LA OTRA VOLUNTAD

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A modo de introducción. Un paseo por el infierno

Vilma Acuña es una referente de la Villa 15, a la que se conoce, desde los años de la dictadura, como “Ciudad Oculta”. Por su lucha al frente de un comedor comunitario en donde nos recibe amable y calurosa, y por rescatar a pibes y adictos del paco, Vilma, adquirió cariño y reconocimiento entre otras madres. Ganó relevancia mediática por el asesinato de su hijo menor hace unos años, hasta la entrevistó recientemente el New York Times. “Mi hijo tuvo un stress post-traumático, lo internaron en el hospital Alvear, en un neuropsiquiátrico, allí estuvo cuatro meses y tenía que hacer terapia ambulatoria pero comenzó a decaer. Empezó consumiendo marihuana, luego pastillas que mezclaba, no se si llegó a consumir cocaína, y luego empezó con el paco. El paco aceleró su enfermedad y fue lo que más lo deterioró”. El hijo mayor no podía superar el asesinato de su hermano de 16 años por una itaka y cayó en una severa depresión aguda. Ahora, ya es padre y tiene 25: “Tenía muchos proyectos de vida, quería ser psicólogo o escritor. Pero de repente se dio vuelta todo, sufrió un retroceso enorme, se ponía la ropa de su hermano menor. Nadie prepara a alguien, como me pasó a mí, para cuidar a un hijo con un problema así. Tenía un hijo muerto y otro que consumía paco. De internación en internación, mi hijo pasó por el Borda, por distintas clínicas psiquiátricas y nunca daban con el diagnóstico. ¿Qué sucede? Es que en los psiquiátricos no atacan a la personalidad adictiva sino a la enfermedad psiquiátrica y el ya estaba consumiendo; por eso se lo consideraba un paciente dual y no hay muchos lugares para pacientes así. Estaba en un término medio según la comunidad terapéutica. Golpeaba las puertas y pedía ayuda. Hoy, luego de seis años, hace dos meses que está sin medicaciones internado en una comunidad terapéutica. Está en una prueba piloto que se hizo en común acuerdo con el SEDRONAR. Está avanzando bien por primera vez, ya tenemos un diálogo y muchas esperanzas.

Madres Del Paco
Madres del Paco. (Foto Alerta Militante)

La abreviatura de ese nombre masculino (Francisco), bien latinoamericano, es Paco y se fuma, no solo entre marginales de las villas como muestra la televisión sensacionalista desde el 2003 a la fecha, sino en parques, plazas, en forma privada y en casas de clase media de barrios capitalinos como San Telmo, Once, Balvanera, Montserrat y hasta la mismísima Recoleta. La droga más mediática de los últimos años mata entre los pobres y hace furor entre los jóvenes de una clase media que discrimina los gustos populares pero reinserta sus prácticas sociales de una forma light, más naif. El influyente diario New York Times recientemente publicó una nota titulada “El paco, un flagelo que preocupa cada vez más a los argentinos” y explicó el aumento de su consumo por “fronteras fáciles de atravesar, las crisis económicas y el paso atrás que ha dado el presidente boliviano, Evo Morales, en cuanto a las restricciones sobre el cultivo de coca”. Los medios, en especial la televisión argentina que solo presta atención en las fotografías macabras de los chicos temblando ante los estragos de esta droga y los emparenta con la delincuencia, no suelen prestar atención a la pata política de la cuestión. En tiempos en que el Congreso vuelve a convertirse en sospechoso por sus posibles vínculos con la venta de cocaína y en que el dirigente social Luis D´Elia, denuncia la venta de paco en el conurbano por parte de punteros políticos del Partido Justicialista (PJ), justamente, a una semana en que el ex presidente Néstor Kirchner decide sumar en las listas de un PJ “modernizado” a Roberto Lavagna, ex duhaldistas, ex menemistas y una troupe de “buenos muchachos” de las siempre polémicas intendencias bonaerenses. La policía federal prefiere negar el problema quizá “porque es parte del mismo” como denuncia el diputado arista, Sebastián Cinquerriu y el secretario de Estado de la SEDRONAR, José Ramón Granero, deambula por los canales de cable, expresando una única solución que incluye una negación: “Si la droga no ingresa desde Bolivia cae el consumo”.

Devaluación. Antes, durante y después.

