¿CÓMO SERÁ VERSE EN UNA ESCULTURA DE MÁRMOL O DE BRONCE EN LA CASA ROSADA? *

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Raul Alfonsín. Foto Federico GuastavinoEs una ceremonia infrecuente que la copia y el modelo se contemplen. Aunque en Rácing, en la desmesura del fútbol, Mostaza Merlo vio su estatua de cuerpo entero. A Maradona lo vienen esculpiendo desde hace mucho. Es un reiterado modelo de icono vivo entre montones de iconos muertos. A Borges en 1987, a un año de irse, le erigieron una estatua polémica en la Feria del Libro. A la de Gardel en la Chacarita en cada aniversario le ponen un cigarrillo encendido en la mano de bronce. Dicen que al anochecer, consumido, el pucho se apaga. A Perón y Evita les sobraban descamisados, obras y votos. También estatuas donde ambos podían contemplarse. Muchas de ellas fueron derrumbadas por los "gorilas" que se anticiparon al rito que las tropas dominantes ejercieron medio siglo después sobre la estatua de Saddam en Bagdad.

Con Raúl Alfonsín es distinto. Nadie duda que se merece el lugar que va a ocupar junto a otros que fueron presidentes. Algunos de esos bustos evocativos son más para el perdón, la piedad o el olvido. Pero el de él es indiscutible. Porque más allá de la convención institucional o del cronograma histórico que lo incluye en la lista, aporta gravitación al papel de Presidente. Lo enriquece. Alfonsín en la democracia es el político que la recrea, que la reivindica y que la sufre. Es el que asume desde el umbral de la desesperanza colmada de muertos, y la convierte en la esperanza de un pueblo que resucita.

Pocas veces un presidente instala en su mandato una felicidad popular de tal pluralismo y de tal magnitud cívica. Parte de nuestra sociedad-fueron muchos- injusta, voluble, ingrata y plañidera, como seguimos siendo ahora, eligió la banalidad de desconsiderarlo en cambio de desconsiderarse a si misma.

Me quedo con Alfonsín: con el del memorable Juicio a la dictadura, con el del memorable preámbulo de sus discursos y también con el que no pudo resistir el embate de los conspiradores económicos. Me quedo con Alfonsín y no con sus negadores.

Me quedo hasta con el Pacto de Olivos, porque la política no es un diseño de estereotipo o de molde, sino un devenir de decisiones que se toman sin guantes y con el mango de la sartén al rojo vivo. Siempre me quedo con los políticos antes que con los antipolíticos que dan sermones desde la cama o desde el yacuzzi.

El busto que ahora lo duplica es apenas un reconocimiento de forma en un recinto respetable. Ojalá esa forma adquiera sincero y racional contenido en quienes hoy allí lo celebren.

Alfonsín es un presidente- y digo presidente porque no es ex ni lo fue nunca- que le da rango a la democracia y a la política. Un tipo sin odio; sin impostaciones patrióticas. Y un ciudadano sin fatuidad de palco, ni de retórica de patronal ni de elite.

No necesita usar la escarapela para que uno se de cuenta que es argentino.

Y está vivo. Porque está vivo.

Histórico Juicio a las juntas
Juicio a las Juntas Militares durante el gobierno de Raúl Alfonsín

* Texto de Orlando Barone, leído en Radio Continental.(1° de Octubre de 2008)
* Foto de Raul Alfonsín por Gustavo Guastavino
 

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