YO ME CRIE EN SAN TELMO

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Un reciente informe publicado por la consultora comScore Media Metrix asegura que  internautas argentinos encabezan el ranking de uso de redes sociales en América Latina y se ubican terceros a nivel mundial. En el primer lugar de preferencias se ubicó Facebook, con 11,8 millones de visitantes. A pesar de ser un fenómeno relativamente nuevo, la red social Facebook llegó a sectores de la población que en otros tiempos se creían imposibles. Los grupos etáreos que arrancan desde los 50 años en adelante son sin dudas los más reacios a incorporarse al moderno mundo virtual; sin embargo de poco se van animando y la brecha digital entre los “pibes” y “los viejos” se acorta.

Tal es el caso del grupo Facebook “Yo me crié en San Telmo” cuyos relatos y comentarios son administrados por vecinos de toda la vida y sostenidos en el tiempo por visitantes de las nuevas generaciones quienes tienen mucho para aprender. 

En el sitio el “Tano” Recchimuzzi opina quejoso que San Telmo “ya no es mas el viejo barrio que era, parece cualquier cosa lleno de turistas y locales raros y gente que ni sabe lo que fue un barrio de verdad”.

Foto Christian Lopez en un desfile por Avenida de Mayo.

En ese sentido Anita Esposito (51) ideóloga y administradora del grupo se pronuncia con una mezcla de añoranza y bronca,  hacia una modernidad que sin dudas atentó contra un estilo de vida que ya no será más. “Yo nací, viví y me crié en Balcarce 1087, en los 60, cuando San Telmo era un barrio…. mis abuelos en la vereda tomando mate y hablando con los demás vecinos, nosotros jugando por la calle a la mancha, la escondida, los varones a la pelota… ningún coche nos iba a pisar y ningún chico iba a desaparecer… la puerta de calle de mi casa se empezó a cerrar con llave recién en 1973” nos cuenta Ana.

Irene Griselda Díaz (72) (al cierre de esta edición falleció, pero como homenaje decidimos publicar su comentario) se dio el lujo de disfrutar del barrio con sus “calles adoquinadas y el tranvía 26 o 74 subiendo por la barranca de Humberto 1º y Paseo Colón. Eran pasajes de vida que ni siquiera nos percatábamos de que eran historias de vida las cuales hoy podríamos contar. Mis hermanos se colaban del tranvía en su subida…”  

Norberto Díaz “ayer” en un amistoso en la Isla Maciel

Los antiguos comercios tienen su lugar en este verdadero repaso histórico. Maria Eugenia Palacios por ejemplo recuerda el almacén de Piedras y Carlos Calvo “La bola de Oro” que por un incendio se derrumbó, y también que en otra de sus esquinas había una farmacia llamada “Zebel”, y como olvidar que a media cuadra por Carlos Calvo estaba la lechería de “Luciano Cortabitarte” que traía la leche por los domicilios con unos “tachos” de latón y varias jarritas para medir.

Mariano Zorzano repasa otros negocios de esa época: “La Panadería Perú (Av San Juan), que aún se mantiene firme”. La heladería “Macri” que vendía palitos de limón y granizado. Pero también vivió “el ensanche de la Avenida San Juan y la nefasta construcción de la autopista que partió al barrio obligando a muchas familias a emigrar”.

Silvia Butkus recuerda diferentes comercios que marcaron su vida como la panadería “Gamas, el kiosco de golosinas de Don Miguel o la librería de don Basilio” y confiesa que cuando era una niña recibió su primer beso en la esquina de Cochabamba y Piedras: “Me lo dio Jorge Formento que en ese entonces era un vecinito mas de la cuadra y me regaló un helado de limón...” El periodista y locutor es muy recordado por estos lares; Adriana Tencaioli quien cursara en el “Pueyrre”, tuvo el honor de recibir su diploma en una ceremonia que lo tuvo como preceptor. Vilma Molinari aprovecha la ocasión y confiesa con alegría que era parte de los estudiantes a los que Jorge iba a buscar al barcito de al lado “el Tótem” cuando los estudiantes se “rateaban”.

“Cada vez que vuelvo a recorrer tus calles me reencuentro con el pibe que fui…los picados callejeros en Garay y Piedras…el trepar la reja con los pinches cuando la pelota se nos iba adentro del Juan de Garay…los conventillos …las puteadas a Cacciatore cuando hizo la autopista y obligó a muchos a mudarse…y el despertar del amor en el parque Lezama…(no había nada más lindo que apretar mirando la bombonera)” sentencia Formento como uno más en la colorida página de la red social, que al cierre de esta nota contiene casi 800 “amigos”.

