LEY DE COMUNAS: MÁS VUELTAS QUE UNA CALESITA

Mapa de las comunas de la Ciudad de Buenos Aires. Comuna 1El año pasado, Martín Hourest, legislador y economista de la Central de Trabajadores Argentina (CTA), recapitula la historia trágica de la maldita ley de comunas: «La Ley de Comunas es la consecución de un texto constitucional que fue el dictamen de la comisión de descentralización. La ley de comunas viene a poner, más o menos y justamente, en ley lo que el texto constitucional dice. Después se discutió si el número de comunas era el adecuado y si el número de comuneros era el adecuado. Creo que un mayor número de comunas permitía adecuar una lógica de áreas no demasiado grandes donde se daría cierto grado de democracia conciliara (…) Son 15 y hay que defenderlas.» El legislador afirma que «Utilizar el argumento bastardo que dice «reduzcamos gastos en las comunas» cuando lo que se quiere decir es, en realidad, callemos a las minorías», y agrega que «el gasto agregado en concepto de descentralización de la ciudad, es irrisorio en relación con la reducción de costos que significaría a futuro y en relación a los costos que la ciudad paga por otras cuestiones».

En los años en que estaba al frente del CGP Nº1, Sebastián Gramajo, justificaba la creación de las comunas pues eran y son un «imperativo constitucional ya que la constitución establece un mecanismo de descentralización administrativa y para los reclamos, sugerencias y propuestas de los vecinos». Gramajo explica que, «el hecho que el vecino participe y proponga y que los representantes de la comuna sean elegidos por los propios vecinos del barrio y que puedan ser revocados por los mismos vecinos, son mecanismos de participación ciudadana que generarán que el vecino se involucre en la política vecinal». Actualmente, la titular del INADI, María José Lubertino, es una de las dirigentes que más pugna por el establecimiento efectivo de las comunas porteñas. Así lo hace saber en cada ocasión en que un micrófono se enciende frente a su boca afirmando las virtudes de las mismas y repasando las gestiones que está realizando en los distintos organismos competentes para presionar al Poder Ejecutivo de la ciudad para cumplir con la ley.

Sergio Abrevaya es legislador por la Coalición Cívica y cree que «el proyecto de comunas está incumpliéndose porque así se hace con la Constitución de la ciudad». Sin embargo, no dispara culpas únicamente en el gobierno actual encabezado por Mauricio Macri, sino que desde el 2000, días después de pronunciarse la Constitución de la ciudad y como la ley lo indicaba, se viene violando sistemáticamente lo firmado en la carta magna. Abrevaya repasa: «La fecha que había elegido la Legislatura para las elecciones comunales era el 10 de agosto pero, con la excusa que no se llegaba con los padrones (algo que se fue tirando en medio de la relación confusa entre el macrismo y la jueza Servini de Cubría) lograron mostrar que no llegaban a tiempo para esa fecha». «Nosotros, desde la Coalición Cívica, impulsamos tratar la prórroga para presentación de padrones provisorios para el 10 de agosto y, al mismo tiempo, si el quórum que teníamos cuadraba con otros consensos, construir una fecha posterior al 10 de agosto, en quince días, para realizar las elecciones comunales. Por otra parte, hicimos una presentación judicial ante el Tribunal Superior, una sentencio exhortativa, para que fije el ejecutivo un cronograma al respecto», agrega el legislador.

Que no hay voluntad política para realizar las famosas elecciones comunales es una verdad de Perogrullo. Sobre las razones de tal verdad, más allá de exhortar culpas ajenas, es la pregunta que pocos se animan a contestar. Y esos pocos hoy están en la oposición al gobierno de Mauricio Macri, por lo menos, en temas relacionados a la descentralización y a la participación ciudadana. Abrevaya es tajante: «El macrismo no cree en la participación ciudadana. Sí creen en un modelo de gestión casi empresarial que está dirimido en el mundo.» Uno de los argumentos preferidos del discurso oficial es el de la eficiencia y el recorte de gastos innecesarios pero, según Martín Hourest, es falso pues: «Los gastos de la política no son solo el pago de los funcionarios políticos (…) ¿qué pasa si se cae el monopolio que existe con los subtes en la ciudad? Esa plata que se ahorraría es 100 veces más que todo el proceso de descentralización de la ciudad. Muchas veces se focaliza la cuestión en los ámbitos que se discute lo público por el costo, sin mirar que los ámbitos más significativos son aquellos en donde no se discuten costos».

