Editorial |
por Joaquin Cardoso * |
¿ESTADO O MERCADO? |
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Trenes, subtes, docentes. El Estado como garante de los servicios básicos de los ciudadanos, contrasta con un discurso que impregna con fuerza en el imaginario social, y que pugna por un Mercado mágico y de soluciones efectistas.
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Las noticias de las últimas semanas sobre la reestatización del ferrocarril Roca (después de la indignación de los pasajeros), el arreglo entre docentes y Estado en Santa Cruz, y el paro de los empleados del subte, actualizan la vieja dicotomía entre el Estado como garante de los servicios públicos, o la “libre competencia” mercantil que hace más de 200 años se cree que regula por sí sola las fuerzas competitivas de la economía.
En la Argentina del 2007, electoral, pero con más ímpetu en la Buenos Aires colapsada por las diversas ‘malas praxis’ en materia urbana, se están acelerando las condiciones para llevar a cabo una práctica olvidada por mucho tiempo: LA ESTATAL.
En un contexto macroeconómico favorable, se torna casi imprescindible la actuación del Estado como corrector de los vaivenes del Mercado, sobre todo en lo que atañe a los sectores aplazados.
Haciendo memoria
Para entender la situación actual y el pedido de ACCIÓN al Estado, tengamos en cuenta el proceso destructivo que tuvo lugar en la década pasada. La liberalización económica implementada en la década del 90 (con fuertes prebendas de los recursos pertenecientes al país), postergó tanto a los jóvenes que fueron afectados por la Ley educativa del 94, como a los trabajadores que (privatización mediante) quedaron en la calle inaugurando una nueva manera de hacer valer sus demandas (el piquete en Cutral Có en el 97). Hoy, 10 años después, no alcanza con las medidas simbólicas que consagran televisivamente la palabra derechos humanos, sino que se necesita de medidas económicas distributivas que lleguen a la base de la pirámide social.
Hasta el momento, el gobierno de Kirchner se dedicó a sanear a grandes niveles la economía del país, “derramando” hasta abajo los beneficios de la acumulación del superávit fiscal, pero NO re-configuró totalmente el panorama laboral, en tanto el 44% de los trabajadores está en negro, sin ningún tipo de prestación social ni reconocimiento. Para no agotar nuestras posibilidades como ciudadanos, deberíamos exigir en un –casi seguro- segundo mandato, políticas distributivas REALES que garanticen no sólo lo mínimo necesario (alimentario) sino también reformas de tipo estructural que incorporen a los más pobres, educativa y culturalmente.
Estado / Mercado
Ya sea las personas identificadas con el progresismo, como los que están ubicados a la derecha de la problemática social, ven al Mercado como buen garante de las fluctuaciones y comportamiento de la economía, y califican de “autoritaria” la participación estatal. Con un 40% de personas por debajo de la línea de pobreza, y más de 2/3 partes de la “clase media” que apenas superan la canasta básica familiar de 914 pesos, pedir nuevamente un retiro del Estado sería un reclamo ciego con abundancia de hipocresía.
* Redacción Alerta Militante