EL PACO LLEGÓ A LA CLASE MEDIA

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El Paco llegó a la clase mediaEl estereotipo del consumidor de paco es por lo menos exagerado; inmediatamente idealizamos adolescentes mal entrazados y desmejorados físicamente. Esta imagen es producto del enraizado discurso en la sociedad que vincula directamente a la pobreza con el delito. Los jóvenes “clasemedieros” no se drogan en la calle fundamentalmente porque pueden acceder a diferentes lugares para hacerlo; o bien porque son contenidos en sus propios hogares familiares. Al igual que con el consumo de otras drogas, existen usos más controlados, o bien menos compulsivos. El paco en la clase media se presenta de esta manera como invisible para la mayoría de “los ciudadanos correctos”.

Los “paqueros” pobres son usuarios con mayor visibilidad, ya que se drogan al aire libre, en esquinas o rincones del barrio sin mediar vergüenza alguna. Argentina “lidera el ranking” de consumo de cocaína en adolescentes de 13 a 17 años. La Argentina dejó de ser un país de tránsito de la droga, un lugar donde se terminaba o fraccionaba la cocaína, antes de seguir viaje.

La caída de la convertibilidad tuvo infinidad de consecuencias; tanto es así que alteró el normal funcionamiento de la compra-venta y consumo de drogas ilegales. La cocaína mudó su venta una vez más hacia los sectores de mayor poder adquisitivo (norte de la Ciudad) mientras que los barrios más pobres (sur porteño) consumen las sobras de sus pares adictos de las zonas acomodadas. En épocas no muy lejanas al que vendía drogas se lo denominaba “el puntero o dealer”; en la actualidad es muy común la venta en cientos de casillas ubicadas en las diferentes villas de emergencia porteñas. Es “gente común” que se gana el sustento como cualquier cuentapropista; no es extraño que se puedan adquirir paco en locales caseros que además funcionan como verdulerías o almacenes.

Para fumar paco se utiliza un cilindro (por lo general una antena de televisión o pipa) en el cual se le introduce virulana y se reserva espacio como para poner “la pasta”. El efecto por fumar (entre 8 y 40 segundos) varía de acuerdo al tipo de precursores incluidos en la preparación, pero es casi automático. Un dato importante es que efecto-placer se desvanece con la misma celeridad, al mismo tiempo que provoca una compulsividad insoportable a seguir fumando. Es difícil la medición o bien introducir análisis de porte matemático, pero teniendo en cuenta el breve tiempo de efecto; el paco termina saliendo mas caro que las drogas clásicas.

El consumidor de clase media adquiere el dinero para comprar la droga en su casa, en primera instancia porque los padres les conceden recursos para su normal desenvolvimiento adolescente; cuando se suspende esta boca de expendio es probable que hurte electrodomésticos de su propio hogar; por último la entrada a delitos de mayor cuantía se presenta como inminente. Los chicos pobres mendigan monedas o directamente roban en la calle. A esta altura del micro informe surge indefectiblemente la necesidad de información acerca de algún tratamiento que mitigue semejante enfermedad social. En sí no dista demasiado de cualquier intervención con pacientes adictos a otras drogas, pero teniendo en cuenta el deterioro físico y el grado de intoxicación los pacientes son en primera instancia sometidos a un proceso de limpieza del organismo. Lograr la abstinencia del “paquero” se torna a veces dificultoso, pero los especialistas en estos casos son más flexibles para no expulsar al paciente del programa de recuperación.

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