CRONICA DE LAS VÍCTIMAS DEL PACO

Cronicas del PacoConcurría a una escuela y tenía amigos. Creía que su vida no tendría más emoción que la música con alto volumen o bien esperar el sábado para ir a bailar.

La esquina recurrente lo tenía como participante desde que empezó a caminar solo por el barrio. Esa esquina donde distintas generaciones de pibes como el se habían formado o deformado.

La cerveza, la jarra, la caja, el faso y alguna otra cosa que pintara siempre a la orden del día. En la humilde casa comenzaron a faltar alguna que otra cosa. Cubiertos, ropa, adornos, metales de aparatos, y las escasas monedas para viajar al trabajo u a la escuela.

No alcanzaban los retos, los gritos o las amenazas. No recuerda  como fue la primera vez, ni siquiera el por que Tal vez la carencia de porro, o los pocos centavos que tenía, o por que sus amigos le dijeron, o por que estaba al pedo, o para probar no más.

Comenzó a ser una sombra de si mismo. La escuela se volvió aburrida, incomprensible y sin sentido. La ropa la poca que le quedaba le bailaba alrededor de esos huesos que daban la sensación de querer salirle por la poquita carne que tenían.

El humo llenó su pulmones y de allí solo a segundos de esa pitada, su cerebro estalló. El día consiste desde ahora en conseguir la moneda, dirigirse hasta donde el sabía, y ahí no más fumar. Al rato empezar de vuelta.

Uno no alcanza y mil no son suficientes solía decir, en alguna pausa que le daba a su cerebro. Fue más fácil la condena que la ayuda. Llegó mas rápido a la comisaría que a un tratamiento. Pronto la soledad lo rodeó. La prisión no tiene amigos.

Quien lo para, preguntaba su madre entre sollozos. Quien lo ayuda. Quien me ayuda. Quien nos ayuda. El llegó a pesar lo que pesaba cuando era niño, como si su cuerpo se negara a crecer. No tenía con que crecer, algunas noches solo algunas la mañana lo encontraba en el regazo de su madre llorando.

Dio vueltas por donde el sabía, no tenía dinero, ni zapatillas, ni nada para vender, cambiar, canjear, o entregar. Demasiado había entregado en tan poco tiempo y ya no había nada más.

Su madre lloraba en silencio mientras caminaba por el barrio. Otras lagrimas ella escucho en los silencios de los miedos y de las complicidades. Su hijo se le estaba yendo de los brazos, y ella no sabía que hacer.

Una noche que no terminaba, el sintió que su estomago le dolía, su corazón se le aceleraba y el miedo lo invadió.

Su mamá camina ahora con otras mamás pidiendo, reclamando, enojadas, esperanzadas y  peleadoras. Reclaman para sus hijos tratamientos, lugares, internación y que se acaben los lugares donde sus hijos encontraron la muerte.

La droga de los pobres, de la exclusión, de la carencia de futuro o de sueños. Esa muerte, que no te mata, sino que te seca despacito.

Esta historia por ahora no tiene fines. Es responsabilidad de todos que le demos un final. Un final que de vida, sueños, esperanzas y lugar a los chicos. Un final que signifique comienzo.

* Asistente social. Director del hogar “San Benito”.

Nota relacionada: El PACO S.A.

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