Ciudad

Por Monica Lacarrieu *

LA PROBLEMÁTICA DE LOS CONVENTILLOS BOQUENSES

Los conventillos de La Boca han cargado con el peso del preconcepto que los asocia al “mito de origen” con que se constituyó el barrio. La estereotipación del conventillo tradicional, es enmarcado en el entorno boquense y específicamente encuadrado en la historia “objetivada” relacionada con un “perfil” de inmigrante “genovés” arribado a esta ciudad sobre fines de siglo XIX y principios del XX.

Los conventillos

 

En la Génova de origen se dice que también existían conventillos de este tipo. Esto favoreció la producción del conventillo en tanto vivienda, pero también en tanto bien cultural-simbólico.

El preconcepto sobre el conventillo boquense se ha producido en un desplazamiento hacia el prejuicio, sirviendo como instrumento de estigmatización, toda vez que el habitante “tipo” no ha coincidido con el inmigrante modelo y no ha sabido experimentar un buen uso y un especial modo de habitarlo. En este sentido, la llegada posterior de nuevos migrantes –tanto a la ciudad como al barrio de La Boca-, primero del interior del país (hacia los ´40) y luego de países limítrofes (hacia los ´60) y más recientemente la llegada al conventillo de sectores sociales empobrecidos aunque nativos de la ciudad, deja ver la “carencia” y la pobreza material y simbólica de los conventillos del barrio. Ante la potencial visibilización de la “carencia”, el relato ha profundizado la “riqueza” social y cultural de los viejos habitantes, la permanente frase, latiguillo esgrimido por vecinalistas y vecinos nostálgicos, constituidos como “buenos vecinos” en base a su historia barrial, vinculada al “nos invadieron….” los pobres, los uruguayos, los bolivianos, los “cabecitas negra”, entre otros, es el síntoma palpable de la creciente segregación socio-espacial generada en torno del actual habitante de conventillo.

La imperiosa necesidad básica insatisfecha de la vivienda, al mismo tiempo que ha puesto en juego y en ocasiones hasta en la agenda pública, el derecho social habitacional con que deberían contar todos los ciudadanos que habitan esta Buenos Aires, es un reclamo continuo que se ha acrecentado en los últimos años. Por caso sobre fines de los 80 y principios de los 90, el Programa Recup-Boca abrió un espacio dentro del gobierno local para que ese derecho pudiera materializarse.

Los 21 conventillos que el estado local supo ganarle a una sociedad privada en base a su compra y la futura cesión a sus habitantes, mediante un proceso de rehabilitación (continuado y discontinuado hasta la actualidad) que como hemos señalado ha resultado controvertido, podríamos especular que solo ha resuelto parcialmente la necesidad de vivienda, y que sí ha visibilizado con cierta estridencia el estereotipo con que carga el conventillo de La Boca. Estereotipo que coloca a sus residentes en situación de jugadores en disputa por una cultura y una identidad, y que en tanto constituidos como “no-productores culturales” son relegados a su situación de extrema pobreza y necesaria invisibilización.

Si La Boca debe ser expuesta al turismo internacional con sus mejores galas, el conventillo debe convertirse en el parque temático por excelencia y sus residentes empobrecidos deben ser desalojados, como ha sucedido en los últimos años sobre todo en torno del pasaje Caminito.

La rehabilitación en este contexto puede contribuir al embellecimiento del barrio, solo que el “derecho a la belleza” opera en función de algunos conventillos, sujetos y grupos en desmedro de otros.

La “emergencia habitacional” parece ir a contramano de la producción “escenográfica” del conventillo, pues su renovación excede su función habitacional, entronizándose como “bien cultural y monumento” clave de una época “civilizatoria”, en consecuencia atentando en su dimensión simbólica contra las impurezas sociales. En este sentido, el conventillo así apropiado por sectores sociales legitimados para ello, lo articulan funcionalmente a una ciudad que se quiere “bella e higienizada”, por ende como dispositivo de expulsión de los pobres urbanos. Esto puede ser el “modelo tipificado”, casi “objeto de museo” pero no recurso habitacional de sujetos y grupos sociales relegados urbanísticamente. Y aunque fortalecido en su sentido habitacional, el mismo es construido en su expresión de “carencia” obviamente discutible para sectores sociales que aunque empobrecidos, reclaman un acceso al mundo habitacional “digno”, así construido en base a parámetros legítimos para otras clases sociales.

Cabe preguntarse, entonces, ¿es el conventillo –particularmente el de La Boca- un instrumento político y de gestión de segregación socio-espacial? Antes que recurso de los sectores residentes, ¿es un recurso que desde el estado y el mercado opera generando mecanismos de inclusión-exclusión social? ¿Hasta donde una política tendiente a la resolución de la “emergencia habitacional” podría anclar en el conventillo “tradicionalizado” tal como ha venido siendo pensado, relatado e instrumentalmente utilizado en los últimos años? Como convertir al conventillo en un “bien-vivienda” con sentido material, social y cultural inclusivo y no en un bien simbólicamente excluyente?

* Antropologa (UBA). Investigadora Conicet


LOS CONVENTILLOS PORTEÑOS

La historia de los conventillos de nuestra ciudad comienza con la llegada masiva de la inmigración europea. Los primeros en llegar fueron marginados políticos y sociales. Esta situación provocó en la ciudad un gravísimo problema habitacional, puesto que no estaba preparada para recibir esta cantidad de personas. Los conventillos adquieren la denominación de una irónica expresión española que se refiere al convento como prostíbulo.

