facultades tomadas (las minúsculas no son un error)

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 Creo que las tomas, así planteadas, muestran mucho más que el hecho de la movilización y el reclamo. Muestran la ominosa falta de imaginación tanto de quienes protestan como de quienes gestionan. Tanto unos como otros se preocupan, principalmente, por no ser corridos por izquierda y mientras tanto (como sucede habitualmente) demuestran su conservadurismo.

 
Es necesario pensar sobre los objetos de la disputa. Por un lado, claramente, la calidad de la educación, por otro, la legitimidad en la autoridad del Estado. ¿Cuánto tiempo puede sostenerse que porque se quiere estudiar se impide estudiar? ¿Cómo podemos, en el caso de Sociales, sostener que el estado del edificio es un peligro y al tiempo, proponer que los pasillos de la facultad se atesten de bancos, mesas, profesores y alumnos en un eufemismo absurdo llamadas clases públicas? ¿Acaso no son todas las clases públicas en la UBA? ¿Cómo se puede defender la facultad y escindirla tanto de la consideración pública, y al decir público aquí me refiero a aquellos que hacen posible el privilegio de enseñar y de aprender como se lo hace en la UBA, sostenido por el acumulado de trabajo de personas que jamás pensaron y pensaran a sus hijos en esa Universidad?
 
Por el otro lado, las autoridades se preocupan únicamente por no ser corridas por izquierda, por no quedar descolocadas en un hipotético mapa ideológico que no le interesa a nadie salvo a ellos mismos.
 
Las tomas desnudan el simplismo con el que se elaboran los conflictos en Argentina. Sin ningún ánimo de sincera resolución, se narra de modo finalista hasta el punto de perder de vista el objeto mismo que generó la discusión. No hay ninguna posibilidad de colaboración porque a nadie se le ocurre colaborar, en definitiva, a nadie le interesa genuinamente el conflicto sino lo que puede sacar de él, tanto en términos tangible, concretos y en algunos caso en efectivo, o en lo que es más inmaterial, la posición política.
 
 
El campo intelectual hace lo suyo para dejar todo como está, Macri es de derecha, entonces las tomas son legítimas, mientras que al compañero rector esas cosas no se le hacen. Nos explican las diferencias entre Macri y Kirchner como si lo necesitáramos y teorizan sobre las lógicas de la protesta social.
 
Lo que aparece como gran ausente es el afecto que hace falta para que estas cosas se empiecen a trabajar seriamente. La falta de instrumentalización del conflicto y su consideración dialógica parecen quimeras.
 
En el camino hay un montón de personas que quieren aprender, de las clases, de las charlas con compañeros, de los conflictos y de las formas de resolución de esos conflictos. Pero esa oportunidad está vedada, parece que hay varios que están luchando para que eso no aparezca.
 
*Docente Facultad Ciencias Sociales (UBA)

 

 

 

 

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