Los negros no existen… pero que los hay… los hay.

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Las barriadas de San Telmo y Montserrat fueron testigos presenciales de la vida cotidiana de los negros en la Buenos Aires colonial.

Un promedio de las principales investigaciones nos permite inferir que por lo menos 12.000.000 millones de Africanos desembarcaron en Latinoamérica en la etapa colonial mediante el tráfico de esclavos.

La mayoría perecían en barcos por inanición, deshidratación, suicidios y enfermedades propias de la inhumana promiscuidad a la que eran sometidos en esas interminables travesías.

Los «privilegiados» que llegaban vivos al puerto del Río de la Plata lo hicieron en condición de esclavos para realizar tareas rurales, ganaderas, y todo tipo de trabajo doméstico para el bienvivir de los terra-tenientes.

Para la historiadora Leticia Maronese, si bien «el hecho de haber participado en las confrontaciones bélicas provocó un gran decrecimiento de la población afro-argentina, de todas maneras no es lícito hablar de desaparición de los negros en la Argentina, como lo hacen muchos propagadores de ideas, de manera superficial y sin rigor científico».

 

Gabriel Santagata y Claudio Artigas. Fotos AM

La primer estimación literaria sobre la población negra la encontramos en «Concolorcorvo» de Alonso Carrió de la Vandera, quien estimó para 1770 un total de22.207 habitantes, de los que calculaba como negros y sus castas a 11.975, o sea, prácticamente la mitad de la población.

El censo de 1806, que si bien tenía fines militares, arroja las siguientes cifras: 26.163 habitantes siendo la cuarta parte, o sea 6.541 esclavos o pertenecientes a las castas de negros.

El antropólogo Pablo Cirio afirma que en 1887 se realizó el último censo nacional en el que se cuenta a la población negra de manera diferencial. Después de ese año los censos no incluyeron la categoría «negro» al mismo tiempo que se agregó el ítem «trigueño», que significó un evidente mecanismo de invisibilización de la negritud y evidencia un recorte ideológico de época.

Pero entonces ¿Cuándo comienza el proceso de invi-sibilización de la comunidad afrodescendiente?. Sobre todo a partir de 1880 se impuso la teoría de que Argentina era un país blanco. «Muchas veces he escuchado decir que los Argentinos hemos bajado de los barcos. Bueno la verdad es que los negros también bajaron de los barcos» afirma Maronese. 

«Los negros (esclavos) es necesario aclarar también disminuyeron porque no buscaban tener hijos. De hecho les era muy difícil formar una familia, pero sí era más fácil que blancos tengan hijos con negras. Como los patrones de estancia que tenían hijos con los aborígenes» agrega la historiadora.

Según Cirio en la actualidad la población negra representaría el 4% de los habitantes de nuestro país. Los afrodescedendientes para darse cuenta quienes son sus pares, no se fijan solo en el color de piel o en el cabello (el enrulado o tipo mota es solo representativo del africano).

Una investigación de Alejandro Frigerio asegura que la definición negro, mulato o pardo, depende en gran medida de la lógica de la clasificación racial imperante en la sociedad. «Si fueran ciudadanos norteamericanos, sin embargo, todos ellos serían considerados negros. En nuestro país es más importante el color antes que el origen. La clasificación racial de la mayor parte de los individuos varían de acuerdo a la particular situación socio económica, el contexto en el que se hallen y a su propia construcción identitaria».

La comunidad afrodescendiente no promociona o por lo menos de manera eficiente la historia y presente de su cultura. En opinión de Maronese esto sucede porque «ellos mismos buscaron el blanquearse para ser aceptados. Las negras querían tener hijos con blancos. Al principio porque dejaban de ser esclavos y luego porque su propia situación social mejoraba mucho».

En los últimos años comenzó a cambiar el término peyorativo de lo negro con un concepto más «progresista». Maronese entiende que «en la actualidad hay una visión políticamente correcta que valora la interculturalidad. Ya no solo negros participan de las llamadas de tambores además creció la participación de las mujeres y creció en sectores de la clase media.

Las nuevas comunidades tienen una postura más demandante. Las llamadas de tambores son como una puesta en escena una teatralización de la cultura.

*Director Alerta Militante

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