GENERAR OTRA COMUNICACIÓN ES TAMBIÉN GENERAR LA IDEA DE OTRO MODO DE VIDA

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Siempre se ha analizado la importancia de la comunicación en las sociedades, tanto como práctica social y como dimensión simbólica. En el plano de práctica social, se ha estudiado desde el nacimiento de la oralidad como sistematización (lenguaje) hasta la velocidad propia de la cibernética, pasando por la permanencia otorgada por la escritura, o la cantidad concedida por la imprenta o el gran impacto de los medios audiovisuales. Apresuradamente se podría hablar de la existencia de un estadio inferior, otros de mayor complejidad y uno superior. Pero la “superioridad” de esta última instancia no es permanente, sino no que depende de los avances científico-técnicos de la sociedad.  

En el plano de la dimensión simbólica de dichas practicas, las ideas y las definiciones no han cambiado mucho. Es decir, tanto los griegos, como Jesús, Marx, la escuela de Frankfurt, Gramsci, Hitler, Bordieu y el mismo George Bush pensaron a grosso modo a la comunicación como una práctica, o un conjunto de prácticas relevantes en el plano político, económico y social. Pese a que esta idea o noción no se ha modificado sustancialmente ante a los avances y las transformaciones de las prácticas, hay una dialéctica entre la teoría y la practica comunicacional y aportes que ampliaban la noción o idea de comunicación planteándola como eje estratégico en la relación de desigualdad económica-política-cultural de las sociedades capitalistas; o como soporte ideológico de los sistemas hegemónicos de pensamiento en un bloque hegemónico, etc. Pero dichos conceptos siempre dependen de diversas instituciones para ser legitimados, ya que la comunicación también es un espacio de disputa de poder, de lucha de ideas. 

En este contexto, un medio alternativo puede nacer desde condiciones objetivas y subjetivas de un marco teórico, económico, político-social, o bien en la interacción de alguno o todos ellos; desde la opresión, la rebeldía, la resistencia o desde la insatisfacción, el descontento, la desocupación o mismo desde la superación y la cooperación. Un medio puede ser alternativo por su estética, por la forma de producir noticias, por el hecho de no ser parte del conjunto de medios considerados oligopólicos, por su planificación, por el modo de distribución y la lista continua; pero los medios alternativos no siempre nacen queriendo ser contra hegemónicos (y no todos llegan a serlo). 

A su vez, si entendemos que el sentido de la comunicación está dado por la cultura, y la cultura esta organizada por el modo de organización del trabajo de una sociedad que asimismo condiciona el modo de relación y valoración de los integrantes de esa sociedad: la comunicación no solo es un producto de desiguales fuerzas, sino también un espacio donde se reproduce dicha desigualdad. Por lo tanto, lo alternativo no tendría que pasar por la forma sino por el fondo para poder  llegar a ser contra hegemónico. En función de que la situación comunicacional también define el sentido mismo de la comunicación, un medio, o un conjunto de medios contra hegemónicos son aquellos que pese a sus diferencias de gestación, composición, etc., siendo concientes de participar en un espacio de disputa de poder, de lucha ideológica, reproducen otra idea de cultura, por ende otro modo de relaciones y de valoración (social, política y económica). Pero para que la disputa por este poder sea real, no puede ser atomizada sino organizada y en forma conjunta, ya que tanto la relación entre los componentes y la estructura de la red también definen la situación de la comunicación. 

A modo de conclusión, generar una comunicación contra hegemónica es también generar la idea de otro modo de vida y no solo comunicarla sino también reproducirla o intentar hacerlo en las prácticas, en el modo de relacionarse, en el modo de valorar al otro. Pero a su vez, esta idea, este mensaje, este modo de percibir la realidad como una integralidad, este modo de construir la realidad tiene que ser trasmitido de modo tal que no caiga en la marginalidad ni en la vulgaridad. Referentes como Haroldo Conti, Jorge Mascetti y Rodolfo Walsh entre otros, nos han demostrado que existe ese camino, que es posible. Una comunicación contra hegemónica no solo tiene que explicitar su subjetividad e ideología sino también tomar a la comunicación (e información) como esencial en la disputa ideológica (que es la principal). Y para que esta lucha de poder real esté a la altura de las circunstancias tiene que ser una comunicación masiva y de calidad, producto de una red (dialéctica) en donde converjan permanentemente las radios comunitarias, los canales de televisión alternativos, las agencias de noticias, las revistas y periódicos barriales y regionales.  Este es verdadero desafío que tenemos cotidianamente los comunicadores sociales y para afrontarlo tenemos que seguir organizándonos. 

*Estudiante Comunicación (UBA) / Integra el Staff del medio Alternativo Periodismo Urbano.

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