"La demolición se vende antes de demoler"

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«La demolición se vende antes de demoler»

En Buenos Aires hay un componente patrimonial que no solo les corresponde a sus habitantes. Es de los argentinos, ya que el crecimiento de la ciudad es el reflejo de la grandeza de una nación, que a principios del siglo XX fue uno de los principales países exportadores de materias primas a nivel mundial. Esa riqueza que fue se ve aún en las construcciones, en la calidad y fortaleza de las viviendas, en sus detalles ornamentales y cada uno de los componentes tecnológicos que las conforman.

En relación a esto el arquitecto Carlos Blanco, integrante de la ONG Basta de Demoler,  considera que «los porteños nos damos el lujo de dilapidar el patrimonio que la nación nos delega para su protección y administración. Si nosotros lo desaparecemos, todo eso va a pasar a ser un hecho que ni siquiera se podrá incorporar a la memoria».  Ante esto su colega Adriana Pérez Moralejo considera que el problema reside en las ciudades que no se encuentran a sí mismas. La ciudad de Buenos Aires que es pensada e imaginada por sus habitantes; la ciudad que los inversores planifican en pos de importantes réditos económicos y esa ciudad pensada por los técnicos de cada una de las gestiones de gobierno. «Las discusiones se dan en términos hiper- teóricos que no contemplan lo que la gente que vive acá desea tener como ciudad. En realidad creo que el debate es entre lo que quiere la gente y quienes deciden por ellos».

La organización Basta de Demoler, empezó a conformarse en marzo del año pasado. Fueron los vecinos preocupados por la pérdida progresiva del patrimonio arquitectónico quienes decidieron hacer algo por ello. Las iniciativas originales se dieron en defensa de los Petit hotel del barrio de Recoleta. En los primeros tiempos se reunían cuando se enteraban de alguna construcción en riesgo de demolición. Hoy, está conformada por más de 30 integrantes voluntarios de todos los barrios de la ciudad con las mismas preocupaciones. Además, a través de Internet se conformó una comunidad residentes en distintos puntos del país y que la protección de sus patrimonios locales es una inquietud. Por lo tanto hacen uso de la red como espacio de colaboración, contacto y denuncia permanente.

La tarea de la organización, puntualmente, consiste en abocarse a la defensa de aquellos edificios que los vecinos consideran representativos y que determinan una identidad. Más allá de si las construcciones han sido declaradas patrimonio por el gobierno de la ciudad de Buenos Aires. Pero su defensa no queda en el pedido de protección a través de puestas en escena, performances y de reclamos públicos, sino que, como lo explica la arquitecta Adriana Pérez Moralejo, «todas las acciones que nosotros realizamos están acompañadas de acciones legales. Hemos hecho amparos en casi todas las construcciones que hemos defendido. Nosotros insistimos para que el gobierno las proteja más. La proporción de edificios en la ciudad que están siendo reconocidos es muy poca, es menor al 20%». 

El año pasado la Legislatura porteña aprobó la ley Nº 2548, de protección arquitectónica, en la que entre otras cosas establece la protección de las construcciones anteriores a 1941. Esto significa que quienes quieran derribar construcciones de más de 60 años deben demostrar ante el municipio que el edificio no tiene valor patrimonial. Ahora bien, ¿Cómo saber si un edificio tiene valor patrimonial? Para esto, los arquitectos entrevistados enumeran distintas características que se tienen en cuenta al momento de determinar cuando algo tiene valor patrimonial. Las variables que se ponen en juego son el estilo, la representatividad de la construcción en la zona y dentro del movimiento arquitectónico al cual pertenece. Se tiene en cuenta quién la diseñó y construyó y por supuesto se reconoce su valor intangible o simbólico.  
«Las demoliciones tienen un negocio subsidiario», afirma Pérez Moralejo, y es que en el exterior pagan altos precios por lo que acá se derriba sin estremecimientos. En esto van incluidos los mármoles, las escaleras y aberturas de las más nobles maderas, los vidrios, pisos, entre otros. «Nosotros nos enteramos que estaban demoliendo el Hotel Metropol, en la calle Bartolomé Mitre, porque en una página de Internet salían a la venta partes de la edificación. La demolición se vende antes de demoler.

Esto es, una vez que lo tienen todo colocado empiezan con el derrumbe. Es decir que hay dos negocios». A esto Carlos Blanco acota que se vuelve a llevar a Europa y Estados Unidos lo que se trajo hace ya más de un siglo desde allá.

En muchas ciudades del mundo la protección del patrimonio es una materia indiscutible. Por lo tanto hay sectores o áreas en las cuales las construcciones son respetadas porque forma parte de la identidad de esa ciudad. Entonces ¿cuál es el modelo a seguir que se plantean desde la ONG? Pérez Moralejo considera que eso ya es un lujo que los porteños no se pueden dar.

«Sólo existe una zona de la ciudad que ha quedado en parte sin reformar que es el barrio de San Telmo». Aún así las modificaciones realizadas en el área nunca han sido planificadas teniendo en cuanta la identidad de la zona. «Hoy solo queda tratar de cuidar las APH, que son las áreas de la ciudad más antiguas.  Pero por otro lado no queda otra solución que catalogar de manera individual, uno por uno».

Ambos arquitectos coinciden que es importante el mantenimiento de la fachada de los edificios. «Si bien es un bien privado, tiene un dueño, la imagen de la fachada es pública, le pertenece a la ciudad» agrega Adriana Pérez Moralejo.

* Redacción Alerta Militante

La Residencia Benoit

La ONG Basta de Demoler tuvo una activa participación, junto a distintos artistas,  en  la protesta por la demolición de la casa Benoit, ubicada en Bolívar e Independencia, en el Barrio de San Telmo.

La residencia Benoit tenía un informe técnico de la guardia de auxilio del gobierno de la ciudad en la que se establecía que la construcción no estaba en ruinas. Solo se debía  demoler y reconstruir una parte de la bovedilla, es decir el techo. El día jueves 1º de mayo se arrasó con la fachada de la residencia, ubicada en pleno casco histórico, sin permisos municipales.

Fueron los mismos vecinos del barrio quienes alertaron sobre la indeclinable posibilidad de su destrucción. Pero los reclamos no fueron atendidos en tiempo y forma por las autoridades competentes. Tal como cuentan los arquitectos Blanco y Pérez Moralejo, la casa estaba amparada bajo una medida cautelar. Esto significa que se podía modificar en su interior, pero no su fachada. El feriado se le dio el golpe de gracia y con ella el mural «Carnavales de Antaño», realizado en 1990. Además, agrega la arquitecta Adriana Pérez Moralejo, «tenían un cartel de obras que luego se comprobó que era falso (…) Fue hecho de mala fe».

Esto tuvo como consecuencia que al arquitecto Federico Luís Witko y al ingeniero Ángel Palacios les prohibieran firmar obras y proyectos en la ciudad por un período de 15 años. A la empresa de demolición se le retiró la matrícula de trabajo.
La residencia, era la casa de los suegros del arquitecto Pedro Benoit, quien diseñó el trazado de la ciudad de La Plata, su catedral, entre otros edificios públicos de relevancia.

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