Además de las tradicionales instituciones educativas pobladas de anécdotas y largamente mencionadas, también hay lugar para recuerdos de esquinas o personajes de antaño. Graciela Jalil vivía en Garay y Balcarce enfrente al predio de la Marina antes de que este se quemara. Pero su mayor orgullo es que fue vecina de Dr. Osvaldo Baletto.

Norberto Díaz “hoy”…pero siempre con la camiseta del Candombero.

Personajes a veces mitológicos son motivo de debate en la página como la de “Chupete” que según cuenta la leyenda, empezó a embriagarse cuando lo dejó su esposa. “Chupete en un momento paraba en el bar de Perú y Cochabamba y gritaba: Yo soy Chupete Videla” asegura un visitante y Marta Susana Rey confirma que el mencionado vivía en Bolívar e Independencia. Marcelo Capasso agrega info: “Tenia una flota de camiones y perdió todo… que lindo borrachín que era”.

 Los bailes de carnaval en la sede del club San Telmo, en la calle Perú, tienen su capítulo aparte. “Elegían al Travolta del barrio. Los pibes vestíamos buzos y carpinteros “Little Stone”

 Victor Daniel Gallardo se dio un lujo que “los pibes de hoy” no podrían sin arriesgar sus vidas: “Me acuerdo cuando Garay tenía esas veredas anchas que invitaban a interminables picados y las refrescadas que no dábamos en todas las piletas de los monumentos en el parque hoy todas llenas de cemento…que picardía estaban tan lindas”

A lo largo del sitio son innumerables los homenajes a los próceres del ascenso a primera división en 1975, y por supuesto todo lo referido al amor actual por la camiseta del “Candombero”. Diego Zampese recuerda que se reunía con un “montón de pibes en el parque Lezama, obvio todos hinchas del candombero, se hereda con el barrio (…) actualmente vivo con el amor de mi vida Debbie y mi hija “Azul Celeste”, siendo de Telmo no le podía poner otro nombre…

 

EL MERCADO DE SAN TELMO

Silvia Majoli asegura que en el Mercado de san Telmo compraba pollo, “lo elegías vivo le retorcían el cogote y lo desplumaban un poco y te lo llevabas”. Maria Eugenia Palacios  repasa el procedimiento: “la crueldad de ver como los sacaban de la jaula, y los pelaban en vivo, los aleteos, y el piar desesperado, el olor espantoso, hizo, que durante años, no comiera pollo”. Treinta años atrás Gabriel Santagata realizaba las compras de su familia en el Mercado y recuerda un negocio que no existe más: el “papero” (papas, batatas, cebollas y zapallos. “Lo que me asombraba del papero, era que era el único que pesaba la mercadería distinto al resto de los puesteros, en lugar de poner las papas en la bandeja de la balanza, él enterraba la bandeja de la balanza en la montaña de papas y ahí recién la ponía en la balanza…. y casi siempre ponía el peso exacto” rememora Anita Espósito.

EL DEPÓSITO EN COCHABAMBA Y DEFENSA

“En el depósito de Cochabamba y Defensa, vi uno de los primeros recitales de Sumo. El lugar era chiquito y salías con la cabeza retumbando de tanto que le daban esos pibes. A Luca Prodan lo tenias ahí al lado y le pasaban la botella de ginebra (y otras cosas) y lo puteaban en broma y el te re puteaba” asegura Mariano Zorzano. Marcelo Capasso vivía en el edificio y asegura que vio varias veces a Sumo “colgado de la escalera para ver un poco mejor…”

EL CINE CARLOS GARDEL

EL “Gardel” estaba ubicado en la calle Chacabuco casi esquina Carlos Calvo; en el intervalo, quienes asistían, compraban pizza en “Los alemanes” que estaba en la misma cuadra. Maria Cristina Zapata reconoce que tenía mala fama, “porque iban casi exclusivamente varones y hacían lío, efectivamente pasaban películas de Cow Boys”. Norbeto Díaz un autorizado para opinar sobre la historia del barrio realiza un recorrido pormenorizado: “De lunes a miércoles, en mi querido cine Gardel, pasaban por $0,20 tres películas de pistoleros, cowboys, piratas, de guerra, cómicas, y todos los reos del barrio nos pasábamos las tardes en esa sala, lejos de los peligros de la calle. Y si, el ambiente era un poco espeso, pero pasaba el acomodador y todo se calmaba. Los jueves era día de Damas y por $0,40 pasaban tres “de amor” y de viernes a domingo una mas o menos nueva y dos de relleno, pero no me acuerdo el precio”

 

 

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