SAN TELMO, PAREDON Y DESPUES *

Conventillo de San Telmo
Conventillo de San Telmo

Lo evidente, sin embargo, es que un apreciable sector de la “gente bien” porteña ha decidido retornar a su lugar de origen: a los Altos de San Pedro Telmo. (…) El éxodo de la clase alta se agravó por culpa de un marinero paraguayo: en 1871, en su cuerpo, y en el tugurio de Bolívar 392 (hoy 1262), estalla la fiebre amarilla. En tres meses casi dos mil quinientos muertos. La gente huía, desesperada; los Uriburu, al escapar, debieron perder a Virginia y su hijo Jorge; en cambio, José Evaristo salió ileso para llegar mas tarde a la Presidencia de la Nación. Hasta hace poco todavía se conservaban en algunas puertas de lapacho la negra y fatídica cruz de la muerte. (…)

Hace más de dos años que aterrizó uno de los primeros avanzados: Osvaldo Giesso, arquitecto. Con la ayuda de alguna artistas, refaccionó la casona de Cochabamba 360 (…)1

“Empecé aquí –aclara Giesso-porque se adaptaba a mis posibilidades económicas. Acabo de comprar la casa de al lado y dejo el departamento de Callao y Santa Fe. Tendré más comodidades: una cochera para tres automóviles, gimnasio, pieza de música, dormitorios compartimentados, pileta de natación. Lo importante del barrio no son las rejas coloniales, sino el espacio”.

Que la segunda invasión a San Telmo es una realidad, lo demuestra un plano del arquitecto Giesso en el que ubica, a medida que van llegando, los apellidos ilustres incorporados al barrio. Con ellos se infiltra, se infiltra una carga de emprendedores negociantes que dispone sus baterías para satisfacer cualquier pretensión nov. A pesar de sus precios, algunos lugares pasan de moda: son parte del consumo indiscriminado, de la antropofagia que tienen los argentinos por salir de los lugares comunes, aunque casi siempre vivan en ellos.

Las casas chatas y estrechas parecen iguales a sus dueños; quizás ese es el secreto de san Telmo, su característica. ¿Qué es lo que mantiene la arquitectura, sino la gente que la crea? Esa pregunta, formulada en voz alta por el arquitecto Rodolfo Berbera puede resultar clave. “Pocos son los que entienden –apostrofa- ; todos hablan del valor estético del barrio y lo que vale, pura y simplemente, es el espacio”. Nadie, mucho menos él, duda de que si San Telmo existiera en Europa, varias comisiones municipales ya lo habrían restaurado de tal modo que se conservaría intacto. “Sería tan fácil controlar el crecimiento edilicio, aislando las casas de valor”; sugiere el menudo Berbery. “La llegada de ricos, ejecutivos y negociantes – proclama- en nada beneficia al barrio; solo ellos se van a llenar los bolsillos. Como esto siga así, pronto nos vamos a encontrar abriendo las puertas de los coches con una gorrita”.

Un vendedor de diarios que vocea la sexta, cree que “después de las mujeres, San Telmo es lo mas lindo que hizo Dios”. No lo asustan ni rechaza a los recién llegados o a los que vendrán; “si vienen a vivir y a pasear, es porque aquí hay mucho for tourist”. La comparación con la Boca se vuelve inevitable y patética. Al parecer, ni el fuego fatuo de San Telmo será capaz de salvar al barrio de esa posibilidad.

* Roberto García. Colaboración de Diana Zermoglio. Revista Señoras y Señores. Año I. Nº 3. Buenos Aires, Octubre de 1969. Editorial Primera Plana. Director Victorio Dalle Nogare.
1
Actual Sede de Giesso Propiedades. Una de las inmobiliarias más importantes de la Ciudad e Buenos Aires.

Comentarios

comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *