Entrevista |
por Luis Gasulla * |
Entrevista a María Elena Naddeo |
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Desde el sexto piso del despacho aledaño a la oficina donde trabaja la presidenta del Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes de la Ciudad, se divisa la ciudad en su plenitud. Hacia la izquierda se observa la pirámide de Mayo testigo privilegiada de tantas marchas de las Madres; hacia la derecha, la multitud corriendo como hormigas en busca de llegar a horario a vaya saber dónde. Sin embargo, en ambos sentidos, sobre las escalinatas de la Catedral, en la esquina de Florida y Diagonal Norte, las mismas caras, las mismas expresiones; la desdicha de ser los desamparados niños de nadie más que de la calle, esa mezcla de pavimento, frío, ausencia y soledad de miles de ojos viendo sin mirar.
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![]() La caravana de los casi 400 pibes y educandos que partieran el 7 de mayo de Puerto Iguazú en la provincia de Misiones y recorrieron Corrientes, Chaco, Formosa y Santa Fe, finalizaron la marcha con un multitudinario acto en Plaza de Mayo. El viernes 18 de mayo fueron recibidos por una multitud que denuncia la situación de extrema pobreza de nuestros niños. Alerta Militante participó de la marcha junto a o una centena de organizaciones sociales. |
Leí, en un artículo suyo publicado en la web del Gobierno de la Ciudad, su explicación sobre la nueva concepción de los niños –plenos derechos- ¿De qué trata esta concepción y cómo nace el Consejo que usted preside?
La protección de derechos de niñas, niños y adolescentes se basa en la doctrina de la Convención internacional de los derechos del Niño lo que significa que en el Consejo aplicamos un modelo de intervención que tiene que ver con restituir derechos vulnerados de los chicos, por eso nuestros equipos profesionales deben evaluar y prestar la asistencia necesaria para posibilitar que los chicos y sus familias accedan a los derechos consagrados en la legislación. En la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires, ya se previó, en el artículo 39, la creación de este organismo como un lugar especializado en articular las políticas públicas de la infancia, que adopta medidas de protección frente a las situaciones concretas de vulneración de derechos y que tiene unidades descentralizadas en los barrios de la ciudad. La constitución porteña es del año 1996 pero, luego, la primera legislatura sancionó la ley 14 que es la que nos rige y es la que crea el Consejo. Esta ley es muy avanzada desde el punto de vista de las otras provincias (excepto Mendoza y Chubut que ya tenían una ley similar) ya que busca intervenir de manera distinta que la tradicional.
¿Cómo se hace para combatir contra esa visión generalizada en la sociedad de que los adultos deben tutelar a los niños –incapaces de decidir por sí mismos y cumplir con lo que se refería anteriormente, el adulto como garante de los derechos del niño?
La vieja doctrina es la que se conoce en la Argentina como la “del patronato” que se había cristalizado en una vieja ley de 1919 la cual sostenía que los menores debían ser tutelados por el Estado y por los adultos en general. Eso conlleva a que cuando los menores están en riesgo moral o material, es el Estado quien debe resguardarlos en instituciones. Este modelo tutelarista no le reconocía derechos a los chicos ya que eran considerados objetos de tutela, y no sujetos con derecho a expresarse, a señalar su opinión y manifestar con quién quieren vivir, por ejemplo. O sea que, con aquella ley, se dependía del poder omnímodo de la justicia. Así miles de chicos iban a parar a instituciones cerradas en las cuales pasaban toda su vida hasta la mayoría de edad, dispuesto por la justicia, sin poder dar su opinión ni ser escuchados por los propios juzgados. Esta ley de patronato de menores, recién fue derogada, en el orden nacional, en el 2005 con la ley 26.061. Así que en los años anteriores existía un tratado internacional, por un lado, que decía una cosa, leyes provinciales por el otro y nuestra ley, lo que generaba muchas discusiones y conflictos entre los equipos profesionales de la ciudad que aplicábamos la ley 114 desde 1998 y, luego con la creación del Consejo en el 2000, y los jueces civiles y penales que aplicaban la ley de patronato. Por lo que te comentaba, durante todos estos años, una de las principales causas de lucha, pasó por desjudicializar la pobreza, o sea numerosas intervenciones de la justicia en la vida del niño que se basaban en razones económicas y no de patria potestad ni de violencia; entonces lo que hicimos fue diferenciar: lo que le corresponde a la justicia son los casos de violencia intrafamiliar, conflictos de padres e hijos, etc.; pero las cuestiones sociales, culturales y económicas que las resuelvan las políticas públicas mediante programas sociales. Este fue uno de los ejes centrales y el otro fue terminar con las instituciones cerradas, endogámicas, generadoras de nuevas situaciones de violencia y que privaban de la libertad a los chicos. En su lugar buscamos la creación de hogares pequeños y abiertos donde los chicos que no tengan familia continente puedan vivir yendo a la escuela del barrio. Este es el modelo que se está aplicando.
