DROGAS Y PROSTITUCION EN CONSTITUCION

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Barrio de San Telmo. Una mujer joven corre por la acera dejando a su paso cientos de panfletos que vuelan por los aires. Denuncia que la tienen secuestrada y no tiene adonde ir. ¡Todos son cómplices! Nadie parece mirarla ni nadie la escucha.

Prostitución en la ciudad de Buenos AiresHabla de una esquina estratégica: San Juan y Lima, a pocas cuadras del Departamento Central de la Policía Federal. Por si fuera poco, en San Juan al 1300, al lado de la Dirección de Estadísticas del Centro de la Ciudad, se observan los sillones aterciopelados y las mesas preparadas para las citas nocturnas. A la vuelta, sobre la calle San José 1224, se encuentra y observa impávida la comisaría Nº16. Los costureros de la organización “La Alameda” y los cartoneros del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) y un grupo de vecinos de Constitución, conocen una esquina cercana –San Juan al 1100 donde también funciona otro prostíbulo- y la escrachan una fría tarde de invierno. Denuncian cómo en los prostíbulos –habilitados como whiskerias- se vende cocaína y se esclaviza a las mujeres, muchas de ellas traídas engañadas de países limítrofes (las paraguayas son las preferidas del mercado argentino) y del Caribe (República Dominicana exporta cientos de mujeres al año). La Defensora del Pueblo de la Ciudad, Alicia Pierini, intervino en las denuncias provocando sucesivas clausuras de estos locales que luego reabrieron cuando el clamor popular dejó de observarlos.

El 19 de junio del 2006, Jorgelina Sosa, líder de la Asociación de Mujeres Meretrices Argentinas (AMMAR) en dialogo con Alerta Militante afirmó acerca de la existencia de la trata de personas y el aumento de mujeres que se prostituyen en el país que estima en por lo menos de 20.000 en nuestro país. Como Sosa, Lohana Berkins, presidenta de ALITT (Asociación de Lucha por la Identidad Travesti y Transexual), también se conmociona con la situación actual y denuncia los vínculos existentes entre las fuerzas de seguridad y la política. En el 2007 un líder político me confesó que invertía el dinero en “departamentitos” porque era “plata segura y fácil” y que “además uno puede degustar la mercadería”. Difícil es entender cómo los conocidos “cabarets” ofrecen sexo al mejor postor mientras que los policías pasan, sin el menor disimulo, a cobrar una cuota semanal para mantener el funcionamiento.

En el informe antes mencionado y que cuenta con la firma del presidente del bloque de la Coalición Cívica, Adrián Pérez, se denuncia que muchos de los prostíbulos mencionados (la mayor cantidad en el circuito de Constitución entre las calles Salta, Avenida de Mayo, Santiago del Estero y Avenida San Juan) son centros de comercialización de estupefacientes, en especial los vinculados al empleo de la cocaína en sus diversas modalidades. El informe no deja dudas. Mejor dicho plantea una duda: ¿El negocio es la prostitución o la prostitución esconde el real negocio del tráfico de drogas? Los locales funcionan desde la medianoche hasta entrada la mañana y se encuentran en toda la capital pero, aumenta su número en las zonas cercanas a las cabeceras de los trenes (Once, Constitución, Liniers y Retiro).

Se podría categorizar al ejercicio de la prostitución en dos modos de operar y en dos grandes niveles socioeconómicos.

Modus operandi privado: en una amplia gama de departamentos privados. Algunos funcionan en vastos edificios ocupados casi en su totalidad en barrios céntricos y, especialmente en la zona de “Facultad” dado el inmenso mercado juvenil universitario

Modus Operando Callejero: con los mencionados epicentros “populares” cercanos a las terminales ferroviarias y a la mencionada “zona roja” acaparada por los travestis. De la misma manera que el mercado de cualquier mercancía aumenta su oferta mes a mes consecuencia de un incesante aumento de su demanda.

Nivel popular: la profesión más antigua del mundo no discrimina y acepta cualquier cliente siempre y cuando cuente con la cantidad y el color necesario del billete. Las masas trabajadoras y los “debutantes sexuales” escogen prostitutas callejeras o humildes departamentos privados de las zonas populosas

Nivel VIP: cuando se ejerce la profesión a domicilio vía telefónica-internet u en las denominadas “fiestitas” en los más aclamados y reconocidos boliches como “Cocodrilo”, preferido por extranjeros y jugadores de fútbol, de Diego Maradona a Martín Palermo.

Prostibulos de Constitución
Prostíbulo ubicado al lado de la Dirección de Estadísticas y Censos de la Ciudad de Buenos Aires. Foto AM

El consumo de drogas psicoactivas tiene tanta historia como el hombre y como la profesión que ocupa este informe. Cada sociedad y cada época les dieron a las drogas, usos muy diversos, desde mitigar las miserias físicas y espirituales, hasta traspasar la barrera de los cinco sentidos y saltar hacia lo desconocido. Los hombres del hampa la utilizan para delinquir. Un ladrón que roba bajo el efecto de altas dosis de cocaína se anima a todo y, en caso de ser interceptado por la policía, no tendrá ningún pudor en arriesgar su vida y soportar toda clase de maltratos físicos. En las zonas aledañas a los prostíbulos, antes mencionados, a comienzos de siglo funcionaban inmensos fumaderos de opio dirigidos a los recién llegados inmigrantes. El más famoso funcionaba en Paseo Colón al 700 y fue desbaratado en los años ´30. Pero antes, cuando corría 1918 y gobernaba el país el radical Hipólito Yrigoyen, los agentes federales argentinos registraron el primer caso oficial de comercio y consumo de cocaína.

El narcotráfico se hizo popular, como vocablo, en los setenta (con la prohibición del LSD en los EEUU) producto del consumo popular de los hippies y perseguido por décadas por la DEA y sus distintas ramificaciones en todo el mundo. Argentina no fue ni es la excepción y los ajustes de cuentas o asesinatos “mafiosos” se producen semanalmente acaparando la atención de los medios de comunicación y de la opinión pública en general. Recientemente un joven colombiano fue ajusticiado en el reconocido shopping de Unicenter en la zona de Martínez. Los poderosos “hombres de la noche porteña”, dueños de las cadenas de cabarets capitalinos, conocen el negocio de la droga y lo ejercen de la mano del más histórico y tradicional que es la prostitución.

Quizá, como un reconocido investigador del narcotráfico perteneciente las fuerzas de seguridad dijo, haciendo referencia a la lucha contra este negocio: “Se trata de imponer un impuesto al crimen”. O quizás, la política, como estructura piramidal, haga, con respecto al narcotráfico y la prostitución, lo que aconsejaba Maquiavelo: “Aquello que no puede ser eliminado debe incorporarse en el propio beneficio”.

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