Presupuesto educativo: asignatura pendiente

Como viene ocurriendo en los últimos años, son pocas las voces que aprovechan este momento para revertir posibles debilidades del presupuesto. Probablemente lo que falte es cierto nivel de audacia e “inclinación revulsiva” de algunos actores para salir del “conservadurismo” imperante

 

Durante la presentación de los montos del presupuesto educativo, en gráficos, surgió una de ellas: en un cuadro comparativo 2011-2012 de los gastos clasificados según su carácter económico, se muestra la abismal diferencia de los recursos que se le asignan a los diferentes tipos de gastos en materia educativa.

 

 En el presupuesto, los gastos previstos se clasifican de diversas maneras. Una posible: “según su carácter económico”. Mirado de esta manera, el presupuesto se divide en “Gastos corrientes” (o gastos de consumo) y “Gastos de capital” (que contribuyen a ampliar la infraestructura social y productiva, e incrementar el patrimonio público). “Gastos corrientes” es pago del salario de un docente o la compra de tizas. “Gastos de capital” es construcción o reparación de una escuela o compra de una computadora.

Volviendo al tema principal, llama la atención que casi se haya “naturalizado” la asimetría histórica y estructural que tiene Educación entre ambos tipos de gastos y que se renuncie a buscar mecanismos que aceleren la reparación de esa distorsión.
Es cierto que como producto de que la Educación requiere “mano de obra intensiva” (con cada grupo de alumnos siempre deberá existir uno o más docentes) el rubro Salarios (Gastos corrientes) se muestra “desproporcionadamente mayor” al gasto en proyectos de inversión (Gastos de capital) en el área como podemos verlo en el siguiente gráfico.

 

  

 

 

Pero no es menos cierto que en los últimos 10 años, aún con un marcado crecimiento nominal (casi 9 veces) y real (casi 4 veces), los comportamientos de las componentes del presupuesto educativo han acentuado las distorsiones o como mínimo no se ha logrado revertirlas…

 

El gráfico nos muestra tres elementos: Gastos en personal (en sí un tipo de gasto corriente), el resto de los Gastos Corrientes y Proyectos de Inversión (Gastos de capital). A simple vista podemos ver que la partida para el pago de salarios tiene un comportamiento menos flexible frente a cambios económicos. Construiremos o no, repararemos o no edificios escolares, compraremos más o menos tizas o papel, pero nunca dejaremos de pagar salarios docentes mientras haya alumnos.

Tomando como punto de partida el déficit de infraestructura social que posee la Ciudad, según la actual gestión, si mantuviésemos esta tendencia por los próximos 5 años, el monto al final de la serie alcanzaría para hacer poco menos de lo mismo…

¿Qué queremos decir con esto? Si seguimos invirtiendo más o menos lo que estamos invirtiendo, la brecha no se achicará sino que se ensanchará y en pocos años, casi con seguridad, volveremos a tener los mismos inconvenientes que hoy tiene esta gestión, por ejemplo con la infraestructura escolar.

 

Pero en este caso, el problema no es exclusivamente estructural o exógeno: el fuerte crecimiento nominal del rubro Proyectos de Inversión entre los años 2010 y 2011 se explica por la inclusión de $180 millones para la adquisición de netboocks, notebooks y la provisión a escuelas de sistemas de Internet inalámbrica. La meta física del programa para el presente año sigue siendo 160 mil alumnos, con lo que los fondos comprmetidos para ello crecen a $ 245 millones. El auspicioso programa requiere de fondos anuales de aquí en adelante que, si son considerados técnicamente “inversión” tal como aparece, podrían estar utilizando recursos que antes o se dedicaban a infraestructura o en el mejor de los casos, no existían. De hecho, las partidas de Construcciones y Mantenimiento sumadas entre sí no han sufrido grandes variaciones nominales en estos últimos 3 años: $420 millones en 2010, $458 millones en 2011 y $429 millones para el 2012, sin aplicar el efecto inflacionario, por lo que el incremento real de inversión en infraestructura podría considerarse nulo o negativo.

Asignar recursos estratégicamente es parte de la decisión conjunta entre Ejecutivo que propone y Legislativo que aprueba. Se vuelve así, impostergable aplicar creatividad para imaginar nuevos métodos de asignación de recursos fundamentados en criterios técnicos y no sólo basados en la tendencia histórica del gasto en Educación, algo que viene sucediendo desde hace años en la Ciudad. Algo tendremos que hacer para que el presupuesto educativo no termine, en pocos años, siendo solo para pagar salarios de maestros y comprar computadoras… Estoy seguro que repararemos pronto en esta asignatura pendiente.

Por Flavio Buccino 

Ex Director de la Comisión de Educación de la Legislatura porteña

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