¿Cómo calificaría esta aplicación en la práctica?
Tenemos una legislación que ha avanzado positivamente aunque de manera lenta en ponerse al día, en actualizarse y por eso hubo muchos conflictos en las intervenciones judiciales como nuestras. Por otro lado, hubo un momento en que el país retrocedió en todos los aspectos sociales por lo cual plantear la inclusión de los chicos en el grupo familiar, cuando llegamos a tener en el 2001 casi 2/3 de la población infantil debajo de la línea de pobreza, fue mucho más difícil aplicar el paradigma de protección integral en un contexto así. Hoy por hoy, los chicos no están privados de su libertad salvo aquellos que tienen conflicto con la ley penal y son internados en institutos de menores –otra problemática que se está trabajando-. A su vez, falta desarrollar algunos programas sociales, más universales, ya que no alcanzan con los planes de jefas y jefes ni tampoco alcanzan las políticas de viviendas actuales, ya que la situación de chicos y familias en calle no cede, no retrocede, sigue intacta en cuánto a su dramaticidad. Falta también una política de empleo para los sectores menos capacitados porque la mayoría de los chicos que atendemos, si tuvieran papás y mamás con empleo y vivienda digna, no estarían con las problemáticas que tienen hoy.
Usted es titular del Consejo desde que se creó en el año 2000, ¿cómo fue presenciar la crisis económica, política y social en su puesto en donde se intenta proteger a aquellos que están más expuestos a los vaivenes y a las decisiones de los adultos? ¿Cómo se está hoy en relación a ayer?
Desde el punto de vista de los derechos de los chicos estamos en mejores condiciones que en los `90, década en donde se arrasaron con muchos derechos, con el neoliberalismo y el menemismo y que continuó con la eclosión de la Alianza por no haber podido revertir aquel modelo y esas políticas. Entonces el retroceso social fue muy duro y, cuando se creó el Consejo, notamos que la cuestión económica y social era central; se mantuvo constante a lo largo de estos años en cuánto al tipo de demanda, de problemática que presentan los chicos atendidos. Después, con la recuperación de la estabilidad y gradual de la situación social y económica, empieza a haber también una mejora en la situación de los menores. El problema es que la franja más golpeada (30% de población pobre infantil que existe en la Argentina) es ya estructural ya que sus padres e, incluso, sus abuelos han sido pobres y están excluidos de empleo y vivienda digna. Por eso, la recuperación de esa importante franja de la población es muy lenta y difícil y se necesitaría una política mucho más activo y de forma nacional. O sea, se observa recuperación en los sectores comerciales, del campo, de servicios, en el sector medio, medio/bajo pero no así en los sectores populares. En los chicos de sectores bajos y medios/bajos observamos que hay nuevos conflictos que se fueron acelerando durante la década del `90 con el arrasamiento del Estado y el individualismo extremo. Estos daños se relacionan con la creciente angustia adolescente, el menor trabajo solidario y las expresiones políticas y culturales de los jóvenes son es casas o cuando se expresan, lo hacen mal o en una falta de entendimiento con los adultos. Esto se nota mucho en las relaciones intrafamiliares, en los clubes y en las escuelas. Hay una generación de adolescentes que son producto de la última historia argentina y tienen muchos déficits y carencias que debemos estudiar más y mejor.
En una ponencia suya sobre las problemáticas infantiles y adolescentes que remarca las crecientes diferencias entre los sectores norte y sur de la ciudad en ¿A qué atribuye el aumento de las diferencias entre los barrios de la Capital Federal con respecto a la pobreza, vivienda e indigencia?
El tema de los barrios de la zona sur y carenciados de la ciudad de Buenos Aires tiene que ver con no haber podido sostener una política activa de urbanización por la crisis del 2001. Lo que se hizo muy bien fue apagar incendios ya que no hubo situaciones de desnutrición infantil grave e incluso se hizo un programa de monitoreo y situación de riesgo de desnutrición que incorporó a más de 300 chicos con dietas especiales y un acompañamiento. Pero no se pudo resolver la situación de fondo. Hay que urbanizar el sur y todos los candidatos lo dijeron en la última campaña electoral pero hay que hacer un acuerdo con el conurbano bonaerense porque, lo he visto, las manzanas que se han urbanizado y que, rápidamente, el lugar reservado para la cancha de fútbol o para la escuela, fue ocupado por nuevas familias que vienen pugnando por un lugar digno de otros barrios o de otras provincias. Hay que resolver el conjunto global de la situación: capital y provincia. Lo vemos ahora con lo que sucede en la villa 31 de Retiro. Allí hay un sector bajo la autopista que, donde se construyó un nuevo sector que estaba custodiado y cuando se fueron ellos, se formó una nueva villa de tipo cartón que es altamente peligrosa. Tenemos también el tema del cartonero que, vienen a trabajar a la ciudad, y para evitar costos se quedan aquí y forman nuevos asentamientos, algunos muy riesgosos, que no se deben permitir más y que no se debería haber permitido nunca: al lado de las vías. Por ejemplo, en el barrio de La Paternal.
