LA CONTRACARA PERVERSA DE LA ALEGRÍA VERANIEGA EN LOS JÓVENES

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Jovenes tomando cerveza

¿Qué expresan los jóvenes con las manifestaciones violentas en la costa atlántica? ¿Qué signos de época se viven en las rivalidades juveniles a la salida de los boliches en los balnearios de la provincia de Buenos Aires? ¿Qué ganan los medios con la sobreexposición de los comportamientos “salvajes” de los jóvenes nuestros?

Estas y mas preguntas requieren seriedad tanto en su formulación como en sus posibles respuestas, porque si de algo carecen los medios de comunicación es de reflexionar seriamente sobre problemáticas sociales, en tanto que sus vertiginosos ritmos y la avidez por instalar temas en la agenda no se lo permiten. A la rapidez y velocidad fragmentada con que los medios imponen temas en la opinión pública, los especialistas en medios y demás cientistas sociales deberían contestar con discursos que aborden de manera más responsable los síntomas que con frecuencia son visibilizados por la TV, la radio y los periódicos. En la brecha y en el intersticio que se genera entre el bombardeo de noticias referidas a violencia juvenil debe buscarse no sólo la lectura “entre líneas” de este tipo de expresiones sino también las intenciones que promueven sus emisores.

Un poco de historia. Como todo análisis de un sector social en particular (en este caso los jóvenes) y de una problemática social determinada, debe ponérselo en perspectiva histórica para empezar a entender tanto las causas como los derivados de las propias experiencias.

La juventud es el sector social vulnerable por excelencia. La juventud diezmada en la década del 70 por el terrorismo de estado dio lugar a un proceso paulatino pero profundo de despolitización que se completó con políticas estatales de represión y criminalización social de todas las manifestaciones juveniles. Una vez en democracia, el hueco profundo dejado por los jóvenes militantes desaparecidos fue llenado provisoriamente por manifestaciones artísticas juveniles con énfasis en lo catártico y en la diversión democrática. El rock es un buen ejemplo de ello. Sin embargo, hacia fines de los 90, los edictos policiales y la detención indiscriminada de jóvenes se convertirían en lo que sería luego el gatillo fácil y la averiguación de antecedentes durante el menemismo. Estas medidas de persecución policial se completaban con el panorama social de precarización laboral, desempleo masivo y déficit en las políticas educativas. El campo fue abonado para una desolación dentro del sector juvenil cuya punta del iceberg se constituyó en los asesinatos durante la gestión de la Alianza, en las manifestaciones populares de diciembre de 2001 y se coronó con la Tragedia de Cromañón en 2004. Con este panorama histórico pretendemos señalar que, a pesar de que la furia que transmiten las noticias sobre peleas entre adolescentes en los boliches de la costa atlántica no deja de ser preocupante, la vulnerabilidad de los jóvenes fue una constante de las últimas tres décadas de nuestro país, sostenido y fomentado por políticas económicas que no los toman en cuenta como parte social activa de sus objetivos e intereses. Sin ánimo de concluir y cerrar el discurso con reflexiones determinantes, de lo que se trata es de pensar cuánto están diciendo los jóvenes de hoy respecto del país que los acoge, cuánto señalan con su furia descontrolada la ausencia de políticas públicas que los interpelen y les den cabida.

En fin, cuánto de reparación por parte del Estado se necesita para que la herencia despolitizante del gobierno militar de 1976 empiece a sanar incorporando a los jóvenes a los proyectos del país, a su empleo y que se sientan parte de proyectos que los aglutine y les devuelva lo que por derecho les corresponde: la vida y todo lo que de ella se deriva.

* Redacción Alerta Militante

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