CREENCIAS Y SENTIDO COMUN

En la vida social existen creencias. Estas creencias se caracterizan por estar impregnadas en el discurso de las personas, como si fueran algo “dado” y “natural”, y sin embargo son producto de un proceso histórico de gestación y un contexto determinado. Una de las creencias en boga en la contemporaneidad se refiere al impacto que las tecnologías producen en los sujetos y en la realidad, a tal punto de modificarla. Pero, ¿hay tal impacto? ¿Por qué hablamos de impacto como si fuera un meteorito que proviene del exterior y que cae sin remedio en nuestro habitar el mundo?

No es inocente la utilización de frases y palabras. El significado que estas acarrean provienen de un determinado momento del país, del mundo y, sobre todo, del nivel en que se encuentra el sistema económico imperante.
Veamos.

El tema que nos ocupa es la “revolución industrial” del siglo XXI, que para muchos se asemeja a la anterior en el siglo XIX, por modificar los comportamientos del trabajo y la vida social de los hombres. Para no retroceder tanto en el tiempo, podríamos empezar el relato cronológico mundial en el año 1973, año de la “crisis del petróleo” y el viraje de los principales países desde una economía basada en el Estado de bienestar a una caracterizada por el achicamiento del gasto público y el papel central del Mercado.
En otras palabras, el nacimiento de lo que se conocería como neoliberalismo. Fundamentalmente aplicado en EEUU e Inglaterra después de 1981 (aunque Chile lo había practicado en los 70 con Pinochet), esta fue la economía que determinaría la historia durante los últimos 20 años a nivel mundial.

Entonces, el capitalismo (como tantas otras veces), necesitó de un nuevo modo de acumulación que se diferenciase del anterior, aunque nunca dejando de prescindir de la mano de obra humana. Así las cosas, hoy la participación en el PBI de los trabajadores es alta, aunque fundamentalmente constituida por el rubro servicios (antes era el rubro industrial tradicional el que ocupaba ese puesto). En 2002, por poner un ejemplo,  servicios ocupaba el 65% del PBI mundial, mientras que el 70% de los trabajadores se desempeñan en áreas relacionadas con esa actividad. Las tesis  que decretaron a principios de los 90 el “fin del trabajo” – en tanto reemplazo por la proliferación de técnicas – , hoy se ven contrastadas en parte por estas estadísticas.

Después de este asomo al nacimiento discursivo de la “sociedad de la información”, podemos entonces afirmar que las creencias están determinadas por una construcción social previa que las puso en circulación, y de modo casi inconsciente nosotros reproducimos creyendo que es natural. Así, entendemos que hoy, en el contexto informático en que nos movemos, son necesarias ciertas revalidaciones en el imaginario social que aseguren el éxito y la continuidad de estas políticas económicas. Ese imaginario lo sostenemos nosotros repitiendo las frases “de moda”.

* Redacción Alerta Militante

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