2001 es el año del cambio de paradigma. La Argentina asistía a una crisis terminal de su economía. El sueño de la Alianza y del progresismo en el poder entraba en coma, quizá ya había muerto desde el mismo momento en que había nacido. En las calles se respiraba bronca y odio hacia un sistema político que, como símbolo, huía en helicóptero hacia ninguna parte. En el conurbano bonaerense, como relata Miguel Bonasso en su obra “El palacio y la calle”, los punteros del aparato duhaldista y de sus intendentes afines, buscaban y compraban voluntades por unos pocos pesos, con el fin de saquear supermercados conformando un panorama de película de cine catástrofe. Por otra parte en los intersticios de la sociedad, en los túneles olvidados de una red social extinta se gestaba una masacre silenciosa. El narcotráfico y sus líderes, que no dan conferencias de prensa ni aparecen en los medios, comenzaban a mudar las grandes “cocinas productivas” de la cocaína hacia centros urbanos argentinos en donde la mano de obra minimizaba sus costos luego de la devaluación y en donde el número de posibles y reales consumidores eran infinitamente más provechosos que en los perdidos pueblos de Bolivia, además del valor agregado de contar con un aeropuerto internacional a escasos kilómetros de distancia para vender toneladas de droga hacia Europa y Estados Unidos. “¿Bajo o alto?”, preguntaba en esa época un dealer cuando alguien venía a comprar “merca”. Alguien entendió mal o pronunció erróneamente el bajo y creó una de las palabras más pronunciadas de los últimos años: PACO. Mientras tanto, en estas últimas décadas, desde la muerte de Juan Domingo Perón hasta el final del mandato de Eduardo Duhalde la pobreza creció siete veces. Pero el paco no es solo consecuencia de la miseria, de hecho, en los últimos cinco años la pobreza ha descendido considerablemente, sino que también se relaciona con el cambio del mercado global de drogas producido luego de la devaluación monetaria argentina.

El consumo de paco aumentó considerablemente en los últimos años. Según un estudio realizado en el 2005 por el ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires, en la villa Itatí, en Quilmes, la mitad de sus pobladores jóvenes y varones consumen o probaron esta droga. El mismo informe indica que hay jóvenes que pueden llegar a fumar hasta 50 cigarrillos en un día lo cual derriba la teoría de que el paco sea una droga tan barata. Sí lo es, si se la compara con la cocaína. Pero si la dosis de un gramo de pasta base cuesta alrededor de 3 a 5 pesos –aumentó en el último año un 400%-, y su influencia en el sistema nervioso duran tan solo tres minutos aproximadamente, un adicto puede invertir en paco entre unos 100 a 250 pesos diarios. La droga se ha masificado y ha alcanzado a la clase media, aunque de una forma más invisible, pero, como se verá más adelante, también se masificó su venta la cual se terceriza entre los propios habitantes de las villas miserias. La pasta base de la cocaína, conocida en la Argentina como Paco, es un residuo de la producción de los laboratorios que elaboran esa droga, el producto de escarbar la olla donde se cocina la “merca”, la basura de la basura, por eso se la conoce como un desecho o lo peor de la cocaína. La Subsecretaría de Atención a las adicciones del Gobierno bonaerense estudió a 2.917 personas en una villa del sur del conurbano y descubrió que la principal droga ilegal consumida entre sus habitantes era el paco (47,2%) superando ampliamente a la marihuana (35,9%) y a la cocaína (15,8%). Lo llamativo del informe es que, las personas que dicen consumir paco lo hacen a diario, mientras que las que consumen otras drogas no las prueban con tanta frecuencia. “Esto habla de características más adictivas de la pasta base”, afirma el doctor Hugo Míguez, integrante del Conicet.

Para el Gobierno de la Ciudad, al menos 70 mil personas fuman paco todos los días en la Argentina. Según Sedronar, (Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico),se consumen 400 mil dosis de paco por día. Uno de sus máximos funcionarios afirma que el estado combate y lucha a diario contra el narcotráfico y busca demostrarlo citando el espectacular y reciente allanamiento que incautó más de 1100 toneladas de cocaína de máxima pureza. Sin embargo, un profesor universitario, egresado de la universidad nacional de Farmacia y Bioquímica, está convencido de que la desinformación sobre la producción y el posterior consumo de drogas, alcanza a los propios funcionarios supuestamente especializados en el tema y cita como ejemplo que el profesor universitario de Sedronar, no distingue entre las consecuencias de drogas “terapeúticas” como la marihuana y las destructivas como el paco.

En la villa, la droga se asocia al robo, a la violencia y hasta con la muerte. En gran parte del círculo de la cultura del rock, y para los propios jóvenes, la droga se asocia a la fiesta, al descontrol al dejarse llevar: “Empieza el ritual, nadie dice nada pero yo lo siento igual, la desesperada gana de querer viajar con tan solo una pitada, a otra realidad que sea mejor”, canta el grupo de Caballito “Las Pastillas del Abuelo. Lo cierto y palpable es que el consumo, en estos tiempos, también se asocia al agotamiento de la infancia. Los chicos dejan de serlo e intentan copiar modelos adolescentes de rebeldía. Romina vio a muchos amigos suicidarse en la abstinencia por el paco. “Un amigo se compró 50 dosis, fumó durante tres días seguidos, me decía que no quería fumar más, que no daba más pero que no podía bajar, le dije que venga a mi casa y cuando me encontré con él lo hallé ahorcado. No tuvo salida. No supo que hacer. El paco no se mezcla con nada, ni con agua, ni con alcohol, te genera anorexia, mi marido come dos cucharaditas de comida y se llenó, tiene el estómago totalmente cerrado.” RominaCaballero tiene un bebé con su esposo que es consumidor de paco y que “tiene un corazón enorme, es un buen tipo pero, cuando le agarran los períodos del consumo, te falta la ropa, plata, cosas de la casa. Mi relación es buena pero él está atrapado. Él dice que una parte de él quiere dejarla pero su cuerpo no lo deja. A veces se queda toda la noche consumiendo y durante el día se queda durmiendo. No es barata la droga como dicen porque es adictiva y no te alcanzan unas pocas dosis. Nosotros tenemos la voluntad pero ellos la perdieron.

