“Los más jóvenes me cargan porque me dicen el presidente del ascenso”
Rubén Fernández, un hombre todo terreno. Su pasión por San Telmo no tiene límites. Alguna vez presidió el Cub y llegó a hipotecar su casa. Fue uno de los impulsores de la primera restauración de la cancha a fines de los ´80 y participó activamente junto a “Barullo” Sánchez de las obras que significaron la vuelta a "la Isla". Actualmente trabaja en la confitería del Complejo Centenario aunque dice que es su “última gran equivocación”.
Nació en las barrancas de Garay hace poco más de 60 años y vivió en San Telmo hasta los 36 años, cuando se casó y tuvo que mudarse. Pero la relación con el barrio y con el club ya estaba marcada a fuego. “Me fui, pero en realidad no me fui nunca”.
Como todo vecino e hincha de San Telmo, por alguna circunstancia especial se acerca al club y ya no puede separarse y en este caso, Rubén tampoco fue la excepción. “En 1982 le agradecí al presidente un gesto que tuvo conmigo y sin conocernos me dijo que me acerque. En los primeros tiempos escuchaba, después hice una propuesta para que San Telmo crezca socialmente”. Vale recordar que por aquella época no existía el Complejo Centenario de la calle Bolivar y todo recaía en la sede de Perú. Fue así que Rubén Fernández trabajó para darle la vida social que hasta ese momento no existía. “Trabajé mucho en la sede, tirando paredes, agrandando espacios y eso generó una movida social muy importante en el ´83 y ´84 donde se llegaron a tener más de 500 socios. En un momento tuvimos gimnasia, artes marciales, sipalki y en el patio se hizo gimnasia para los chicos y hasta llegamos a techar el patio para tener más espacio. Tuvimos paralelas asimétricas y apuntamos a ser un club grande en gimnasia. Lamentablemente eso duró unos tres años y la capacidad del club ya no daba para más. La gente que nos sucedió en la dirigencia se inclinó más por lo fútbolístico y ya no le dieron importancia a esa movida social y se terminó perdiendo todo”.
Evidentemente el amor por San Telmo para este hombre no tiene fronteras y las ganas de hacer cosas por el club fueron constantes. “Después me dediqué a la cancha ya que estaba inhabilitada. Junto a Adrián Bevilacqua y “Chichín” García fuimos todos los días de ese verano a fines de los ´80. Pusimos el hombro y trabajamos duro y los fines de semana se acoplaba otra gente para dar una mano. Finalmente se puso en condiciones y volvimos a jugar en el Baletto”. Como toda obra, después vienen las ansias de seguir creciendo, aunque el dinero sea un impedimento. Pero Fernández, al igual que muchos hombres que prestan horas de sus vidas en San Telmo, no baja los brazos con facilidad. “Los bancos de madera de la platea se sacaron por cuestiones de seguridad y a mi se me ocurrió hacerla de cemento y me aconsejaron ver a los hermanos Itelman. Me fui hasta la oficina de ellos y al tocar el timbre, sale un señor y le digo que soy del club San Telmo, desde adentro escucho que dicen `¿quién es, el cobrador?´. Les dije que necesitábamos hacer la platea de cemento y me preguntaron `¿con qué contás?´ y mi respuesta fue directa: `con nada´. Finalmente se portaron excelente, a la semana siguiente ya habían hecho un croquis de lo que se podía hacer y Fernández Blanco consiguió un sponsor muy importante para solventar los gastos. Fue un orgullo muy grande verla terminada”.
¿Ahí terminaron las obras del estadio o se hicieron otras?
“Siempre faltaba algo y hablando con los hermanos Itelman, dijimos de cambiar los tablones ya que demandaban mucho mantenimiento y además, cada vez que venía una inspección teníamos que sacar tablones de un lugar y ponerlos en otro, etc. Y entre varias personas, se recaudó plata y se logró hacer la tribuna detrás del arco, que lamentablemente por el piso del lugar se tuvo que bajar de 27 a 14 escalones”.
