SOMOS LA GLORIOSA JUVENTUD ARGENTINA

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Jovenes Estudiantes. La gloriosa juventud argentina

Una vez en democracia, el hueco profundo dejado por los jóvenes militantes desaparecidos fue llenado provisoriamente por manifestaciones artísticas juveniles con énfasis en lo catártico y en la diversión democrática. El rock es un buen ejemplo de ello. Sin embargo, hacia fines de los 80, los edictos policiales y la detención indiscriminada de jóvenes darían una idea anticipada de lo que sería luego el gatillo fácil y la averiguación de antecedentes durante el menemismo. Estas medidas de persecución policial se completaban con el panorama social de precarización laboral, desempleo masivo y déficit en las políticas educativas. El campo fue abonado para una desolación dentro del sector juvenil cuya punta del iceberg se constituyó en los asesinatos durante el Gobierno de la Alianza en las manifestaciones populares de diciembre de 2001 y se coronó con la Tragedia de Cromañón en 2004.

Los sujetos hacen la historia, pero bajo condiciones que no eligieron.

Entender la situación de los jóvenes en la actualidad implica no sólo poner en perspectivas cuestiones histórico-sociales sino relacionarla con el andamiaje estatal e institucional de la Argentina de las últimas décadas. El sector social “joven”, entendido como una construcción social (y no natural) implica pararse desde el punto de vista de la conformación de identidades. El aparato estatal y político dispuesto pone el foco en la juventud por ser el sector social vulnerable que explicamos en el apartado anterior. La disponibilidad ideológica y corporal de los jóvenes siempre fue la que se puso a la vanguardia de las nuevas ideas políticas y las orientaciones políticas de transformación.

Así, junto a la expansión en la vida social y cultural de las nociones económicas más vinculadas a la regresión y el ajuste (por ejemplo del ministerio de economía en manos de Martínez de Hoz) se produjeron sucesos estratégicos desde la cúpula militar de 1976 que implicaron la represión feroz y la censura ideológica a amplios sectores combativos de la juventud. La mano de obra, como tal, dispuesta en fábricas y empresas estaba constituida fundamentalmente por obreros jóvenes de alta combatividad que se enfrentaban no sólo a la cúpula sindical burocrática sino también a las políticas de ajuste del Estado. Su desaparición física fue el “as de manga” que fortaleció las políticas económicas de la dictadura y el posterior desgarro del tejido social más general.

Ese hueco en la sociedad inaugurado con la dictadura genocida abonó el terreno para las consecuencias posteriores en la vida social argentina. Asimismo, y como institución fundamental en la conformación de subjetividades jóvenes, la Escuela fue decisoria no sólo en la noción del “Estado/Nación” de principios de siglo XX sino también en los posteriores virajes políticos que dicho Estado fue adquiriendo.

Conquistada la vuelta democrática en 1983 y la apertura de comicios electorales, la contaminación de distintos espacios del Estado con restos dictatoriales impidió llevar a cabo políticas serias y extendidas que resuelvan la cuestión cultural-educativa de la juventud. Si bien el Congreso Pedagógico (que duró 3 años y tuvo amplia participación social) pretendió en buenas intenciones consensuar reformas educativas necesarias, su correlato a nivel estructural se hizo esperar (o directamente no existió), produciendo la huelga nacional de 1988 (por aumento presupuestario y salarial, etc). La reforma educativa aclamada no discutió los aspectos más puntuales de presupuesto y “fugó hacia delante” la discusión, con los resultados nefastos del mercantilismo educativo de Menem. Recordemos que el gobierno del riojano contribuyó decididamente por un lado a la concentración de medios y también a la pata empresarial de la educación con enormes beneficios a las empresas editoriales y productoras de contenido educativo. La frutilla del postre lo pondría la globalización informativa y capitalista que garantizó la disputa a la Escuela por parte del Mercado de bienes culturales con fuerte interpelación hacia el sector joven. 

Todos estos antecedentes, en íntima vinculación y diálogo, lo que configuran es un espacio social que se dirige esquizofrénicamente a los jóvenes pero que no asume las cuestiones más profundas de aquel “hueco político” anteriormente relatado. El Estado y el Mercado, cada cual a su modo, favorecieron el descontento de la juventud respecto de su exclusión en proyectos políticos de país más amplios y hoy resuenan como castigos en su cuerpo por el paco, el alcohol, el descompromiso (la falta de compromiso) y la despolitización.

Si bien nada de esto se da de manera automática y definitiva, es la paupérrima situación de los jóvenes en el mercado laboral y educativo, lo que colabora con la visión pesimista de futuro. 

Contexto actual y palabras para el futuro 

En Argentina viven 12,2 millones de jóvenes de menos de 18 años. De ellos, 4,2 millones no cubren sus necesidades básicas y 2,8 millones son indigentes. Asimismo, de la totalidad de jóvenes que trabajan, más del 50% lo hacen en condiciones “chatarra” (informalidad, subempleo, trabajo precario o en negro, etc).

En este marco, y a pesar de la pomposidad de ciertas cuestiones discursivas respecto de qué hacer con los jóvenes, resulta interesante notar no sólo la forma que aparece el comportamiento juvenil, sino qué están diciendo dichas manifestaciones.

La falencia política en el contexto contemporáneo de exclusión social y pobreza, más la acentuación de la desigualdad que provendrá de la actual crisis económica mundial, encontrará nuevamente a la juventud como blanco privilegiado de interpelaciones frondosas que es necesario que se ajusten a prácticas concretas de solución. En tanto no existan garantías de políticas educativas serias, de desvalijamiento de narcos y policías corruptos del negocio de la droga y de limitaciones democráticas a la multiplicidad de mensajes mediáticos emitidos (que siembran la despolitización), no habrá bienestar de los jóvenes ni interés por parte de ellos de las cuestiones públicas. 

Así como político es el consumo de paco o política es la globalización informativa, política y colectiva deberá ser la organización juvenil para darle pelea a estas cuestiones. Garantizar las condiciones para el desarrollo de una juventud saludable y comprometida es parte de la tarea. De ese modo, podremos acordar con el humorista gráfico Quino, que dijo: “Tal vez algún día dejen a los jóvenes inventar su propia juventud”

* Redacción Alerta Militante

 


Fuente: UNICEF (www.unicef.org/argentina) y Taller de estudios laborales (www.tel.org.ar)

 

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