A pesar de que los niños son cada vez más independientes, y se quieren parecer más a los adultos, al tomar decisiones, al no obedecer ordenes ni respetar autoridades, ¿no piensa que es una contradicción el hecho de que esa independencia, digamos de postura, choca con una dependencia creciente económica –hoy es cada vez más difícil independizarse de los padres a los 18 y tener un auto o una casa propia? ¿Qué opina al respecto?
Hay una contradicción. Los chicos han conseguido mayor grado de autonomía y de capacidad. Hasta antes de la incorporación de la convención de los derechos del niño, los chicos eran incapaces jurídica, política y socialmente. En lo pedagógico había un reconocimiento de que los chicos tenían capacidad de opinar. Ahora bien, pero por otro lado, la vida moderna, se plantea que la adolescencia se alarga más y, en general, todos los ciclos se han extendido en función del avance de la ciencia y de la medicina. Pero la crisis social hace que los chicos tengan menos capacidad de independizarse de sus padres. Entonces tenemos chicos con autonomía pero viviendo con sus papás y sus mamás. Este es uno de los problemas que tienen que ver con la reconversión social, económica argentina. Creo que en los próximos años habrá una recuperación en este sentido y los jóvenes podrán apoderarse más de sus derechos y poder ejercerlos.
¿Qué opina de la relación de los niños y de los adolescentes con los medios de comunicación y, en especial, con Internet?
Los medios de comunicación son un poder impresionante y existe una gran manipulación de la franja adolescente y juvenil. Vivimos en una sociedad de mercado sumamente regida por la ley de la competencia y de la ganancia entonces los chicos se convirtieron, en los últimos 20 años, en un mercado de mucho interés para las grandes empresas convirtiéndolos a ellos y a sus papás como consumidores. Esto es un problema ya que, en esa edad, los chicos se están formando y observan un modelo exitista, individualista y en un mundo que se rige por una fiebre de consumo permanente. Estamos replanteándonos esa idea de que no es correcto regular contenidos de los medios, sobre todo los televisivos y gráficos, porque debemos evitar cualquier forma de censura luego de tantas experiencias autoritarias en el país. Pero algo hay que hacer porque hay un incentivo permanente a la promiscuidad hacia los más chicos y, si nos referimos a la mujer, esto es escandaloso. En gran parte de la televisión argentina se iguala a la mujer con la idea de ser un mero objeto sexual. A su vez, en los programas infantiles también existe un incentivo fuerte para edades que no lo pueden entender que provoca ciertas angustias y deformaciones. Ojalá tengamos tiempo de abordar estos temas desde los organismos de derechos de la infancia.
¿Por qué, hay una percepción, una idea generalizada, de que cada vez los adolescentes son más violentos, y que se producen más delitos con menores involucrados?
En primer lugar hay que recordar que, a nivel estadístico nacionales, muestran que los chicos son las principales víctimas de delitos, esto es, numéricamente. Eso hay que tenerlo en cuenta para referirse al tema. Por supuesto, que también hay una franja de delitos producidos por menores que son los casos que más se presentan en los medios masivos por su impacto en la sociedad y el escándalo que produce preguntarse cómo un chico cometió tal atrocidad. En esos casos, por lo general, estos chicos están estimulados por una droga tóxica o alguna sustancia que aumenta el nivel de violencia.
¿Qué hacer con los menores que delinquen?
¿Qué hay que hacer? Cuando los chicos tienen 16 y 17 años son juzgados por una ley de menores que, también, es muy antigua y anacrónica y que se cambiará en el corto plazo. Cuando son menores de 16 años, y son inimputables, también quedan encerrados en institutos de menores pero, aquí, el problema, es que no se les hace juicio, simplemente se los encierra sin saber si el chico es inocente o culpable. Hay que tratar de establecer si el delito existió o no pero la pena de encierro a esa edad es un error salvo que sea un homicidio. A los 15 años debemos tratar de apostar por la recuperación sabiendo si es o no culpable, con su respectivo derecho de defensa; en otros países, se aplica un sistema socioeducativo que son medidas que permiten pagar esta condena y que le sirva al chico a dejar las condiciones de vida que lo llevaron a delinquir. Eso es lo que está en discusión y se llama régimen de responsabilidad penal juvenil que está muy trabajo en el Congreso porque muchos diputados quieren simplemente mano dura y bajar la edad de imputabilidad. Debemos diferenciar los homicidios de los delitos contra la propiedad o intentos de robos producidos por los chicos.
Todo lo que menciona se relaciona con otro tema fundamental de tratar y estudiar que es la violencia familiar…
Sí, muchos de los chicos violentos han sido abusados o maltratados en su primera infancia. Esto es real. Pero no todos los chicos abusados o maltratados se convierten en violentos pero, al revés, la mayoría de los violentos sufrieron este tipo de violencia en su más temprana edad. Esto atraviesa a todas las clases sociales, la violencia intrafamiliar es una visión social y cultural que afirma que el adulto es dueño de su hijo o ahijado y que aquel le provee de placer. En las estadísticas, este tipo de violencia permanece igual, no cambia”.
¿Cómo se puede combatir la violencia familiar concretamente?
Cuando el padre es violento se debe denunciar por la ley de violencia familiar que ampara a los chicos y a las madres. El 99% de los violentos de este tipo de violencia son varones. Se debe excluir del hogar al golpeador pero, en las familias de bajos recursos, esto es difícil porque no hay vigilancia, tal vez, hasta no hay una puerta en la casa. A veces, ambos padres son los golpeadores y hay que resguardar a las víctimas. La prevención debe estar acompañada por un fuerte cambio cultural. Es indudable que ningún país del mundo, hasta los más avanzados, logró erradicar la violencia familiar. Algunos países del primer mundo, acentúan estos problemas como Estados Unidos con las masacres en las escuelas o Inglaterra con el serio problema de pedófilos y pervertidos de menores. Es el incentivo permanente de la sexualidad que toma a los chicos y chicas como objetos de consumo.
Al comienzo de la nota hacía referencia a los orígenes del Consejo y su dependencia del GCBA ¿En que cambia, según su percepción, la victoria de Mauricio Macri?
Estamos muy preocupados todas las personas que trabajamos en relación con los derechos humanos, defensa de los derechos de los niños y de la mujer, porque lo que representa el macrismo es la mano dura contra los pibes, la intervención y el respaldo al viejo patronazgo de menores. En lo profundo del partido de Macri, y se vio en la legislatura, piensan en ese sentido aunque tengan nuevos actores y sean un grupo heterogéneo. Por otra parte, ya está instalada en la sociedad la idea de los derechos universales de los niños, lo que no les permitirá tan fácilmente modificar lo hecho en ese sentido. Obviamente que los funcionarios políticos del Consejo daremos un paso al costado. Debemos estar alertas y tendremos que monitorear y reclamar que los aspectos centrales de estas instituciones no retrocedan.
*Redacción Alerta Militante
EL CONSEJO DE LOS DERECHOS DE NIÑAS, NIÑOS Y ADOLESCENTES DEL GOBIERNO DE LA CIUDAD DE BUENOS AIRES
Este organismo es responsable de promover y proteger el cumplimiento de los Derechos de todos los chicos y chicas de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Fue previsto en la Constitución de la Ciudad y creado por la Ley 114, e incorpora plenamente la Convención Internacional de los Derechos del Niño, garantizando su plena vigencia.
Entre las funciones mas importantes del Consejo podemos mencionar la de promover la difusión e incorporación de la Convención de los Derechos del Niño, y de la concepción de los niños y los jóvenes como sujetos plenos de derecho en todos los ámbitos de la Ciudad, elaborar programas específicos para la protección y desarrollo de la infancia y la adolescencia y articular las políticas de infancia implementadas desde las diferentes áreas del Gobierno porteño.
ALGUNOS SERVICIOS QUE BRINDA EL CONSEJO:
Línea 102, la línea de los Chicos. Línea telefónica gratuita que brinda a toda la comunidad la posibilidad de realizar consultas y denuncias sobre problemáticas de infancia y adolescencia las 24 horas del día durante todo el año.
C.A.T., Centro de Atención Transitoria. Lugar de atención abierto, para alojar de manera transitoria a chicos/as, en situación de emergencia social, derivados por los distintos programas del Consejo a través de la Guardia Permanente, o por otras instituciones.
Registro de Publicación y Búsqueda de Chicos Perdidos. Este servicio lleva una base de datos actualizada en forma permanente con la información de los niños, niñas y adolescentes perdidos, difunde los datos necesarios para localizarlos, asesora y ofrece orientación para su búsqueda.
Informes: Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes. Av. Roque Sáenz Peña 547 - Piso 6º - Teléfonos: 4331-3232/3297