En vez de la horizontalidad pregonada, la realidad indica que «el macrismo prefiere un sistema vertical, unilateral. Pero en el mundo actual, no hay gran urbe que no este descentralizada», recuerda Abrevaya y agrega, «desde Madrid que está gobernada por el Partido Popular, hasta Barcelona que la gobiernan los socialistas, dos partidos ideológicamente opuestos. Pero la eficiencia en la gestión, en España y en el mundo, la entienden de otra forma a como lo hace Macri, quien prefiere que el ciudadano no participe, no se entere de las cosas ni cómo se realizan esas cosas.» Allí están, ejemplos tan increíbles, dignos de un film de Woody Allen, como fueron la fallida rambla en Parque Chacabuco o los escasos minutos en que Rivadavia fue doble mano a la altura de Cromagñon, en el barrio de Once. «Ese error le costó a los vecinos 4 millones de pesos», denuncia el legislador Abrevaya, «solo por no preguntarle a los vecinos antes de realizar la obra».

Según los expertos del presupuesto de la ciudad, la implementación de las comunas porteñas le costaría al vecino lo mismo que se gasta actualmente en los 50 cargos políticos creados en los organismos que han reemplazado transitoriamente a los Centros de Gestión y Participación Ciudadana (CGP). Según la ley, el jefe comunal de cada uno de los 15 distritos, cobraría un 70% del sueldo de un legislador. El macrismo confía ciegamente en triunfar en las elecciones en todas las comunas, sin embargo no le interesa dar esa batalla. El kirchnerismo coincide en no impulsar las elecciones en agosto próximo pero, por otros motivos. Actualmente el Frente para la Victoria y sus representantes sufren la peor crisis de representatividad de los últimos 5 años y las elecciones de agosto significarían una abultada derrota electoral que no están dispuestos a soportar. Por eso, denuncian desde la Coalición Cívica, los intereses del bloque K y del PRO coinciden en este sentido: patear las elecciones para el 2009 o que el viento del olvido se las lleve a ninguna parte.

Todos los legisladores que aceptaron una entrevista para Alerta Militante coincidieron en definir a las comunas como un instrumento para que el gobierno porteño se acerque al vecino, a la gente. Los legisladores del PRO solicitados para pronunciarse sobre este tema siempre olvidado por los grandes medios y, quizá también, por los propios vecinos, esgrimieron distintas excusas para no ejercer su propio derecho a réplica. Exceptuando al diputado Daniel Amoroso del partido gobernante quien intentó conceder una entrevista pero, por incompatibilidad horaria, no pudo responder a un simple cuestionario sobre comunas, el resto prefirió el silencio. Desde el Frente para la Victoria, tampoco se desbordó algarabía para contestar a este cronista. Sebastián Gramajo afirmaba las ventajas de las futuras comunas cuando parecían una realidad cercana, próxima, a la vuelta de la esquina y vaticinaba: «Si al ciudadano se le generan instancias de participación en donde se resuelven temas concretos, muy chiquitos, que afectan a su vida práctica, van y participan.

En este CGP (se refiere al Nº1 en el año 2005) tenemos destinados para obras de infraestructuras 2 millones de pesos. Los vecinos tendrán que definir sus prioridades: ¿cuánto sale un semáforo, un asfalto, una rampa? El vecino se fija, estudia, ve y este siente que sus ideas influyen en las decisiones globales. Ese representante del barrio lo conoce y lo camina a diario». Esas ventajas de las que hablaba concretamente Gramajo tendrán que esperar un milagro para existir. Y Macri parece no querer hacer magia ni brujería; menos, cumplir con la ley.

* Redacción AM

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