Más allá de las estadísticas, el consumo es una práctica social que permite entender una forma de procesar la vida y sus condiciones concretas de existencia.

Joven fumando pacoEl adicto de estas drogas duras, llámese paco o crack, pone al cuerpo en primer plano, escenificando sus sensaciones, en una única sensación –la no-sensación- el sentirse ido, muerto. Es la celebración por la muerte y por la autodestrucción. Romina relata la situación en Ciudad Oculta: “A veces te dan simplemente la bolsita, los mismos transas. Son 32 manzanas y viven 30 mil personas (según datos oficiales las cifras oscilan entre 16 y 20 mil habitantes). Lo que se ve mucho por acá es que los que venden le dan a los pibitos, de 10, 9, 8 años que vendan para consumir, y los nenitos están con la riñonera en la esquina deambulando, fuman y venden. Es la forma ideal de lo que se conoce como “el descargue”. Y ahora es peor porque empezaron también a vender las pibitas, nenas de 8 años”. Liliana Barrionuevo está preocupada, llora desoladamente: “Mi hijo consume sin parar paco, casualmente anoche se fue de la esquina de casa a la una de madrugada, y lo perdí de vista. Lo encontramos a las 4 y cuando nos vio se escapó. No apareció más. Tiene 17 años y estoy haciendo los trámites para la internación. Así no se puede. Hace como un año y medio que está en el tema. Me di cuenta porque empezó a bajar de peso, a mentir y a robar.

A la madrugada llegan autos caros y distribuyen la droga. Son cosas que prefieren no mencionar, el miedo es enorme por la vida, no de ellas, pero de sus otros hijos menores.

Yeny Gómez es una ex adicta a la cocaína y rememora el punto de inicio de sus vivencias y de cuándo la situación se fue de las manos: “En el 2001 se desbordó todo y empezó a aparecer algo más fuerte de lo que consumíamos antes. Era adicta y toqué fondo, muy en el fondo, comí de la basura, me deterioré en lo físico, dormía en la calle y un día me llevó a su casa Vilma cuando tenía otro comedor luego de 9 meses. Yeny: “En un programa de televisión me preguntaron si la guerra contra la droga se está perdiendo o ganando. Les dije que la ganamos en un 10%. ¿Es mucho? Para nosotros es muchísimo”. Las madres del paco continúan su lucha, se juntan todos los lunes a las 14 horas, esperan un llamado al 4601-6283, quien sabe, quizá cumplan el sueño de instalar una panadería o plantar soja como quiere Yeny y Romina, pero necesitan ayuda. Buscan recuperar el sentido de la felicidad, no por ellas, sino por sus hijos o sus familiares cercanos. Si se pudiese medir la angustia y el dolor, estas madres se sorprenderían de lo que han sufrido en tan solo una vida. Si se midiese la perseverancia y la resistencia a tantas cosas, tendríamos que estar orgullosos de ellas. Algún día serán recordadas, no como las madres del paco, pues ello es sólo una circunstancia, sino por su lucha, por su tenacidad, por “parir mucha más vida de la que se truncó” como canta León Gieco; serán recordadas como “las madres del amor”.

Aún lo recuerdo. Año 2002. Era medianoche, regresábamos en remise del triángulo de Bernal, cerca de una pequeña radio barrial en donde habíamos emitido un programa de “Aburridos Peligrosos”. El remisero comienza a contar su historia: “En realidad estoy preso, me dejan salir de vez en cuando a robar, la propia policía, les doy la guita y una parte te la depositan en una cuenta bancaria para que tengas cuando se cumpla tu sentencia. Yo también hago esto (se refiere a manejar un remise), cuando puedo, porque prefiero evitar lo ilegal; además, está jodida la calle, los pibes están todos mal, se fuman una mierda que no la conoce nadie, se llama paco y los deja re loquitos. Acuérdense, esa porquería va a pudrir todo, ya no hay códigos de nada, te matan por dos pesos, están todos enviciados con esa basura que queda de la coca”. 2008. Romina observa como su amigo está encadenado como un perro semi muerto a la pata de una cama. Su padre trata, desesperadamente, que no se vuelva a intentar ahorcar. No aguanta no tener paco ahora. Quiere una dosis más.

* Redacción Alerta Militante

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