LO IDEOLÓGICO EN EL GOBIERNO DE MACRI

Macri

La ideología es un término problemático que, aunque bastardeado por numerosas alusiones por parte de los medios masivos de comunicación, mantiene “actualidad” para el análisis de diversos fenómenos político-sociales. Cuando se habla del balance sobre el primer año de gestión de Mauricio Macri en la Ciudad de Buenos Aires, desde el lado del “progresismo” se alude primero al papel que cumple lo ideológico (derecha, neoliberalismo, visión empresaria sobre la política, etc) en las medidas políticas del macrismo y, después (vinculado íntimamente a lo anterior, diríamos nosotros) se habla de la voracidad por la ganancia, la utilización de recursos públicos para los negocios privados, etc.

Un estudio que divorcie los elementos analizados diría, entonces, que se habla por un lado de lo netamente ideológico y por otro, de lo económico. Ambos componentes no pueden ser analizado escindidamente, porque en realidad se retroalimentan dialéctica y mutuamente. Es decir, si bien el macrismo, como se dice habitualmente, “la única ideología que conoce es la del dinero”, tenemos que tener en cuenta que la política, hasta nuevo aviso, es la administración del poder y, con este poder, la administración de los recursos de un territorio determinado. La posibilidad de acceder a la Jefatura de Gobierno por parte de Macri en elecciones democráticas, tiene que ver con que el sector de poder que representa el ingeniero ya no precisa de los Golpes de Estado para dicho cometido. La democracia es el sistema político actual de la globalización financiera. Y dentro de esta democracia, los actores que anteriormente hubieran recurrido a las irrupciones violentas del Gobierno para administrar poder, hoy participan de las mismas reglas de juego que antes repudiaban (la línea que va desde los proyectos neoliberales tanto europeos como pinochetistas hasta, por ejemplo, Martínez de Hoz con Cacciatore en la Ciudad). Primero, entonces, se piensan políticas capaces de solventar los proyectos económicos privados que tienen los socios de Macri y, después, se ajustarán dichos planes con la ideología capaz de sustentarlos.

Entonces, decíamos, Macri en el ejercicio de sus funciones no sólo pone en juego su espectro ideológico, sino que en realidad desarrolla políticas tendientes a solventar ganancias por parte de sus propias concesionarias (de basuras, de juego, colegios privados, clubes y llevarlo a cabo dentro del espacio discursivo que considera más adecuado (por ejemplo, neoliberalismo, consideración de lo público como rentable, etc). Caeríamos en un error rotundo al dividir los campos como si se tratasen de cosas incontaminadas y no relacionables. Podemos entonces atisbar que en el 2009, por aspectos políticos que exceden lo electoral, el macrismo deberá sortear dificultades en su propio seno y hacia la sociedad, debido al fuerte descrédito en el que cayó producto de enormes ensayos/errores en políticas públicas de nodal importancia como por ejemplo la salud y la educación.

La movilización popular por un lado, y también las divisiones por el “cartel” dentro del mismo gobierno producirán saludables muestras de que la política se juega todo el tiempo, en la discusión y en la participación y que, además, no habrá medida injusta que no encuentre las voces de “los otros”, las voces del descontento.

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