Wilde y el desvío de la discusión política

La globalización y el elogio de la seguridad

“Seguridad/inseguridad” en el último decenio se ha convertido en el punto nodal de la discusión en la opinión pública y la tensión de ese binomio es protagonista en el reguero continuo de páginas y páginas de la prensa nacional y horas de pantalla en los medios. No es casual que esto ocurra, en tanto Argentina como país –a pesar de que suene a obviedad- no es ajena a los vaivenes del escenario internacional. La globalización como modo de acumulación que encontró el capitalismo para extender su agonía desde 1973 produjo no sólo modificaciones a nivel estructural y desarrollo de nuevas prácticas laborales sino también la extensión en la vida social de discursos relativos a la cuestión de la seguridad. La caída de las Torres Gemelas en 2001 en Estados Unidos provocó una suerte de dislocación del discurso neoliberal: el Estado puede quedarse a un costado para dar rienda suelta al libre mercado, pero eso sí, necesita estar presente (en forma de guerras, producción armamentística, etc) en todo lo referente a “garantizar la seguridad de los ciudadanos”.

Marcha en Wilde por la seguridad

Wilde, o la actualización mediática de un eterno problema

La última semana, a partir del asesinato de la arquitecta de Wilde que recorrió todo canal de expresión de los medios (privados y públicos), vuelve a ponerse en el centro de la escena el reclamo por más seguridad. Como todo término que se disputa el sentido según los sectores sociales que existen en escena, los oportunistas de siempre piden un reforzamiento del Estado en materia de seguridad y virlan el debate político llevándolo hacia el lado netamente judicial y criminalizante. Por otro lado, los vecinos atemorizados desarrollan como este caso movilizaciones populares legítimas pidiendo responsabilidad política y atacando a la comisaría en cuestión. El hecho no es menor: que la víctima sea de clase media pone en foco mediático toda cobertura que sea necesaria, pero también habilita a dar debates necesarios sobre la connivencia entre el poder político y el delito que es materia cotidiana sobre todo en la Provincia de Buenos Aires. Como bien señaló el especialista en medios Carlos Mangone en un artículo de marzo pasado: “(…) la reflexión acerca de la conducta de los medios debería pasar por su responsabilidad no tanto en la exageración de los temas rojos sino en advertir su débil protagonismo para ayudar a discutir e investigar por dónde andan las causas profundas y la soluciones reales”[1]. Es decir, si existe alguna coincidencia en las políticas públicas del Estado y el protagonismo mediático en el tema de la seguridad es el silencio respecto de los verdaderos responsables de la inseguridad.

En una viñeta del humorista Langer en el último número de la Revista Barcelona se pone en evidencia el verdadero debate y no sólo eso, también pone en tapete el protagonismo mediático en torno a la temática: un joven intenta asaltar a un señor advirtiéndole que es el capo del hampa y que anduvo por los programas televisivos más conocidos por ser ladrón, por lo tanto que le de toda la plata, a lo que el señor responde que no se meta con él, porque es el comisario de San Isidro y sin él, el joven no tendría trabajo. A pesar de lo que mucho medio cree o difunde malintencionadamente, cuando aparecen casos de inseguridad relevantes (reproducidos en todo medio, ampliados, editorializados, exagerados) fundamentalmente tienen que ver o con familias ricas o de clase media alta que realizan venganzas “pasionales”, o tienen algún componente del vínculo entre el poder político y la delincuencia.

Es decir, el debate se centra en reforzamiento de las penas carcelarias para los jóvenes, envío de gendarmería para apoyar a la Policía (como en el caso de Wilde[2]), protagonistas nefastos que piden la mano dura (Blumberg nuevamente aquí, o Gabriel Lombardo en el caso del joven desaparecido Luciano Arruga en Lomas del Mirador), “infiltrados” que nombra el ministro de seguridad de Stornelli, etc. Pero nunca el debate focaliza en el verdadero problema: los desarmaderos de autos, la complicidad del Estado, las pujas de poder dentro de las clases dominantes (es el caso del primo de Macri y las escuchas telefónicas), los numerosos dividendos que otorga la seguridad a las empresas privadas muchas veces regenteadas por ex partícipes de la última dictadura militar.

Un programa en serio contra la inseguridad

Recapitulando, entonces, existen numerosos artificios retóricos que encubren la necesidad que tienen los sectores económicos concentrados y el poder político para evitar el debate sobre la inseguridad. No sólo la “ineficiencia policial” o el “abuso de poder” (que lleva a demonizar a díscolos que no van con el espíritu institucional) sino también la falacia de la “participación ciudadana” o “venga a hablar con el comisario”[3] que termina casi seguro en algún mapa del delito de De Narváez – con la comprobación empírica que se trató de iniciativas falsas de toda falsedad tendientes a la criminalización y juzgamiento de todo “sospechoso”. Estos artilugios discursivos impiden la totalización del análisis y la denuncia política más amplia. Lo que se debe esta sociedad, en vinculación íntima con el contexto económico-social de estos días, es un debate serio y político respecto de la inseguridad cotidiana no sólo producto de asesinatos, robos o secuestros, sino y fundamentalmente sobre la falta de salud, vivienda y empleo digno que devuelvan a los sectores desfavorecidos (en la práctica enormes ejércitos de reserva de las políticas nefastas de narcotraficantes, desarmadores de autos, comisarios cómplices y dirigentes corruptos) a la posibilidad de constituirse como sujetos dignos de una sociedad que hasta ahora les ha dado la espalda.

Joaquín Cardoso

21 de noviembre de 2009

 

 

 


[1] “Medios: un punto de vista fuera de foco”, Diario Miradas al sur, 8/3.
[2] “Wilde: envían a la Gendarmería para combatir el delito”, Diario La Nación, 21/11.
[3] Represión en democracia: de la primavera alfonsinista al gobierno de los derechos humanos, María del Carmen Verdú, Herramienta Ediciones, 2008.

* Redacción Alerta Militante

Comentarios

Comentarios