos años y, asimismo, fue el modelo devaluatorio oficial el que impulsó su posicionamiento en el mundo como hace mucho tiempo no impulsaba.

Punto aparte merece el comportamiento parasitario de la clase media. Esta clase, que históricamente se ha definido no sólo por su capital cultural sino también por gastos suntuosos (aquellos que no corresponden a las necesidades básicas) no se dio la  oportunidad de alejarse por un momento de la pirotecnia mediática y notar que es la mejora macroeconómica del gobierno kirchnerista la que incentivó la recomposición del mercado interno y mejoró paulatinamente su situación.

El panorama dista de ser pacífico y cohesionado. La prueba de fuego que decretó en marzo el ex ministro Lousteau ha modificado el escenario político y social argentino. Sin embargo, queda en la cintura política del gobierno de Cristina K. avanzar o no en el supuesto programa de redistribución que tiene y el “modelo de país” que se propone. A pesar de las profundas diferencias de matriz que separan a Argentina del resto de los países del continente, quedará en las manos del Ejecutivo la posibilidad de sumarse al proyecto nacionalizador y estatista de los países vecinos, o quedar a medio camino entre un reformismo discursivo y porcentajes mayores o menores de unas retenciones que, dicho sea de paso, no comportan por sí solas el verdadero significado de la distribución del ingreso.

* Redacción Alerta Militante

Imagen: Indymedia Argentina

Compartir!

Comentarios

Comentarios