AYER UN SITIO DE DOLOR, TORTURA Y MUERTE: HOY UN ESPACIO DE VIDA

Para muchos es el “Club Atlético”, para algunos el “Centro Anti-subversivo” y para otros el lugar donde les robaron parte de la juventud. Se considera que este “C.A” formó parte de un funesto circuito que debieron recorrer muchos detenidos. Partían de “Garage Azopardo”, donde se desempeñaba el servicio de Automotores de la Superintendencia de Seguridad Federal en el Barrio de San Telmo (En la actualidad continúa siendo una dependencia de la PFA, utilizada para el expendio de cédulas y pasaportes) Cuando los militares comienzan con la construcción de la autopista, muchos detenidos fueron llevados a “El Banco”, sobre la autopista Riccheri. Este último centro funcionó entre diciembre del ’77 y agosto del año siguiente, mientras construían el CCD “El Olimpo”. El reconocimiento de este circuito armado por la Policía Federal, fue reconstruido gracias al doloroso recuerdo de quienes pasaron por esos sombríos lugares. Posiblemente se creyó que con la construcción de la autopista y con miles de toneladas de cemento se lograría tapar las violaciones cometidas por el gobierno de facto.

Delia Barrera estuvo detenida-desaparecida en el CCD “Club Atlético” relató a la Revista Alerta Militante sus experiencias. “Este espacio de la memoria es el segundo paso en la lucha”, relata Delia Barrera una ex detenida desaparecida. “El primero fue lograr la excavación de los terrenos techados por al autopista 25 de Mayo que se iniciaron en abril de 2002 por orden del gobierno de la ciudad y el tercero es la construcción de un espacio destinado a la exposición y muestra de actividades que tendrán como eje temático las consecuencias del terrorismo. El espacio será un nexo entre la sociedad, el barrio, los vecinos  y lo que fuera el campo de concentración” agrega Barrera. Detenida durante 92 días y con solo 22 años, esta estudiante recién iniciada de medicina, militaba en la Juventud Peronista Universitaria. En 1977 hacía cinco años que estaba de novia con Hugo Scutari, quien era estudiante de derecho y delegado del Banco Nación, de la sucursal Villa Crespo. Ambos fueron detenidos el mismo día, en distintos lugares y momentos. Según cuenta Delia en su testimonio, “el viernes 5 de agosto ese fue el último momento en que vi a Hugo en libertad. Cuando nos volvimos a ver, la noche de ese 5 de agosto de 1977, fue en un lugar donde había muchas personas, con los ojos vendados y con cadenas en los pies igual que nosotros y otras personas que daban órdenes, golpeaban e insultaban, eran los guardias”. Estuvieron juntos en las celdas del “Club Atlético” hasta el 20 de septiembre, cuando Hugo fue trasladado a un destino del cual se desconoce y de donde nunca pudo regresar. Delia recuperó la libertad el 4 de noviembre del ‘77. Luego de su liberación y con el regreso de la democracia, inició su militancia por el esclarecimiento de la causa de la violación de los derechos humanos. Hoy colabora con el grupo de abogados de la causa ESMA, 1° cuerpo y Campo de Mayo. Dejó la carrera de medicina y trabaja como administrativa en la facultad de Ingeniería, a unas pocas cuadras de lo que fuera ese mundo oscuro y frío donde la privaron autoritariamente de su libertad.

Miguel D´ Agostino tenía 18 años, vivía en Castelar con su familia, cuando el 1° de julio del ‘77 fue secuestrado, golpeado y llevado con los ojos vendados directamente al “C.A”. Era militante del PRT (Partido revolucionario de los Trabajadores) y delegado estudiantil de lo que fuera la escuela Técnica SEGBA. Estuvo 90 días en prisión en la celda número 21 y de su paso por ese lugar recuerda “el trato inhumano de los represores y los gritos de dolor de los compañeros”. Para Miguel la recuperación de este espacio de la memoria es “el resultado de una tarea en crecimiento, en respuesta a una lucha por la que aún falta mucho por hacer (…) el objetivo de la creación de este espacio es trascender la vida de los desaparecidos, dejando en este lugar la huella de la memoria y de su lucha”.  Cuando los torturadores decidieron que Miguel recuperaría su libertad, lo dejaron abandonado en la vía pública el 1° de octubre. A partir de ese momento se dedicó a llevar a cabo la tarea acérrima de encontrar “ese” lugar, ese pozo, donde lo habían ocultado y que él no había podido ver. En marzo de 1984, trabajando en el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) por el esclarecimiento y protección de los derechos ultrajados durante la dictadura, Delia y Miguel se re-encontraron. No se conocían, pero habían vivido el mismo terror, en el mismo lugar. Uno en la celda 21 y la otra en el 19. El 26 de agosto del ‘77 Miguel le tocó el feliz cumpleaños a Delia con suaves golpes sobre la pared  que los separaba. Ella no supo quien había sido hasta que entre charlas recordando y coincidiendo  en el pasado conoció a esa persona que le festejó el cumpleaños número 23.