Una frase que se repitió seguido en la charla con Alerta Militante fue que él siempre consideró que le “faltaba la segunda etapa”, como si todo lo que hizo necesitara de un cierre. Esa segunda etapa se puede decir que fue cuando, junto a “Barullo” Sánchez colabora nuevamente en la obras de reacondicionamiento del estadio. “En este caso el merito total es de “Barullo”, el 99% es obra de él. Yo lo veo a Barullo como era yo cuando tenía la edad de él, con la misma forma de ser, el mismo sentimiento por el club y cada uno en su momento o en su etapa”.
Después de todo el esfuerzo y tiempo que llevó poner el estadio en condiciones, ¿Qué te pasó cuando viste que la cancha estuvo tanto tiempo inhabilitada?
“Es un dolor difícil de explicar. Una vez, al poco tiempo de volver a jugar en la cancha, escucho que atrás mío alguien dice: `yo nunca jugué en esta cancha con pasto´, era Roberto De Mattei, un wing que jugo en el club, y para mí fue un orgullo porque era alguien que toda la vida jugó con tierra.
Como fanático del Candombero, hace un paréntesis para hacer un poco de historia sobre la institución y conocer un poco más sobre los orígenes del Baletto. “Cuando la cancha de San Telmo se armó en la Isla, estaba muy abajo el piso y para levantarla, pusieron unos tubos que llegaban al Riachuelo (cuando el agua no estaba tan contaminada) para chupar tierra desde ahí y poder levantarla. Por eso la cancha era toda de tierra. Después hubo que tirar tierra negra, arena, etc. En realidad, a la cancha habría que levantarla un poco más porque el verdadero problema es que está por debajo del nivel de la calle y cuando llueve, se hace una pileta”.
¿Qué hay de verdad que llegaste a hipotecar tu casa por San Telmo?
“Fue en un momento que San Telmo tenía una deuda y salí de garante junto a otras dos o tres personas. Es algo que no volvería a hacer, pero cuando se esta involucrado y se sabe de las internas, se ven de otra manera. Sé de muchos que se les rompió el colchón y no lo podían reponer porque tenían toda la plata metida en el club”.
Tu época de presidente…
“Yo llegué a estar como vicepresidente de Sandá, a quien quiero reconocer que por él la sede no haya sido rematada. Salvó la sede del club y por un problema personal tuvo que irse. En ese momento, y como ahora también, la AFA hizo un petit torneo con todos los equipos que habían quedado afuera y me propusieron que tome la presidencia durante esa etapa. Los jugadores ya estaban licenciados y los tuvimos que llamar para que vuelvan. Les fuimos sinceros y les dijimos que plata no había y les preguntamos si querían jugar por la gloria. Ellos no entendía, preguntaban si había menos plata pero la realidad marcaba que era literal, ni un peso. Terminamos arreglando por la comida. Nos preparamos durante 15 días y comíamos en la Isla, adentro del vestuario. Almorzábamos fideos, mi señora hacía la salsa y se hacían a leña. Y con esa preparación terminamos ascendiendo y hoy por hoy, los más jóvenes me cargan porque me dicen el presidente del ascenso”.
Es muy sabido y recordado el paso de San Telmo por Primera División. También es sabido que hubo cosas raras para que el Candombero no siguiera en la Primera categoría del fútbol argentino. Y aunque a muchos les dolió el descenso, a Rubén Fernández le dolió más otro descenso. “No sufrí tanto el descenso de Primera, pero sí me dolió cuando descendimos de la B a la C en 1979. El de Primera fue como “obvio”, porque nos fueron bombeando en varios partidos y los réferis siempre estaban en contra nuestra. Se dieron todas, un día aparece en un reportaje el presidente de Lanús, al cual nosotros le habíamos ganado el ascenso, y dijo: `acá se tiene que ir el que recién subió, no va a bajar un grande´. El problema era que Racing estaba comprometido eso y se notó”.
Actualmente cómo es tu relación con San Telmo, trabajando en la confitería de la sede…
“Yo en San Telmo me equivoqué muchas veces, como se equivocaron todos, y la última gran equivocación que tuve fue haberme metido acá. Lo hice por dos motivos, para ayudar a mi hijo y para ayudar al club, porque el club no lo podía terminar”. Hay que recordar que hace unos años hubo un problema de clausura y se tuvo que dejar de lado la confitería para afrontar ese problema.




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