SE INCREMENTA LA DEMOLICION DE EDIFICIOS HISTORICOS EN LA CIUDAD

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Los desalojos de cada día en San TelmoEl patrimonio lo vemos, lo palpamos y lo vivimos cotidianamente en nuestra ciudad, en nuestro barrio, en cada una de las cuadras. Es un soporte de identidad colectiva que se mantiene incólume al paso del tiempo. El mercado inmobiliario ha crecido de manera inusitada, ayudado por las condiciones económicas del país. Por lo cual se ha convertido en los últimos años en una inversión de rápida recuperación y con importantes ganancias. (Foto: Los desalojos de cada día en San Telmo)

Las ciudades están en constantes trasformaciones, promovidas principalmente por los cambios económicos y Buenos Aires no es la excepción. Por el contrario es uno de los exponentes más claros y tangibles. El arquitecto, investigador del CONICET y presidente del Centro de Documentación de Arquitectura Latinoamericana (CEDODAL), Ramón Gutiérrez, en una entrevista en el diario tucumano “La Gaceta”  (24 de octubre del 2007) lo explica claramente: “Cuando se demuele, estamos destruyendo algo más que un edificio; estamos reemplazándolo por valores basados en la alta rentabilidad, en el negocio, pensamos poco en la ciudad y en el vecindario, priman lo que yo llamaría disvalores, como el individualismo, el dinero y la competencia”. El 22 de noviembre pasado la Legislatura de la Ciudad aprobó un proyecto presentado por el diputado Jorge Enríquez (Juntos por Buenos Aires), para preservar el patrimonio arquitectónico. En la ley sancionada además se prevé la conservación de aquellos inmuebles considerados representativos de la ciudad de Buenos Aires. La ley dePromoción Especial de Protección Patrimonial” limita las demoliciones de las construcciones patrimoniales y de los representativos por el plazo de un año. Esto demuestra que no se avanza en la conservación patrimonial, si las legislaciones son pensadas por un breve lapso, y funcionan a modo de salidas de emergencias cuando los vecinos levantan la voz. Se continúa votando leyes y ordenanzas en las que no se plantea la problemática real de la pérdida de invalorables piezas de la historia de los pueblos y que lamentablemente, no tienen recuperación posible.

El barrio de San Telmo es uno de los más antiguos de la ciudad. En sus inicios estuvo habitados por los trabajadores del puerto, luego por familias de la aristocracia porteña. Las invasiones inglesas, la fiebre amarilla, entre otros hechos, provocaron el éxodo de esa clase alta que dejó grandes casonas y construcciones que posteriormente fueron ocupadas por los inmigrantes que llegaron a estas tierras. Hoy muchas de ellas existen otras ya han sido derrumbadas y sobre sus ruinas se levantaron los cimientos de nuevas fachadas. El barrio mantiene características que lo hacen distinguible del resto. Las calles angostas, sus empedrados, antiguas viviendas, cafés de antaño, los nuevos hostels, galerías de artes y modernos bares. Lo nuevo y lo viejo. Lo de acá y lo de allá convive en lo cotidiano. Pero muchas veces esa convivencia va en detrimento de la vida de la ciudad y lleva al barrio de San Telmo a convertirse en un área sólo reservada para el turismo y expulsa de distintas maneras a las familias tradicionales de la zona que ya no pueden afrontar los altos costos habitacionales. Es decir que no solo se provocan pérdidas irreparables del patrimonio arquitectónico de San Telmo, sino que también se quiebran las redes sociales en su interior modificando los modos de vida. Se debe tener en cuenta que la preservación del patrimonio no se opone al crecimiento, que no debe ser a costas de la desaparición de inmuebles que guardan entre sus paredes las voces del pasado. Es posible la modernización y el crecimiento de la ciudad, de cada uno de los barrios si se hace de manera armoniosa. Si se llega por un camino consensuado entre el gobierno, la comunidad y profesionales abocados a la preservación. Porque ninguno de estos actores debe dejar en manos de los intereses privados y egoístas la destrucción del patrimonio para levantar en ellos espacios rentables y exclusivos para unos pocos. Se deben buscar políticas a largo plazo, que se dirijan hacia una misma dirección, la del crecimiento hacia el futuro. Pero para ello es necesario tener un pasado y un presente en el que cada uno de los ciudadanos se reconozca, sea un activo partícipe y se sienta identificado individual y colectivamente.

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