En este CCDyT, se desempeñaron en su carrera de represores el comisario Benito Fiorabante, el sub- oficial Simón “el Turco” Julián, Antonio Del Cerro “Colores”, el comisario inspector Samuel Miara, entre otros tristemente célebres torturadores y asesinos. En lo invisible de la ciudad es donde nace y re- nace  la memoria de los pueblos. En lo invisible de los espacios bajo los grandes muros de hormigón hay memoria que no se deja borrar y que gracias a la lucha en defensa de los derechos humanos, traspasa los años y nos ayuda a pensar nuestra historia, nuestro presente y nuestro futuro. Lo que ayer estaba colmado de sufrimiento, dolor, tortura y muerte, hoy es un espacio para la vida que espera ser tomado como propio por parte de la sociedad.

Ayer un sitio de dolor, tortura y muerte, hoy un espacio de vida. Club Atletico. Entre febrero y diciembre de 1977 funcionó el “Club Atlético”, un edificio de 3 pisos de altura, que pertenecía al servicio de aprovisionamiento de la policía. A finales de los 70, fue demolido para la construcción de la Autopista 25 de Mayo.
Foto Alerta Militante

Ayer un sitio de dolor, tortura y muerte, hoy un espacio de vida. Club Atletico. Entre febrero y diciembre de 1977 funcionó el “Club Atlético”, un edificio de 3 pisos de altura, que pertenecía al servicio de aprovisionamiento de la policía. A finales de los 70, fue demolido para la construcción de la Autopista 25 de Mayo.
Foto Alerta Militante

Ayer un sitio de dolor, tortura y muerte, hoy un espacio de vida. Club Atletico. Entre febrero y diciembre de 1977 funcionó el “Club Atlético”, un edificio de 3 pisos de altura, que pertenecía al servicio de aprovisionamiento de la policía. A finales de los 70, fue demolido para la construcción de la Autopista 25 de Mayo.
Foto Alerta Militante

Ayer un sitio de dolor, tortura y muerte, hoy un espacio de vida. Club Atletico. Entre febrero y diciembre de 1977 funcionó el “Club Atlético”, un edificio de 3 pisos de altura, que pertenecía al servicio de aprovisionamiento de la policía. A finales de los 70, fue demolido para la construcción de la Autopista 25 de Mayo.
Foto Alerta Militante


SAN TELMO TIENE SU ESPACIO PARA LA MEMORIA

El sábado 3 de noviembre quedó inaugurado “El espacio de la memoria” una muestra más de la lucha incansable por la verdad, la memoria y la justicia. En pleno barrio de San Telmo (Paseo Colón, entre Cochabamba y San Juan) frente donde funcionara hace 30 años un centro clandestino de desaparición y tortura (CCDyT), perteneciente la policía Federal, conocido como“Club Atlético”.

El Espacio de la Memoria es el resultado del trabajo de organismos de Derechos Humanos, de los grupos de sobrevivientes, familiares y de las organizaciones barriales que lograron la recuperación del emblemático sitio. En un acto colmado de emociones encontradas se festejó y se recordó a cada una de las víctimas que pasaron por ese nefasto lugar.

El diseño del espacio, que respeta las irregularidades del terreno,  es obra del arquitecto Marcelo Castillo. En los postes de iluminación se recuerdan a los 30.000 detenidos- desaparecidos y a los 500 niños que aún tienen que recuperar su identidad, todos víctimas del terrorismo de Estado. Tres árboles representan a los tres chicos que nacieron en cautiverio en el “Club Atlético” y que recientemente recuperaron su identidad.  Ellos son Juan Cabandié Alfonsín, Eugenia Sampallo Barragán y Alejandro Sandoval Fontana. En el acto se plantó el árbol Ginko Biloba, también llamado “árbol de la vida”,  en memoria de las víctimas y como símbolo de las vidas que en ese lugar intentaron truncar, pero que aún siguen latiendo. Los bancos que se distribuyen por el espacio contienen inscripciones con consignas que buscan trascender el paso del tiempo, que perdurarán para que la lucha por la justicia y la memoria no se olvide. Como parte de la programación estuvieron presente el grupo de teatro “Catalinas del sur” y sonaron los tambores del grupo de percusión “La chilinga”; por último Laura  Albarracín le puso más letra y música al atardecer del sábado de noviembre.

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