EL ENEMIGO DE LA VERDAD NO ES LA MENTIRA, SINO EL MITO

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El intento oficialista de modificar el régimen de retenciones al campo, cargado de impericia política, había dañado nuestra economía durante el 2008, mucho antes de que se sintieran en el país las consecuencias comerciales de la crisis internacional de las hipotecas.

Se sumó la falta de lluvias  – la mayor sequía de los últimos 70 años – que afectó la producción agropecuaria de nuestro país durante 2009. 

Esos tres factores, la impericia oficialista, la sequía y luego la crisis internacional, llevaron al triunfo opositor en las elecciones de 2009, siendo el principal derrotado Néstor Kirchner en la Provincia de Buenos Aires.

La culminación del conflicto con el campo, las condiciones meteorológicas favorables, la morigeración de la crisis internacional, un tipo de cambio todavía alto, sumados a una agresiva política oficial contracíclica, fiscal y monetaria, llevaron a la economía argentina a salir de la recesión y a retomar un vigoroso sendero de crecimiento a tasas chinas.

 

Cristina fue reelecta.

2012.

Por primera vez en los últimos diez años, la economía argentina dejó de generar dólares. La inflación se comió el tipo de cambio competitivo. Argentina no crea más empleo. Sufre la industria, pero sufre especialmente el incipiente y pujante sector de servicios que exporta productos no tradicionales.

El mejor ejempo: la industria del software. 

Este sector demandó mucha mano de obra -especialmente de jóvenes– durante los últimos 10 años, y empieza a ser significativo en las cuentas externas del país. 

Con el tipo de cambio apreciado, estamos tirando a la basura capacidades productivas extraordinarias, que requieren mucho tiempo y esfuerzo para ser desarrolladas y que son estratégicas para el futuro.

 

El gobierno tiene dos caminos:

a. recuperar las condiciones que hicieron crecer la economía después del 2001, volver a basar la economía en la exportación con un tipo de cambio competitivo, desendeudados, sin dependencia de los capitales externos.

b. insertarse en el sistema financiero global, retomando el populismo de mercado que el peronismo ya aplicó en los 90 con las consecuencias que todos conocemos.

La tercera opción, las restricciones a las importaciones, cerrar la economía, es imposible. 

Es negar la realidad, es un pasaje de ida al estancamiento económico. 

Nos acompaña en este viaje al no crecimiento, una inflación muy alta -producto de años de incompetencia en el manejo de los precios- que castiga a los que menos tienen, que deteriora aún más el tipo de cambio.

El peronismo, luego de más de 22 años en el poder –sólo interrumpido durante 22 meses por el breve e infeliz paso por el poder de la Alianza-, se ha quedado sin ideas.

Matías Fernández está pensando en poner en venta sus propiedades. 

Hace cuentas y se frota las manos.

 

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