ASFALTO SÍ, LIBROS NO

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Protesta docente frente a Jefatura de Gobierno de la Ciudad (Foto AM)
Protesta docente frente a Jefatura de Gobierno de la Ciudad (Foto AM)

Mucho ruido generó el proyecto de Presupuesto presentado por el oficialismo en la Legislatura porteña. Ruido con distintos orígenes: en la esperanza de los pobres, en la cabeza de docentes y estudiantes, y en el bolsillo de los porteños en general. La repercusión mediática hizo eje en el impuestazo ese eufemismo para definir al manotazo que dan para aumentar los recursos- porque afecta la economía cotidiana de la clase media. Las huestes del PRO quieren cobrar el Impuesto de Sellos al uso de la tarjeta de crédito, el seguro de autos y casas, y hasta en la factura de la TV por cable. También pretenden aumentar Ingresos Brutos y cobrar ese gravamen sobre actividades que hoy están exentas. La avidez recaudadora del tandem Macri-Micheti no se detiene ni ante los síntomas de recesión que ya se advierten en la Argentina.

A pesar del escaso eco en los medios masivos de comunicación, hubo muchas voces que reclamaron por el destino que prevé la gestión macrista para los recursos de la Ciudad. Es decir, en qué se va a gastar la plata que aportamos los vecinos de Buenos Aires.

Pongamos la lupa en lo educativo. De aprobarse este Presupuesto para 2009, la Ciudad destinaría casi un 8% menos a las Escuelas Públicas. Mal de muchos, consuelo de tontos: este recorte, en valores absolutos, es consecuente con la decisión de disminuir el aporte al resto de las políticas sociales. Mientras tanto, aumentan los fondos con destino a obras públicas. Obras que no implican desarrollo en infraestructura (no hay extensión de subtes, ni ampliación de hospitales, ni canales pluviales que eviten inundaciones), sino mantenimiento y mejoras (como las tareas de bacheo y pavimentación, y el recambio de veredas). Obras que sí se notan diariamente, como cuando dijeron trabajar sobre la emergencia edilicia pintando el frente de algunas escuelas… Política efectista la llaman en los barrios. La baja en la participación de la Educación Pública sobre el presupuesto total es paralela al aumento en subsidios a las escuelas de gestión privada. Se trata de una suba de 200 millones, si comparamos 2008 con el año que viene. Pero compulsado con el presupuesto de 2006, en ese entonces el aporte a la Educación Privada fue de menos de 350 millones, contra 705 millones previstos para 2009. O sea, más del 100% de aumento en tres años, cuando la mejora en los sueldos de los docentes privados, durante ese lapso, no supera el 65%. El 35% de incremento restante va a la bolsa de los mercaderes de la enseñanza de la Ciudad. Por otra parte, y mientras los diputados de la Ciudad debatían el Presupuesto, las autoridades educativas no supieron decir dónde fueron a parar casi 80 millones de pesos con destino, durante 2008, a un Fondo de Infraestructura Social para las escuelas. Ni tampoco explicaron porqué este año solo se terminará ejecutando menos del 30% en infraestructura escolar, cuando a fines de 2007 reclamaron a gritos la sanción de la Ley de Emergencia Edilicia. Todo ello en un ciclo lectivo donde, por primera vez desde hace más dos décadas, las escuelas no recibieron fondos para mantenimiento, seguridad, limpieza y gastos menores. Ciclo lectivo, por otra parte, signado por graves y profundos conflictos con los protagonistas del proceso educativo: estudiantes, maestros y padres. Transcurrido un año de gestión PRO en la Ciudad, y de cara al presupuesto presentado, es evidente que el Poder Ejecutivo porteño no tiene vocación de dialogo ni voluntad de invertir en políticas públicas; políticas públicas como la de mejorar la Educación estatal, que no solo promueve el conocimiento, la igualdad de oportunidades y la formación de ciudadanos para una sociedad más justa, sino que también constituye una herramienta para combatir la marginación, la pobreza y la inseguridad.

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