“Soy Leyenda”

Compartir!

No sobran datos o documentación acerca de la vieja casona con dirección postal en la actual calle Carlos Calvo 599 (esquina Perú –antigua Representantes) Más bien la información es muchas veces imprecisa y se sustenta en la recopilación de «historias orales».

Pero siempre existe una «historia oficial» y esta indica que por el año 1864, en la planta baja (luego se sumaría un piso más), de un edificio de estilo italianizante, comenzó a funcionar un «Almacén de ultramarinos» (producto importados) que también ofrecía leche, huevos y pan. Como era uso y costumbre en la época tambien tenía como actividad un «despacho de bebidas».

El local estaba asentado en el cruce de calles de tierra, por donde circulaban carros tirados por bueyes y se encontraba a solo 100 metros del ríacho conocido como «Tercero Sur», cuyas aguas pasaban por la actual EEUU y en parte desembocaban en un Zanjón a metros de la casa de la familia Granados (calle Chile y Pasaje San Lorenzo) Cuando este se desbordaba por las lluvias, convertían la zona en un verdadero lodazal. El puente más importante a la «civilización», esto es hacia la «Parroquia de Montserrat» se encontraba sobre la calle Defensa.

Los barrios que actualmente integran el casco histórico porteño, albergaron en tiempos coloniales a las familias aristocráticas – por lo menos hasta 1871 – año en que la epidemia de fiebre amarilla los obligó a evacuar la zona para refugiarse -en parte- en el norte de la ciudad. La migración interna si bien importante, no fue tan masiva como algunos creen. Solo podían hacerlo aquellos quienes tenían los recursos para abandonar sus hogares y edificar nuevos. Se presume que durante estos años se suspendieron un par de años las actividades comerciales en el edificio donde hoy funciona el Federal.

Por estos lares muchas casonas se pusieron a la venta, cuando no se abandonaron, y fueron ocupadas por los propios criados, «la chusma» o inmigrantes que trabajaban en el puerto quienes de esta forma comenzaron a asentarse en el barrio. Algunas de esas residencias y los «petit hotels» se transformaron en conventillos, albergando a familias enteras en habitaciones individuales con servicios compartidos. La población post peste, fue mutando consolidándose «un nuevo pobre», con gran cantidad de extranjeros que trabajaban en las distintas actividades portuarias, muchas veces vinculadas con el tráfico de mercancías ilegales.

El Federal una vez más se acomodó a la coyuntura y por ese entonces se convirtió en pulpería, que recibía parroquianos de los alrededores en busca de algún trago, escuchar a payadores comprometidos con causas políticas y porque no…afecto. En ese sentido algunas crónicas mencionan que es en esta época cuando «se celebraban espectáculos ilícitos» y que «se apostaba a los naipes, a los dados o a la riña de gallos». De hecho por un tiempo directamente se transformó en un «prostíbulo (planta alta) con bar de copas, vicios poco saludables y servicios de compañía»

“Hasta fin de año podrá vivitarse la muestra fotográfica, Mirada Federal de Sergio Gasali, que consiste en 17 fotos sacadas desde diferentes mesas del bar»

Un poco por economía de texto y otro por falta de información, damos un salto en la cronología histórica, que nos lleva a la década del 50´, cuando el edificio se re inauguró como «almacén con despacho de bebidas, fiambres frescos, productos secos, mercadería al peso y brebajes etílicos». En aquel entonces, en momentos en que se realizaban las obras para para construir la barra del local, se encontraron, enterrados huesos de cadáveres de la época de la fiebre amarilla.

A principios de los 60 ´el comercio se hizo conocido en el barrio como «El Almacén de Don Jesús». Testigos de la época aseguran que el propietario tenía una hija veinteañera, muy bella y que «daba mucho que hablar (…) y a pesar de que estaba comprometida se dice que andaba con otro hombre» (Ver Tragedia)

Años mas tarde la esquina se transformaría en un «Café Bar», casi una moda en los 1970. Finalmente es entrado el siglo XXI que «El Federal» toma su fisonomía actual, con sus dos salones y mobiliarios antiguos; viejas publicidades, fotografías de los años 20 y de los 30, añejas botellas de aperitivos, sifones de vidrio de color con cabeza metálica; en síntesis un lugar ideal para el turista.

Sin embargo el vecino tradicional del barrio se niega a abandonar uno de sus últimos reductos y es muy común ver confundidos entre mesa y mesa visitantes de los lugares mas recónditos del planeta con santelminos de pura cepa. –

————————————————————————————————————————————————————————————————————————-

Tragedia en el Almacén de «Don Jesús»

El bar de Jesús era famoso en el barrio porque ofrecía cervezas y otros alcoholes que se acompañaban con maníes. La especialidad de la casa eran los quesos y fiambres cortados en cubitos (mortadela),servidos en las mesas de madera, decoradas por apenas un mantel de papel blanco. Aún conservaba la barra de estaño, y también vendía azúcar, yerba, fiambres, quesos y vino de litro. Pero también es recordado con motivo de un feroz «crímen pasional»

BAR-FEDERAL-historia-San-Telmo_CLAIMA20140909_0243_16

«Don Jesús era un típico exponente de los dibujados por Quino, un auténtico Manolito cejijunto ya maduro, padre de una hija despampanante de cuerpo y piernas inquietantes que a veces hacía lucir con medias negras de red con costura por detrás y altos tacos. Llevaba su pelo algo crespo y algo castaño claro ceniza atado bien tirante enrollado en un rodete. Su mujer se veía bastante poco, tan poco que alguna vez pensamos que sería separado o viudo. La hija de Don Jesús, de cachetes colorados que no parecía argentina sino española del sur con toque de gitana. Tenía un joven novio que usaba esos pañuelos blancos en el cuello, como el de los malevos. Con su saco cruzado se dejaba ver en la puerta de El Federal, generando envidia de toda la barriada» retrata Alejandro Schleh, otrora socio de «Artesanata», taller de artesanías que funcionaba a principios de los 70´en la azotea de Humberto 1º 1089 (Hoy propiedad de Martiniano Arce) 

«Un secreto a voces» circulaba en la periferia del Bar: el joven era engañado por su prometida. Pronto le llegó «un dato» y esperó su momento. Lleno de ira esperó a los supuestos «infieles» en una de las esquinas de Carlos Calvo y Perú, y cuando la hija de Don Jesús de tan solo 22 años se bajó del Torino Blanco del «ilegítimo acompañante», le descerrajó por lo menos dos balazos.

El cuerpo de la joven empapado en sangre quedó tirado en el «Bar Americano» situado en las esquina de enfrente que tenía una fachada de piedritas vidriadas de colores, mesas de fórmica, y sillas de hierro cromado tapizadas con cuerina negra. –

Fotos: Sergio Gasali

Compartir!

Comentarios

Comentarios