La Ciudad de Buenos Aires a fines de 1860 y principios del 1900 elevó su población de 177.780 habitantes a 950.900, respectivamente. Este crecimiento tiene su causa en la política de atracción europea incentivada en la presidencia de Mitre (1862-68) y con la implementación de la “Ley Avellaneda de Inmigración y Colonización en 1876. En este marco surgió el emblemático Hotel del Inmigrante ubicado en la Avenida Antártida. Argentina en el sur de la ciudad. Este edificio fue construido por el gobierno para recibir la gran masa de inmigrantes que escapaban de la guerra y la hambruna de Europa.

Pronto este alojamiento quedó chico la solución de encumbrada dirigencia porteña se resumió en improvisadas remodelaciones de viejas casonas coloniales. Estas inmensas construcciones pronto se convirtieron en los famosos “Conventillos”. La refacción convirtió las casonas, en cuartuchos donde la superficie por persona era de 1,6 metros. El resto de la vivienda lo integraba un gran patio en común, un piletón que se abastecía con agua traída por carros de aguateros (hasta 1880 la ciudad no contaba con agua potable) Por supuesto tampoco había cloacas.

Esto convertía a los lavabos y retretes comunitarios en focos de diversas enfermedades como el cólera, la fiebre amarilla, parásitos e infecciones varias. La cocina podía ser común, o lo más usual eran las cocinas en los cuartos, donde se los proveía de un calentador a alcohol o a aceite. Los conventillosse convirtieron en un negocio muy redituable por la cantidad de inmigrantes que venían en búsqueda de trabajo y con serias dificultades de vivienda. Los alquileres eran altos. El inquilino moroso era desalojado por la fuerza pública, hecho que devenía en terribles batallas campales.

El agua que se utilizaba para limpiar alimentos era la misma infectada de los pozos ciegos; las calles de la ciudad eran alisadas conteniendo desperdicios varios que en épocas de verano volvía insostenible el aroma nauseabundo. Los médicos higienistas de la época, el Dr. Eduardo Wilde, el Dr. Guillermo Rawson, denunciaban la desatención que esta calamidad endémica, causaba  principalmente en los barrios de la zona sur, San Telmo, Monserrat, La Boca, y San Nicolás. En el barrio de San Telmo, en la calle  Defensa 753 entre Independencia y Pasaje San Lorenzo se encuentra el Conventillo de la Paloma, una casa de inquilinato que con su nombre se conoce la obra del género sainete del teatro porteño, autor Don Alberto Vacarezza.

Los inmigrantes seguían llegando en aluviones a ocupar estas viviendas precarias, donde la epidemia de fiebre amarilla pegó sin escrúpulos. Los dueños de los grandes caserones que habían sido reformados para cobrar suculentas rentas por el alquiler de un “cuartucho”, fueron trasladándose hacia la zona Norte de la ciudad. Nacen así los barrios de la zona Norte en Recoleta o el Retiro, que a la postre se convirtieron en reducto de las grandes mansiones a donde estas familias adineradas se escaparon de las epidemias.


LOS CONVENTILLOS HOY…

En el año 1904 existían más de 2.400 y contenía unas 120.000 habitaciones. En la actualidad no se conoce con precisión la cantidad total. Según el último censo del año 2001, quedan unos 20.826 cuartos, teniendo en cuenta que a cada “pieza” se la considera una vivienda. Los habitantes de estos cuartos rondan unas 55.800 personas. Los barrios más significativos donde hoy perduran algunos conventillos son San Nicolás, San Telmo, Monserrat, Balvanera, y La Boca. Muchos conventillos continúan siendo lugares muy marginales. Otrora desalojaban inmigrantes que eran traídos por un proyecto político que enunciaba el progreso europeo, sin tener en cuenta las necesidades mínimas como el derecho a una vivienda digna.

Otro Conventillo conocido también como el de La Paloma, en Villa Crespo, en la calle Serrano 156, fue reconocido por  la Legislatura Porteña con la Ley Nº 1.487, otorgándole la  catalogación de nivel de protección estructural, con una placa recordatoria a tales efectos.  


LA SITUACIÓN HABITACIONAL EN LA CIUDAD

Según datos aportados por el censo de 2001 en la Ciudad de Buenos Aires coexisten más de 85.000 familias con situación habitacional deficitaria. Durante el período comprendido entre 1991 y 2001 disminuyeron los hogares en situación habitacional deficitaria del 3, 5%; sin embargo, durante el mismo período se cuadruplicó el número de viviendas desocupadas.

El parque construido durante este período correspondió a unidades suntuarias o dirigidas a sectores con capacidad de ahorro. En el mismo período aumentó 100, 3% en la cantidad de personas que habitan en villas de emergencia y núcleos habitacionales transitorios, mientras que el total de la población residente en la Ciudad de Buenos Aires disminuyó un 6% aproximadamente, lo que da cuenta de un fuerte proceso de concentración de riqueza acompañado de niveles crecientes de exclusión social.

De acuerdo al Censo Nacional de Población, Hogares y Vivienda de 2001, y el informe de situación habitacional de 2001, del total de hogares con situación habitacional deficitaria, 31.587 (29%) habitan viviendas irrecuperables; 11.099 (10%) lo hacen en viviendas con diferentes niveles de precariedad (de las cuales algunas podrían ser recuperables); y los 65.569 hogares restantes (61%) residen en viviendas de buena calidad aunque con situaciones de hacinamiento por cuarto, es decir, más de 2 personas por habitación.


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