A QUE LLAMAMOS INSEGURIDAD EN LA CIUDAD DE BUENOS AIRES

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Macri y  Blumberg
Macri y Blumberg

Con el sugestivo nombre “El mapa del miedo”, la promesa de información en cifras se ve contrastada a lo largo del artículo con abundantes testimonios de damnificados y cinco infografías que ilustran el actual panorama. El tono que recorre el informe ubica el eje en la “voz de las víctimas”, la “sensación de inseguridad” con que se vive cotidianamente y el pedido feroz de encarcelamiento a los delincuentes. No importa cómo fueron generadas las condiciones, sino la oportuna influencia que tiene en la construcción del sentido común las insistentes referencias a la catalogación de “malvivientes” de los sujetos implicados en los sucesos.

La nota del suplemento dominical va a tono con la abundancia de material periodístico (gráfico y audiovisual) que privilegia el tono denuncista y la creación climática de inseguridad. La expansión de la preocupación desde hace unos años (a través de la diseminación multimedial de mensajes) se apoya fundamentalmente en la crisis social de los valores, extraviados en lo que va del siglo XXI. Algunos investigadores ponen al 2004 como el año que dio origen a esta coyuntura de la actualidad[1].

Alrededor de la palabra “inseguridad”: La batalla cultural por el significado de los términos, adquiere también aquí una importancia que creemos fundamental. La ausencia de un debate serio sobre la problemática forma parte del imaginario social necesario para generar propuestas judiciales “duras” o triunfos electorales. La lógica propuesta por el supuesto debate empieza con una pregunta inadecuada. Hoy, la pregunta “¿Qué hacemos con la inseguridad?” debería ser sustituida por una anterior “¿Qué entendemos por inseguridad?”. La diferencia entre ambas formulaciones modificaría sustancialmente las reglas implícitas para un debate necesario. No es lo mismo, por ejemplo, inseguridad para el juez de la Corte Suprema Eugenio Zaffaroni, que para Juan Carlos Blumberg. Una cosa es pensarla como consecuencia de la destrucción de lazos sociales y otra como innata predisposición al delito. Hasta el momento, la apoyatura mediática hegemónica es un lugar clave para entender la actual connotación del significante inseguridad, aún habiéndose demostrado que la baja en la edad de la imputabilidad o la aplicación de la ‘mano dura’ fracasó estrepitosamente en la reducción de los hechos delictivos.

El negocio de la inseguridad: Las “respuestas de fondo” que exige Clarín para los vecinos, y la sistematicidad que los horarios centrales de los noticieros dedican a las noticias referidas a la inseguridad esconden causalmente un negocio millonario [2] de más de una década que involucra a ex militares de la represión del 76, empresas de puertas blindadas y agentes de policías retirados. Gabriel Allen (vicepresidente de la Cámara de Transportes de Caudales), en entrevista a la revista de negocios Fortuna a se sinceriza: “Nuestro negocio creció por la inseguridad”[3].

Finalmente, no deberíamos desestimar la importancia que tienen las crisis institucionales de representación, el desempleo, la flexibilización laboral y la descomposición escolar en las causas donde habría que buscar la actual incertidumbre. Incertidumbre de los vecinos por un lado, e incertidumbre de los desplazados del sistema por el otro.

* Redacción Alerta Militante

[1] Shila Vilker (UBA), en entrevista a Página 12 el 30 de marzo de este año, señala que “en 2004 pasaron dos cosas centrales: la muerte de Axel Blumberg y la Tragedia de Cromañón”.
[2] Se afirma que el negocio de la inseguridad mueve más de 1000 millones de dólares anuales y emplea a más de 70 mil agentes de seguridad privada. Basta con prestar atención a las publicidades en TV y diarios de Seguros de vivienda, Alarmas, Puertas de seguridad, etc.
[3] [En línea: http://www.revista-fortuna.com.ar/ed_0243/rep01.html]

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